La nueva Ley del Cine puede acabar con el acto de fe de las audiencias en streaming

Durante años, el éxito de una serie en streaming ha tenido algo de ceremonia religiosa: el espectador veía el cartel de “número 1”, la plataforma celebraba el fenómeno y el resto debía creer. Creer que una serie española había arrasado. Creer que una película había encontrado público. Creer que un top 10 equivalía a una audiencia masiva y no a una fotografía parcial, opaca y diseñada por la propia empresa que se beneficiaba de contarla.

La nueva Ley del Cine y de la Cultura Audiovisual puede empezar a cambiar esa relación de confianza obligatoria. El texto ha recibido esta semana un impulso parlamentario decisivo tras superar las enmiendas a la totalidad y encarar ahora una fase en la que todavía tendrá que pulirse, pero ya hay una idea especialmente incómoda para las plataformas: Netflix, Disney+, Prime Video, HBO Max y compañía podrían tener que compartir datos de visionado de sus obras audiovisuales en España.

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La noticia no va solo de Netflix, aunque Netflix sea el nombre más fácil de poner en el titular. Va de una pregunta mucho más importante para el audiovisual español: ¿qué sabemos realmente sobre lo que funciona en streaming cuando los datos los controla casi por completo quien vende el éxito?

La ley que quiere mirar dentro de las plataformas

La Ley del Cine no nace como una simple actualización administrativa de una norma vieja. Quiere ordenar un sector que ya no se entiende solo con salas, taquilla y estrenos en viernes. El cine y la cultura audiovisual comparten ahora ventanas, catálogos, series, películas directas a plataforma, coproducciones internacionales, algoritmos y derechos que se mueven a una velocidad que la legislación de 2007 no podía prever.

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El impulso político de esta semana ha colocado el proyecto en una posición mucho más realista. Según ha publicado El País, el Gobierno confía en aprobar la norma antes de final de año, aunque el texto todavía deberá pasar por el trámite de enmiendas parciales. Entre sus medidas aparecen la protección del patrimonio fílmico, el debate sobre el productor independiente, las ayudas, las lenguas oficiales y, en un punto menos vistoso pero crucial, la transparencia sobre asistencia y visionado.

Ese último apartado es el que puede alterar el tablero del streaming. El principio es sencillo de explicar y difícil de aplicar: si las salas de cine deben declarar espectadores y recaudación, las plataformas también tendrían que aportar información sobre los visionados de las obras audiovisuales. No necesariamente del mismo modo, porque no es lo mismo comprar una entrada que ver una serie en casa, abandonarla en el minuto 12 o reproducirla mientras se plancha una camisa. Pero la dirección política es clara: el streaming ya no puede quedar fuera del sistema de medición pública del audiovisual.

El éxito en streaming ha sido una métrica con truco

Netflix ha avanzado más que otros competidores en transparencia global. Desde 2023 publica informes semestrales de visionado con horas vistas y visualizaciones de miles de títulos. Es un movimiento relevante y ha permitido conocer mejor el peso de sus películas, series y contenidos licenciados. Pero esos informes siguen teniendo límites importantes para España: son globales, agregados y no siempre permiten saber qué ha funcionado de verdad en el mercado nacional.

Ahí está la trampa del relato. Una serie puede ser número 1 en España durante unos días y no tener un rendimiento especialmente sólido en términos absolutos. Otra puede no aparecer en el top global y, sin embargo, ser decisiva para retener suscriptores locales. Una película española puede presumir de visibilidad internacional sin que sepamos cuántos usuarios españoles la han visto completa. Y un estreno puede parecer un fenómeno porque la plataforma lo coloca en portada, lo empuja con notificaciones y lo convierte en conversación durante 72 horas.

El ranking no es mentira. Pero tampoco es una auditoría.

La diferencia importa porque el audiovisual español lleva años tomando decisiones con una parte esencial del mapa tapada. Productores, guionistas, directores, distribuidores, periodistas y hasta competidores reciben señales, pero rara vez reciben el cuadro completo. Sin datos comparables, el éxito se convierte en un relato promocional antes que en una información de mercado.

Esto afecta también al espectador. Cuando una plataforma cancela una serie “que todo el mundo veía”, el público se pregunta qué ha pasado. Cuando renueva otra que apenas parecía generar conversación, ocurre lo mismo. La respuesta suele estar en variables que no vemos: coste por episodio, finalización, captación de usuarios, retención, visionados internacionales, valor de marca o posibilidad de explotar una franquicia. Ya hemos visto cómo el streaming actual toma decisiones cada vez más ligadas a datos, costes y estrategia, algo que también ayuda a entender por qué Netflix ha convertido su plan con anuncios en España en una pieza central de su negocio.

