‘La casa de la pradera’ tendrá nueva temporada tras convertirse en una de las sorpresas del año

Pocas series llegan a Netflix con tanta carga de expectativas como La casa de la pradera. El reboot de la mítica ficción familiar de los años setenta aterrizó en la plataforma el pasado 9 de julio de 2026 y, en apenas unos días, ha conseguido algo que ni la peor de las tormentas en la frontera: enfrentar a crítica y público con una brecha que recuerda a la de otros estrenos polémicos recientes. Los números de Rotten Tomatoes lo dicen todo: un 77% de aprobación por parte de la prensa especializada frente a un 58% de valoración de la audiencia. La nueva versión de la familia Ingalls no deja indiferente a nadie.

La serie, desarrollada por Rebecca Sonnenshine (The Boys, Archive 81) para Netflix, adapta con un enfoque notablemente distinto las novelas semiautobiográficas de Laura Ingalls Wilder. Ya no estamos ante aquella producción de Michael Landon que durante nueve temporadas en NBC edulcoró la dureza de la vida fronteriza. Aquí el tono es más áspero, la mirada más amplia y las costuras del sueño americano, más visibles.

Publicidad

Una brecha que va más allá de los gustos

El desacuerdo entre quienes escriben sobre televisión y quienes la ven no es nuevo, pero en el caso de La casa de la pradera alcanza una dimensión casi simbólica. Mientras la crítica valora precisamente aquello que diferencia a esta versión de la original —la inclusión de personajes negros e indígenas con peso real en la trama, la complejidad moral, la crudeza de ciertas situaciones—, una parte del público rechaza de plano esos mismos elementos.

«Esta versión actualizada amplía el universo de la historia para incluir a las personas que realmente habrían existido en la frontera estadounidense en el siglo XIX, tratándolas como seres humanos reales, en lugar de como espectros fugaces», apuntan desde The Nightly. La serie incorpora a figuras como el doctor George Tann (interpretado por Jocko Sims), un médico afroamericano que atendió a los Ingalls, y da protagonismo a personajes de la Nación Osage, los habitantes originales del territorio al que llegan los colonos.

Publicidad

Del otro lado, las críticas del público son contundentes. Hay quien califica la serie de «simplemente terrible» y señala una «trama sombría llena de miseria, racismo, violencia y pérdida desde el primer minuto del primer episodio». La frase que más está circulando en redes y agregadores de reseñas es demoledora: «Dejé de verla después de 20 minutos».

El reparto, en el centro del debate

Si hay un punto donde crítica y público chocan frontalmente es en la valoración de las interpretaciones. Según The Hollywood Reporter, «gran parte del éxito de la serie» se debe al trabajo de los directores de casting Rachel Tenner y Rick Messina, que han construido un reparto donde brillan especialmente los jóvenes Alice Halsey (Laura), Skywalker Hughes (Mary) y los adultos Luke Bracey (Charles Ingalls) y Crosby Fitzgerald (Caroline Ingalls).

Sin embargo, numerosos espectadores discrepan abiertamente. En las valoraciones de la audiencia se leen quejas sobre unas «actuaciones pésimas» y un «desarrollo de personajes deficiente». Es una división que recuerda a la que vivieron otras producciones recientes que apostaron por reinterpretar clásicos desde una sensibilidad contemporánea, como ocurrió con ciertos live-action de Disney o con la polémica adaptación de Persuasión también en Netflix.

Ocho episodios que no temen al drama

La primera temporada consta de ocho episodios de unos 50 minutos cada uno, una duración estándar para las producciones dramáticas de la plataforma. La serie no se anda con rodeos: desde el primer capítulo, la familia Ingalls abandona el Gran Bosque de Wisconsin para instalarse en Kansas, y lo que encuentran no es precisamente el paraíso pastoral que muchos recordaban de la serie de los setenta.

