Disney no tiene un problema de taquilla: tiene un problema de imaginación y ya no puede esconderlo detrás de sus sagas
Disney no está en crisis porque sus películas no funcionen: está en crisis porque demasiadas veces solo funcionan cuando ya conocíamos el título antes de comprar la entrada. Sus últimos grandes golpes de taquilla han llegado con secuelas, franquicias y remakes, mientras que las apuestas originales siguen encontrando mucho más ruido que espacio. El problema, para una compañía que durante décadas vendió imaginación como producto premium, no es financiero. Es cultural.
Disney sigue ganando, pero cada vez arriesga menos
Conviene empezar por lo justo: Disney no es una empresa hundida. En sus resultados fiscales de 2025, la compañía comunicó 94.400 millones de dólares de ingresos anuales, mejora del beneficio y un negocio de streaming que ya no parece el agujero negro que llegó a ser hace unos años. En el cuarto trimestre fiscal, Disney+ y Hulu sumaban 196 millones de suscripciones y el área Direct-to-Consumer registró 352 millones de dólares de beneficio operativo.
Ese dato le sirve al departamento de comunicación para sacar pecho. Y con razón. El problema es lo que hay debajo de esa foto corporativa: Disney ha encontrado una forma de estabilizarse, pero no necesariamente una forma de sorprender.
En 2024, sus tres grandes fenómenos mundiales fueron ‘Inside Out 2’, ‘Deadpool & Wolverine’ y ‘Moana 2’. Las tres ocuparon los tres primeros puestos de la taquilla mundial anual recogida por Box Office Mojo, con 1.698 millones, 1.338 millones y 1.059 millones de dólares, respectivamente.
Son cifras enormes. También son un retrato bastante incómodo: Pixar, Marvel y Disney Animation funcionan mejor cuando el público entra en la sala con media película ya memorizada.
Y ahí conecta con una lectura que ActualTV ya ha señalado al analizar cómo Disney+ gana más con el streaming, pero exige más al usuario: la compañía está afinando su maquinaria de rentabilidad, pero no siempre está alimentando la sensación de descubrimiento que hizo grande a sus marcas.
La nostalgia ya no es un recurso: es el modelo de negocio
El caso más evidente es ‘Lilo & Stitch’. La nueva versión en acción real superó los 1.000 millones de dólares en todo el mundo y Disney lo celebró como la primera película de la Motion Picture Association en alcanzar esa marca en 2025. Box Office Mojo sitúa su recaudación mundial en 1.038 millones de dólares, con una respuesta especialmente fuerte para una revisión de una película animada de 2002.
A Disney le confirma algo útil: hay personajes que siguen vendiendo entradas, camisetas, peluches, parques y suscripciones. Pero también confirma algo menos cómodo: el estudio parece mucho más seguro excavando en su propio almacén que saliendo a construir el siguiente gran clásico.
La comparación con ‘Snow White’ duele porque es limpia. La nueva versión de ‘Blancanieves’ se quedó muy lejos de esa escala comercial, y The Numbers sitúa su presupuesto de producción en 269,4 millones de dólares. Ahí no hace falta exagerar ni disfrazar el análisis de guerra cultural. La lectura es más simple y bastante peor para Disney: no basta con tener una marca antigua, ponerle presupuesto de evento y esperar que el público acepte cualquier relectura como si fuera una obligación sentimental.

Pixar no puede vivir solo de volver a casa
El caso Pixar resume la contradicción mejor que nadie. ‘Inside Out 2’ fue una barbaridad comercial: Box Office Mojo la sitúa por encima de los 1.698 millones de dólares dentro de su ranking mundial de 2024. Era una secuela, sí, pero también tenía una idea dramática clara: llevar el universo emocional de Riley a la adolescencia.
El contraste llegó con ‘Elio’, una propuesta original del estudio que sufrió mucho más. Variety analizó el tropiezo de ‘Elio’ como un aviso sobre la dificultad de Pixar para lanzar películas originales en salas, mientras The Numbers recoge un presupuesto de producción de 150 millones de dólares frente a una recaudación mundial que apenas se movió en esa escala.
