Ni Marvel ni Star Wars: el terror barato está dando la conversación más interesante del verano

El terror de bajo presupuesto está dando una de las conversaciones más interesantes del verano porque películas como ‘Backrooms’ y ‘Obsession’ han convertido ideas pequeñas, nacidas cerca de internet y lejos de la lógica tradicional de franquicia, en resultados de taquilla difíciles de ignorar. La primera supera los 220 millones de dólares mundiales según Box Office Mojo, mientras la segunda ha pasado de fenómeno improbable a caso de estudio para la industria. La lectura no es que Marvel o Star Wars hayan dejado de importar, sino que el público también está premiando películas capaces de parecer nuevas sin necesitar 200 millones de presupuesto detrás.

El miedo pequeño está funcionando como gran evento

El dato que mejor resume el momento es el de ‘Backrooms’. La película distribuida por A24 abrió en Estados Unidos con 81,4 millones de dólares y ya acumula más de 143 millones domésticos y 220,6 millones mundiales, unas cifras que Box Office Mojo sitúa muy por encima de lo esperable para una propuesta de terror, ciencia ficción y thriller nacida de una estética de internet.

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La otra pata de la conversación es ‘Obsession’, que ha escalado hasta los 169,3 millones de dólares domésticos tras un estreno inicial de 17,1 millones. No es solo una cifra alta: es una cifra que cambia la percepción de una película barata cuando empieza a competir, semana tras semana, con estrenos de maquinaria mucho más pesada.

La clave está en que estas películas no se venden como el próximo gran universo cinematográfico. Se venden como experiencias. ‘Backrooms’ parte de los espacios liminales, de esa mezcla de pasillo de oficina, centro comercial vacío y pesadilla digital que la generación de YouTube y TikTok reconoce al instante. ‘Obsession’, por su parte, ha funcionado como terror romántico y social, con una premisa lo bastante incómoda como para generar conversación después de la sesión.

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Por qué esto incomoda a las grandes franquicias

El titular fácil sería decir que el terror barato está derrotando a Star Wars. El matiz importante es otro: está ocupando una zona emocional que muchas franquicias han perdido temporalmente. Donde una gran saga llega cargada de continuidad, expectativas y debates heredados, una película como ‘Backrooms’ puede presentarse ante el espectador como algo más directo: una idea clara, un misterio reconocible y la promesa de ver algo que no parece diseñado por comité.

Eso no significa que el público haya dejado de querer sagas. Ahí siguen Pixar, Marvel, DC, Star Wars, ‘Avatar’ y los grandes estudios, con estrenos capaces de dominar la conversación cuando la propuesta encaja. Pero el verano está dejando un aviso: la familiaridad ya no basta por sí sola. Si una franquicia no ofrece sorpresa, urgencia o una razón concreta para ir al cine, el espectador tiene alternativas que cuestan menos y hacen más ruido.

El caso recuerda a otros momentos en los que el terror ha funcionado como laboratorio de Hollywood. Es barato, permite asumir riesgos formales, convierte el boca-oreja en motor de marketing y se beneficia de una reacción colectiva muy difícil de replicar en casa. Un susto, una risa nerviosa o una sala incómoda siguen teniendo valor comercial.

Internet ya no solo promociona películas: también las fabrica

La diferencia respecto a otros ciclos del terror está en el origen. ‘Backrooms’ no sale de una novela superventas ni de una marca clásica rescatada. Sale de un imaginario digital compartido: vídeos, foros, imágenes virales y una sensibilidad muy concreta hacia lo inquietante. Es el tipo de idea que hace diez años quizá habría acabado en un corto viral y poco más. Ahora puede llegar a salas con A24 detrás.

Ahí está el giro industrial. Internet ya no funciona solo como altavoz posterior al estreno, sino como cantera previa de lenguajes, miedos y autores. El País ha situado esta tendencia dentro de una nueva generación de cineastas procedentes de YouTube, con nombres como Kane Parsons o Curry Barker, que trasladan códigos digitales al cine comercial sin desactivar del todo su rareza original.

Para el espectador español, esto importa por una razón sencilla: muchas de estas películas llegan ya explicadas por la conversación global. No hace falta que el marketing tradicional construya el fenómeno desde cero. El público joven puede conocer el concepto de ‘Backrooms’ antes de ver un tráiler oficial. Esa ventaja, bien usada, vale oro.

La oportunidad para Hollywood no está en copiar, sino en escuchar

El peligro ahora es evidente: que los estudios intenten convertir cualquier meme inquietante en propiedad intelectual explotable. Si eso ocurre, el ciclo puede agotarse tan rápido como ha explotado. Lo interesante de ‘Backrooms’ y ‘Obsession’ no es solo que sean baratas, sino que parecen responder a miedos y códigos actuales sin pasar primero por el filtro de una franquicia agotada.

Hollywood lleva años intentando encontrar la próxima saga. Tal vez este verano le esté recordando algo menos espectacular, pero más útil: a veces basta con una idea fuerte, un presupuesto controlado y un público que sienta que ha descubierto algo antes de que se lo expliquen en una campaña gigantesca. El terror barato no va a sustituir a Marvel ni a Star Wars, pero sí está demostrando que todavía hay conversación fuera de sus órbitas.

Redactor especializado en televisión, redes sociales y comunicación digital, con experiencia en el ámbito del entretenimiento y la industria audiovisual.

Ha trabajado como responsable de prensa y comunicación en distintas empresas del sector del entretenimiento, lo que le ha permitido conocer de primera mano los procesos de difusión, promoción y gestión de contenidos audiovisuales.

En ActualTV cubre información relacionada con televisión, redes sociales y estrategias de comunicación digital aplicadas al sector audiovisual.

José Luis Labreda

Redactor especializado en televisión, redes sociales y comunicación digital, con experiencia en el ámbito del entretenimiento y la industria audiovisual.

Ha trabajado como responsable de prensa y comunicación en distintas empresas del sector del entretenimiento, lo que le ha permitido conocer de primera mano los procesos de difusión, promoción y gestión de contenidos audiovisuales.

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