El alcoholismo, la amenaza constante de la violencia, el fantasma de la guerra y las tensiones raciales atraviesan una narración que, según varios críticos, tarda un par de episodios en encontrar su ritmo. A partir del segundo capítulo, la serie gana enteros y despliega un potencial que ha convencido a Netflix para hacer algo poco habitual: renovar la serie por una segunda temporada antes incluso de su estreno, en marzo de 2026.

La producción corre a cargo de CBS Studios y Anonymous Content, con un equipo que incluye a Dana Fox y Susanna Fogel como productoras ejecutivas. La fotografía corre a cargo de Ari Wegner, nominada al Oscar por El poder del perro, y la banda sonora la firma Dan Romer, compositor habitual de dramas con carga emocional.

Entre lo woke y lo ultraconservador: una serie que incomoda a todos

Uno de los fenómenos más curiosos que ha generado esta nueva La casa de la pradera es que ha sido acusada simultáneamente de ser demasiado woke y de ser ultraconservadora. La presentadora Megyn Kelly, afín al trumpismo, ya advirtió a Netflix antes del estreno de que si «wokeizaban» la serie, arruinarían el proyecto. Por su parte, Melissa Gilbert, la actriz que interpretó a Laura en la serie original, respondió con ironía: «No puede ser mucho más woke que la nuestra», y enumeró los temas que la ficción de los setenta ya trataba: racismo, adicción, antisemitismo, misoginia, violación y maltrato conyugal.

Lo cierto es que la serie de Sonnenshine se mueve en un terreno incómodo para los puristas de ambos lados. Por un lado, mantiene los valores familiares y la fe como ejes narrativos; por otro, no oculta que la expansión hacia el Oeste se hizo a costa de desplazar a los pueblos originarios. La consultoría cultural de la Nación Osage y las escenas en idioma osage son gestos que conectan esta producción con el espíritu de películas como Los asesinos de la luna de Martin Scorsese.

Netflix ha apostado fuerte por un título que, como ya adelantamos en ActualTV, era el estreno con más potencial de búsqueda de la semana. La jugada, de momento, le está saliendo rentable en términos de conversación: pocas series generan tanto ruido en tan poco tiempo.

Una segunda temporada que ya está en camino

Mientras el debate sigue encendido en redes sociales y agregadores de reseñas, la maquinaria de Netflix no se detiene. La renovación por una segunda temporada, anunciada en marzo de 2026, demuestra que la plataforma confía en el recorrido de la serie más allá de la polémica inicial. Queda por ver si los guionistas tomarán nota de las críticas de la audiencia o si, por el contrario, mantendrán el pulso revisionista que ha conquistado a la prensa pero ha dividido a los espectadores.

Lo que está claro es que La casa de la pradera versión 2026 no es un refugio nostálgico para tardes de domingo. Es una serie que incomoda, que plantea preguntas incómodas sobre el pasado estadounidense y que, para bien o para mal, ha conseguido que se hable de ella. Y en el panorama actual del streaming, donde la indiferencia es el peor enemigo, eso ya es media victoria.

Redactor especializado en televisión, redes sociales y comunicación digital, con experiencia en el ámbito del entretenimiento y la industria audiovisual.

Ha trabajado como responsable de prensa y comunicación en distintas empresas del sector del entretenimiento, lo que le ha permitido conocer de primera mano los procesos de difusión, promoción y gestión de contenidos audiovisuales.

En ActualTV cubre información relacionada con televisión, redes sociales y estrategias de comunicación digital aplicadas al sector audiovisual.

José Luis Labreda

Redactor especializado en televisión, redes sociales y comunicación digital, con experiencia en el ámbito del entretenimiento y la industria audiovisual.

Ha trabajado como responsable de prensa y comunicación en distintas empresas del sector del entretenimiento, lo que le ha permitido conocer de primera mano los procesos de difusión, promoción y gestión de contenidos audiovisuales.

En ActualTV cubre información relacionada con televisión, redes sociales y estrategias de comunicación digital aplicadas al sector audiovisual.