La conclusión no debería ser que Pixar deje de hacer películas originales. Sería una rendición creativa. La conclusión debería ser que Disney ha educado demasiado bien al espectador para esperar la marca conocida, el personaje reconocible y el regreso emocional de turno.
Durante años, Disney convirtió la confianza en oro. Ahora corre el riesgo de convertirla en rutina.
El streaming también necesita algo más que empaquetar catálogo
Disney+ nació como la vitrina perfecta: Marvel, Pixar, Star Wars, Disney Animation, clásicos, series derivadas y estrenos familiares en un solo sitio. Sobre el papel, era imbatible.
Pero la plataforma ha tenido que aprender una lección que Netflix ya conoce de sobra: tener propiedad intelectual no es lo mismo que tener conversación. Puedes llenar una portada de marcas enormes y aun así no conseguir que el usuario sienta que cada semana pasa algo.
El movimiento de dejar de informar de forma detallada los suscriptores de sus servicios de streaming va en esa dirección. Según The Verge, Disney dejará de reportar cifras individuales de suscriptores de Disney+, Hulu y ESPN+ en próximos resultados, siguiendo una lógica parecida a la de Netflix: vender rentabilidad, no solo crecimiento.
Financieramente puede tener sentido. Editorialmente deja una pregunta: si el número de abonados importa menos, ¿qué métrica nos queda para saber si Disney+ sigue siendo relevante de verdad para el espectador y no solo para el Excel?
La propia evolución de la plataforma apunta en esa dirección. Disney+ quiere convertirse en la puerta de entrada a todo Disney, no solo en un catálogo de películas y series. Ese giro puede ser potente como estrategia de negocio, pero también refuerza una sensación: Disney ya no vende únicamente historias, vende ecosistema.
El problema no es hacer secuelas, es no tener nada que decir con ellas
Sería absurdo atacar a Disney por hacer secuelas. El cine popular siempre ha vivido de personajes que vuelven, mundos que se expanden y relatos que se heredan. El problema es otro: cuando la secuela deja de ser una continuación y se convierte en el plan entero.
‘Inside Out 2’ funcionó porque tenía una idea clara. ‘Deadpool & Wolverine’ funcionó porque convirtió el agotamiento del multiverso Marvel en parte del chiste. ‘Moana 2’ funcionó porque su personaje seguía teniendo una conexión familiar y musical potente.
Pero no todas las marcas sobreviven al mismo tratamiento. Algunas necesitan tiempo. Otras necesitan silencio. Y otras, directamente, necesitan que nadie las toque durante una temporada.
Disney se ha vuelto tan buena explotando su pasado que a veces parece incómoda construyendo futuro. Y eso, para la empresa que hizo de la fantasía industrial una forma de cultura global, es una acusación seria.
La bofetada que Disney debería escuchar
La crítica no es que Disney gane dinero con lo conocido. Eso lo haría cualquier gran estudio. La crítica es que Disney, durante demasiado tiempo, ha vendido la nostalgia como si fuera valentía creativa.
Y no lo es.
La nostalgia puede ser una puerta de entrada, pero no puede ser el único pasillo. Puede servir para que una familia vuelva al cine, para que un adulto lleve a sus hijos a ver una historia que reconoce, para que un personaje sobreviva otra generación. Pero cuando todo se apoya en ese mecanismo, el resultado empieza a parecer menos magia y más mantenimiento.
Disney no necesita abandonar Marvel, Pixar, Star Wars ni los remakes. Necesita dejar de tratarlos como un seguro de vida. Porque un estudio que solo confía en lo que ya funcionó está diciendo algo devastador sobre sí mismo: que ya no se fía de su capacidad para inventar el próximo recuerdo.
Y esa es la verdadera crisis. No la de resultados. La de imaginación.

Redactor especializado en televisión, redes sociales y comunicación digital, con experiencia en el ámbito del entretenimiento y la industria audiovisual.
Ha trabajado como responsable de prensa y comunicación en distintas empresas del sector del entretenimiento, lo que le ha permitido conocer de primera mano los procesos de difusión, promoción y gestión de contenidos audiovisuales.
En ActualTV cubre información relacionada con televisión, redes sociales y estrategias de comunicación digital aplicadas al sector audiovisual.
