Crítica de ‘Scary Movie’: la parodia más gamberra del terror sigue siendo bestia, para bien y para mal

‘Scary Movie’ vuelve a los cines en 2026 con una idea muy clara: recuperar el humor gamberro de los Wayans y lanzarlo contra el terror moderno sin pedir disculpas. La película, dirigida por Michael Tiddes, reúne de nuevo a Anna Faris, Regina Hall, Marlon Wayans y Shawn Wayans para una sexta entrega que funciona como regreso, secuela tardía y ajuste de cuentas con los reboots de Hollywood. No es fina, no siempre acierta y a veces dispara con escopeta de feria, pero cuando conecta, recuerda por qué esta saga fue durante años la reina del cachondeo bruto.

Una nueva ‘Scary Movie’ que no quiere comportarse

La nueva ‘Scary Movie‘ no vuelve para hacerse la digna. Vuelve para hacer el burro. Y eso, en una saga que siempre ha vivido del chiste guarro, el golpe físico y la parodia sin filtros, es casi una buena noticia.

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La película arranca con la sensación de que sus responsables saben exactamente qué espera el público: Ghostface, gritos, referencias reconocibles, personajes haciendo lo peor posible en el peor momento posible y un montón de chistes que no buscan elegancia, sino carcajada inmediata. El resultado es irregular, claro. Pero sería raro que una ‘Scary Movie’ no lo fuera.

La premisa oficial sitúa la historia 26 años después de que el grupo original escapara de un asesino enmascarado sospechosamente familiar. Ahora, Cindy, Brenda, Ray y Shorty vuelven a estar en el punto de mira, mientras la película se dedica a triturar reboots, requels, secuelas tardías, terror elevado y cualquier franquicia que se ponga a tiro. La película se estrenó en cines el 5 de junio de 2026, con Paramount detrás del lanzamiento.

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La gracia está en que la película no intenta esconder su edad. Al contrario: la convierte en parte del chiste. Los personajes originales no regresan como si nada hubiera pasado, sino como supervivientes de una época en la que las parodias llenaban salas, la cultura pop se entendía a base de referencias y el humor comercial podía ser muchísimo más bruto sin explicar tanto sus intenciones.

Anna Faris y Regina Hall vuelven a ser el arma secreta

El mejor motivo para ver esta nueva ‘Scary Movie’ no está en comprobar qué películas parodia, sino en reencontrarse con Anna Faris y Regina Hall. Ellas siguen siendo el pegamento de la saga, incluso cuando el guion parece una sucesión de sketches peleándose por llamar la atención.

Faris recupera a Cindy Campbell con esa mezcla de ingenuidad, desconcierto y torpeza emocional que siempre hizo funcionar al personaje. Cindy puede ser absurda, pero Faris nunca la interpreta como un simple maniquí para recibir chistes. Hay oficio cómico en cada pausa, cada mirada y cada reacción tarde a algo evidente.

Regina Hall, por su parte, vuelve a darle a Brenda una energía más salvaje. Donde Cindy flota en el caos, Brenda lo embiste. La película mejora cada vez que ella entra en escena porque entiende el tono mejor que casi nadie: esto no va de parecer lista, va de saber cuándo gritar, cuándo insultar, cuándo mirar a cámara y cuándo convertir una tontería en un momento memorable.

El regreso de Marlon Wayans y Shawn Wayans también importa. No solo como intérpretes, sino como parte de la identidad creativa de la saga. Esta entrega tiene más sentido porque la familia Wayans vuelve a estar implicada en el guion y la producción, junto a Keenen Ivory Wayans, Craig Wayans y Rick Alvarez.

‘Scary Movie’

El humor bestia funciona cuando tiene puntería

La nueva ‘Scary Movie’ es más divertida cuando deja de intentar demostrar que entiende 2026 y se dedica simplemente a ser una comedia cafre. Ahí es donde respira mejor: en el golpe bajo, en la estupidez física, en el chiste que llega demasiado pronto o demasiado tarde, en la parodia visual que no necesita subrayado.

El humor bestia está bien. De hecho, es parte esencial de la saga. El problema no es que la película sea vulgar, sino que no todos sus gags tienen la misma precisión. Hay momentos en los que el chiste parece diseñado por alguien que todavía recuerda cómo sonaba una sala llena riéndose. Y hay otros en los que la película confunde hacer ruido con ser graciosa.

Cuando ataca el lenguaje del terror reciente, la cosa mejora. La película entiende que el género ha cambiado desde los 2000: ahora hay traumas heredados, secuelas autoconscientes, discursos sobre el duelo, asesinos convertidos en iconos de marca y una obsesión industrial por llamar “final” a cualquier capítulo que seguramente tendrá continuación.

