Clayface, el thriller de terror de DC Studios sobre uno de los villanos más reconocibles del universo de Batman, llega a los cines españoles este viernes 23 de octubre de 2026, aunque algunas salas ya ofrecen sesiones el jueves 22. La película dura 108 minutos y el Ministerio de Cultura la ha clasificado como no recomendada para menores de 16 años, un dato especialmente revelador sobre el espectáculo que propone.
No hay que buscar aquí una nueva aventura de Batman ni una batalla entre héroes disfrazados. DC Studios ha elegido a Matt Hagen, un actor que ve destruido su futuro cuando un ataque lo deja desfigurado, para contar una historia de pérdida de identidad, experimentación médica y venganza. El resultado se presenta como una película de terror corporal, ese subgénero en el que el cuerpo deja de responder a las reglas que conocemos y acaba convertido en la principal fuente de angustia.
Tom Rhys Harries interpreta a Hagen, que pasa de una juventud difícil en Gotham a convertirse en un rostro prometedor de Hollywood. Tras el ataque, el tratamiento experimental que parece devolverle su apariencia también altera su percepción de la realidad. Es una premisa particularmente incómoda para alguien cuya profesión depende de la imagen: recuperar su cara se convierte en el principio de una transformación que ya no puede controlar.
Clayface llega con una calificación española que confirma su apuesta por el terror
El registro oficial del ICAA resuelve varias preguntas prácticas: la película está catalogada como terror, tiene una duración de 108 minutos y recibió el 19 de octubre la clasificación de no recomendada para menores de 16 años. En Estados Unidos obtuvo una clasificación R, asociada entre otros motivos a violencia sangrienta y contenido gore; conviene no confundir esa etiqueta estadounidense con la clasificación española.
Warner Bros. Pictures España anuncia el viernes 23 de octubre como fecha oficial de estreno, pero la cartelera de distintos complejos españoles incluye funciones para el jueves 22. La diferencia tiene interés para quienes quieran verla en la primera oportunidad: es posible encontrar sesiones antes de la fecha que aparece en la campaña publicitaria, según el cine y la ciudad.
El calendario también juega a favor de la película. Su llegada una semana antes de Halloween le permite presentarse ante un público que busca horror, monstruos y experiencias inquietantes, sin depender únicamente de quienes siguen cada capítulo del universo de superhéroes.

James Watkins dirige una película de DC que no necesita a Batman como protagonista
La decisión más interesante es narrativa. James Watkins, responsable de Eden Lake, La mujer de negro y No hables con extraños, trabaja con un personaje cuya capacidad de cambiar de forma puede servir al espectáculo digital, pero también a algo más incómodo: la idea de que la piel, el rostro y hasta los recuerdos de uno mismo dejan de ser fiables.
El guion lo firman Mike Flanagan y Hossein Amini, a partir de una historia de Flanagan. Naomi Ackie, David Dencik, Max Minghella y Eddie Marsan completan el reparto principal. Según la sinopsis oficial de Warner Bros., Hagen acaba arrastrado a una espiral destructiva después de que la intervención destinada a devolverle su rostro tenga consecuencias inesperadas sobre su cordura.
La película se incorpora a la nueva etapa de DC Studios, pero evita el planteamiento habitual de presentar un gran conflicto entre superhéroes. La compañía aprovecha una figura de Gotham para explorar un género autónomo: no hace falta que Batman aparezca para que una historia sobre uno de sus enemigos tenga interés propio. Para entender de dónde procede el personaje y por qué se llama Matt Hagen, conviene recordar que Clayface ha tenido varias identidades en los cómics, no una sola versión definitiva.
Ese enfoque ya se insinuaba en el tráiler final de Clayface, pero con el estreno llega una prueba más tangible para el espectador: la película se vende como terror, cuenta con la calificación española que corresponde a ese registro y dura menos de dos horas. Las salas decidirán ahora si ese cambio de tono consigue atraer también a los aficionados al género que no suelen acudir al cine por una franquicia de superhéroes.



