Jeffrey Katzenberg no se ha limitado esta semana a pronosticar que la inteligencia artificial cambiará Hollywood. El hombre que participó en la recuperación de la animación de Disney y después cofundó DreamWorks quiere probarlo creando una empresa nueva. Katzenberg ha explicado a TheWrap que prepara un estudio o plataforma digital para producir películas y televisión de animación utilizando IA.
Faltan casi todos los detalles que permitirían medir el alcance real del proyecto. No se conoce su plantilla, presupuesto, tecnología, calendario ni cuánto pretende automatizar. Tampoco existe evidencia suficiente para afirmar que vaya a destruir empleo o, como sostiene Katzenberg, generar más oportunidades al reducir costes. Lo que sí cambia es el punto de partida: ya no estamos hablando de incorporar IA a un estudio existente, sino de intentar diseñar una estructura de producción después de que esas herramientas hayan aparecido.
En España, esa diferencia merece atención. La animación nacional factura más de 604 millones de euros, emplea a 5.806 personas y obtiene el 70% de su negocio de la exportación, según el Libro Blanco de la Animación y VFX elaborado por DIBOOS y difundido por ICEX.
Si una nueva tecnología altera el coste y la organización de producir animación en California, Canadá, Francia o Asia, España no observa el fenómeno desde la grada.
Compite en ese mismo mercado.
Un sector de 5.806 trabajadores que vende siete de cada diez euros fuera
Las cifras permiten entender mejor dónde aparece el riesgo.
El sector español está compuesto por más de 300 empresas, pero su tamaño medio es reducido. El 75,2% son microempresas y otro 19,2% pequeñas compañías. Sumadas ambas categorías, el 94,4% del tejido empresarial de animación está formado por microempresas o pequeñas empresas, según el cálculo de ActualTV a partir de los porcentajes publicados por ICEX.
| Radiografía de la animación española | Dato |
|---|---|
| Facturación | Más de 604 millones de euros |
| Facturación procedente de exportación | 70% |
| Empresas | Más de 300 |
| Empleo en animación | 5.806 personas |
| Peso sobre el empleo audiovisual | 20,96% |
| Microempresas | 75,2% |
| Pequeñas empresas | 19,2% |
| Micro + pequeñas, cálculo ActualTV | 94,4% |
Hay dos formas de leer la tabla.
La primera es optimista: una industria atomizada puede encontrar en herramientas más baratas una oportunidad para hacer cosas que antes exigían estructuras mayores.
La segunda resulta más incómoda: si buena parte de la competitividad internacional depende del coste, cualquier tecnología accesible también para los competidores puede erosionar rápidamente esa ventaja.
Y España está especialmente expuesta porque siete de cada diez euros del sector llegan del exterior.
Lo nuevo de Katzenberg no es que un estudio utilice IA
La animación lleva décadas incorporando software, automatización y herramientas que reducen trabajo repetitivo. Presentar cada nuevo avance como el momento en que “las máquinas llegan al cine” sería poco serio.
El proyecto de Katzenberg plantea otra cosa.
Según contó a TheWrap, su intención es crear una plataforma digital o un estudio propiamente dicho y asociar las nuevas herramientas con creadores de primer nivel para producir largometrajes y televisión. También identifica el talento, no la tecnología, como el principal obstáculo que tendrá que superar.
Esa formulación coloca el debate en otro lugar.
Un estudio tradicional incorpora tecnología dentro de una organización donde ya existen departamentos, oficios, jerarquías y costes. Un estudio construido ahora podría decidir desde el principio qué tareas necesitan personas, qué procesos automatiza, qué software desarrolla y cuánto equipo necesita para producir cada minuto de animación.
Todavía no sabemos cómo responderá Katzenberg esas preguntas. Precisamente por eso conviene no atribuir a su proyecto eficiencias que aún no ha demostrado.
Pero la industria española tampoco parte de cero.
España ya está incorporando IA a su argumento de competitividad
En junio, España llevó al mercado internacional de Annecy una delegación integrada por más de 50 empresas y más de 100 profesionales. ICEX describió entonces las fortalezas del país como una combinación de creatividad, experiencia internacional, capacidad técnica y competitividad en costes. En esa misma presentación, ICEX incluyó expresamente la incorporación de herramientas basadas en inteligencia artificial entre las transformaciones tecnológicas del sector.
Eso introduce un matiz importante.
La batalla no enfrenta necesariamente a “estudios con IA” contra “estudios sin IA”. Si las herramientas se generalizan, la capacidad de utilizarlas dejará de ser por sí sola una ventaja competitiva.