Ese terreno es fértil para una parodia. Y ‘Scary Movie’ lo aprovecha a ratos. Lo mejor llega cuando se ríe de la solemnidad con la que algunas películas de terror actuales se venden como experiencias profundas, aunque luego sigan usando puertas que crujen, sonrisas inquietantes y protagonistas incapaces de encender una luz.

Lo peor llega cuando el gag cae en automático: referencia reconocible, golpe sexual, grito, corte, siguiente referencia. La película tiene energía de sobra, pero no siempre se toma el tiempo necesario para rematar. Aun así, se agradece que vaya con hambre. Mejor una comedia pasada de vueltas que una parodia con miedo a despeinarse.

La nostalgia suma, pero no debería llevar todo el peso

La nueva ‘Scary Movie’ juega fuerte la carta nostálgica. Y tiene sentido. El regreso de Cindy, Brenda, Shorty y Ray es el principal reclamo para quienes crecieron con las primeras entregas. La película sabe que el público quiere ver a esos personajes otra vez en mitad de una carnicería absurda, no asistir a una reinvención solemne de la franquicia.

Pero la nostalgia es un arma delicada. Cuando sirve para reactivar dinámicas cómicas, funciona. Cuando aparece como simple guiño para que el espectador diga “me acuerdo de esto”, pesa más. La película está mejor cuando usa el pasado como combustible y peor cuando se limita a enseñarlo como souvenir.

A su favor, este regreso tiene una lectura industrial clara. Paramount ha confirmado que ‘Scary Movie’ abrió con 105,5 millones de dólares en todo el mundo, el mejor estreno de la franquicia, con 55 millones en Estados Unidos y 50,5 millones en mercados internacionales. Para una comedia gamberra con calificación adulta, el dato es muy potente y explica por qué este tipo de humor todavía tiene público cuando se vende con una marca reconocible.

Ese rendimiento también dice algo interesante sobre el momento. Llevamos años hablando de la crisis de la comedia en salas, pero quizá el problema no era la falta de público, sino la falta de eventos cómicos con identidad clara. ‘Scary Movie’ no necesita presentarse como nueva, sofisticada o necesaria. Necesita parecer una gamberrada de cine con gente riéndose alrededor. Y eso, ahora mismo, tiene valor.

No todo entra, pero la película tiene más vida que muchas comedias recientes

La película no es redonda. Ni de lejos. Tiene tramos en los que el ritmo se atasca, chistes que parecen escritos para llegar cinco años tarde y momentos en los que el exceso de referencias se come la escena. Hay una diferencia importante entre parodiar el presente y hacer inventario de cosas populares.

Pero incluso con esos problemas, ‘Scary Movie’ tiene algo que muchas comedias recientes no tienen: descaro. No parece una película diseñada para caer simpática a todo el mundo. Parece una película dispuesta a que una parte del público se ría mucho y otra mire la pantalla con cara de “madre mía, ¿esto va en serio?”.

Y eso, en el fondo, es bastante fiel a la saga.

Su mayor acierto es que no intenta limpiar la marca. No convierte ‘Scary Movie’ en una comedia de nostalgia amable ni en una parodia con barniz prestigioso. La vuelve a ensuciar. A veces demasiado, a veces sin gracia suficiente, pero casi siempre con una energía que se agradece.

La clave está en aceptar su naturaleza. Quien espere sátira quirúrgica del terror contemporáneo seguramente saldrá frustrado. Quien busque una película bruta, tonta, acelerada y con varios golpes realmente divertidos encontrará algo más cercano al espíritu original de lo que parecía probable.

Veredicto

‘Scary Movie’ no resucita la saga con una obra maestra de la comedia, pero sí con una entrega más viva, más gamberra y más reconocible de lo esperado. Es irregular, basta y a ratos demasiado dependiente del guiño, pero también tiene momentos de auténtico cachondeo y entiende que su mayor virtud nunca fue la sutileza.

La película funciona cuando deja que Faris, Hall y los Wayans se manchen las manos con humor bestia. Flojea cuando intenta actualizarse a base de referencias acumuladas. Pero incluso con sus fallos, tiene una cosa clara: esta saga no vuelve para pedir perdón por ser cafre.

Y se agradece. Porque el cine comercial también necesita comedias que entren como un elefante en una cristalería, aunque rompan más cosas de las necesarias.

Redactor especializado en televisión, redes sociales y comunicación digital, con experiencia en el ámbito del entretenimiento y la industria audiovisual.

Ha trabajado como responsable de prensa y comunicación en distintas empresas del sector del entretenimiento, lo que le ha permitido conocer de primera mano los procesos de difusión, promoción y gestión de contenidos audiovisuales.

En ActualTV cubre información relacionada con televisión, redes sociales y estrategias de comunicación digital aplicadas al sector audiovisual.

José Luis Labreda

Redactor especializado en televisión, redes sociales y comunicación digital, con experiencia en el ámbito del entretenimiento y la industria audiovisual.

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