Las principales plataformas de streaming

La transparencia no será tan sencilla como pedir una tabla

La tentación sería pensar que la Ley del Cine obligará a publicar una especie de Kantar del streaming: tantos espectadores para esta serie, tantos para aquella película y una clasificación limpia cada semana. Sería cómodo, pero probablemente demasiado simple.

El propio informe de la CNMC sobre el anteproyecto ya advertía de que el sistema debe ser proporcional, que el ámbito temporal y geográfico de los datos deberá concretarse y que la publicación de información demasiado inmediata o desagregada puede generar riesgos para la competencia. Traducido: hace falta transparencia, sí, pero también hace falta diseñarla bien.

Aquí estará la batalla real. ¿Qué se considerará un visionado? ¿Valdrá iniciar una película o habrá que superar un porcentaje mínimo? ¿Se publicarán datos por título, por territorio y por periodo? ¿Tendrán acceso todos los agentes del sector o solo las autoridades? ¿Se distinguirá entre obras españolas, europeas y extranjeras? ¿Habrá umbrales para no asfixiar a operadores pequeños? ¿La información será útil para el público o quedará encerrada en informes técnicos?

La ley puede abrir la puerta, pero el reglamento decidirá si esa puerta da a una habitación iluminada o a otro pasillo oscuro.

También hay que asumir una incomodidad: no todos en la industria quieren la misma transparencia. A los productores les interesa saber qué recorrido tienen sus obras. A los creadores les importa porque de esos datos pueden depender remuneraciones, renovaciones y reputación profesional. A las plataformas les preocupa perder ventaja competitiva. A los anunciantes les interesa medir audiencias con más precisión. Y al Estado le conviene conocer el impacto real de las ayudas, las cuotas y las obligaciones de inversión.

El dato, en audiovisual, nunca es solo un dato. Es poder.

Por qué esto puede cambiar el audiovisual español

La posible obligación de compartir audiencias no es un detalle técnico escondido en una ley cultural. Puede cambiar la forma en que se valora una película, una serie o una productora. También puede modificar la conversación pública sobre qué significa triunfar en Netflix, Prime Video o Disney+.

Hasta ahora, buena parte del debate sobre el streaming se ha movido entre percepciones. “Ha funcionado muy bien”. “Está en el top”. “Ha sido un fenómeno internacional”. “La plataforma está encantada”. Son frases útiles, pero incompletas. Con datos más claros, algunas carreras podrían salir reforzadas y otras perderían parte del brillo construido a base de titulares. También podría verse mejor qué tipo de cine español encuentra público fuera de salas, qué series viajan de verdad, qué obras sobreviven más allá de su semana de estreno y qué plataformas están cumpliendo un papel relevante en la diversidad audiovisual.

La transparencia tampoco resolverá todos los problemas. No hará mejores las series, no llenará las salas por arte de magia y no acabará con las decisiones opacas de las plataformas. Pero puede introducir una mejora básica: que la conversación sobre el éxito audiovisual en España dependa menos de la fe y más de información verificable.

Para un sector que ya vive entre taquilla, algoritmos, ayudas públicas, derechos internacionales y planes con anuncios, no es poca cosa.

Las claves

  • Hecho principal: la nueva Ley del Cine puede obligar a las plataformas a declarar datos de visionado de obras audiovisuales en España.
  • Por qué importa: esos datos permitirían comprobar mejor qué películas y series funcionan realmente, más allá de rankings propios y mensajes promocionales.
  • Qué aporta esta pieza: explica que el verdadero cambio no está solo en la ley, sino en cómo se definan, publiquen y usen esos datos.
  • Qué puede pasar después: el trámite de enmiendas y el desarrollo reglamentario decidirán si la transparencia será útil para el sector o solo un gesto administrativo.

Periodista especializado en televisión y entretenimiento digital, con experiencia en la cobertura de actualidad audiovisual, análisis de contenidos y seguimiento del sector cultural.

Ha trabajado como periodista en distintas secciones de algunos de los principales medios de comunicación de España, lo que le ha permitido desarrollar una visión amplia del panorama mediático y consolidar su interés por la información cultural y el entretenimiento.

En ActualTV se encarga de la cobertura relacionada con televisión, plataformas digitales y tendencias del entretenimiento audiovisual.

Antonio Sánchez

Periodista especializado en televisión y entretenimiento digital, con experiencia en la cobertura de actualidad audiovisual, análisis de contenidos y seguimiento del sector cultural.

Ha trabajado como periodista en distintas secciones de algunos de los principales medios de comunicación de España, lo que le ha permitido desarrollar una visión amplia del panorama mediático y consolidar su interés por la información cultural y el entretenimiento.

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