Será mucho más importante saber qué conserva valor cuando producir determinadas imágenes, variaciones o procesos técnicos necesita menos horas.
Ahí aparecen cuestiones bastante más difíciles de automatizar: propiedad intelectual, dirección artística, capacidad narrativa, relaciones comerciales, talento especializado, coproducción, acceso a financiación y desarrollo tecnológico propio.
ICEX destaca precisamente la capacidad española para desarrollar propiedad intelectual y liderar coproducciones internacionales como dos de sus activos industriales.
La propiedad intelectual puede importar más si producir se abarata
Dos operaciones españolas recientes apuntan en esa dirección.
En julio, la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica anunció una inversión de 9,2 millones de euros en Milo dentro de una operación público-privada que alcanza 18,8 millones. No se trata únicamente de financiar nuevos capítulos.
Ese mismo mes, otra inversión pública de 6,4 millones de euros en Amuse Labs se justificó con un argumento todavía más explícito: permitir que la compañía participe en toda la cadena de valor y sea propietaria de las obras, en lugar de limitarse a actuar como fabricante.
Ahí puede estar una de las respuestas más interesantes al escenario que imagina Katzenberg.
Si producir determinados procesos se vuelve más barato para todos, poseer aquello que se produce puede ser más importante que ejecutar una parte del trabajo para terceros.
Eso no elimina el negocio de servicios, que seguirá siendo relevante. Pero cambia el reparto de valor.
Europa tiene además unas reglas distintas
A la transformación tecnológica se suma otra diferencia entre España y Estados Unidos.
Desde el 2 de agosto de 2026, varias disposiciones del Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial ya son exigibles, entre ellas requisitos de transparencia para determinados sistemas y las normas relativas a modelos de IA de propósito general. La propia Comisión Europea detalla el calendario de aplicación de estas obligaciones.
El Reglamento establece además obligaciones específicas para proveedores de modelos de propósito general, entre ellas documentación técnica, políticas relacionadas con derechos de autor y resúmenes sobre los contenidos utilizados para su entrenamiento. El artículo 53 recoge esas obligaciones para los proveedores de modelos de IA de propósito general.
Eso no significa que cualquier estudio español que utilice un generador de imágenes pase automáticamente a estar sometido a todas esas obligaciones como proveedor de un modelo. Sería una interpretación incorrecta.
Sí significa que el ecosistema tecnológico sobre el que trabajen los productores europeos está creciendo bajo unas reglas de trazabilidad y transparencia diferentes de las estadounidenses.
ActualTV ya analizó además cómo el artículo 50 del AI Act afecta a la identificación de contenido audiovisual generado o manipulado mediante IA. Ese contexto regulatorio forma parte de la competición industrial, aunque por sí solo no determine quién será más competitivo.
Katzenberg también se ha equivocado antes
Hay otro motivo para no convertir su anuncio en una sentencia sobre el futuro de la animación.
Katzenberg posee una trayectoria difícil de discutir en este sector, pero haber reconocido antes una transformación no garantiza acertar con la siguiente.
TheWrap recuerda que también apostó con enorme convicción por Quibi, la plataforma de vídeo móvil lanzada en 2020 con alrededor de 1.750 millones de dólares de financiación y cerrada apenas unos meses después.
Su futuro estudio de IA ni siquiera tiene todavía una forma empresarial completamente definida. Katzenberg habla de una plataforma digital o un estudio, no ha presentado proyectos concretos y tampoco ha detallado su modelo de producción.
Eso aconseja separar dos cosas.
Una es la predicción de Katzenberg de que abaratar la producción permitirá hacer más obras y crear más empleo. Todavía es una hipótesis.
Otra es el hecho industrial que ya puede observarse: alguien que ayudó a transformar Disney y después levantó DreamWorks considera que las herramientas han avanzado lo suficiente como para intentar construir una nueva compañía alrededor de ellas.
Para España, esa señal llega en un momento especialmente relevante. El país cuenta con 5.806 profesionales, más de 300 empresas y un sector que obtiene el 70% de su facturación del exterior.
La cuestión no es si la animación española puede impedir que esas herramientas lleguen. Ya están llegando.
La cuestión es qué quiere vender España cuando producir algunas partes de una película resulte más barato en todas partes.
Si la respuesta sigue siendo únicamente horas de producción a un coste competitivo, la IA puede estrechar la ventaja. Si el sector consigue retener propiedad intelectual, talento creativo, tecnología y capacidad para construir franquicias propias, también puede ampliarla.
Ese es el partido que realmente abre el proyecto de Katzenberg.




