‘Supergirl’ demuestra que el público no solo se ha cansado de los superhéroes, también de sus reinicios
Para entender el tropiezo de ‘Supergirl’ no basta con mirar una cifra de taquilla, aunque la cifra sea difícil de maquillar. La película de Craig Gillespie ha debutado con alrededor de 38 millones de dólares en Estados Unidos y Canadá y otros 30 millones en mercados internacionales, lejos de lo que necesita una superproducción de 170 millones de presupuesto para respirar tranquila.
El problema de DC no es que una película haya abierto por debajo de lo esperado. Eso ocurre. El problema es que ‘Supergirl’ no llegaba a los cines como una película cualquiera, sino como la segunda gran prueba del nuevo universo cinematográfico construido por James Gunn y Peter Safran tras ‘Superman’. Y esa es una carga muy pesada para una heroína que, antes de convencer al público de su propia historia, ya tenía que demostrar que el plan funcionaba.
La pregunta interesante no es si el público se ha cansado de los superhéroes. Esa respuesta se ha vuelto demasiado cómoda. La pregunta es más incómoda: ¿puede DC volver a empezar sin que cada nuevo estreno parezca una explicación del reinicio anterior?
Una película que llegó como examen, no como estreno
‘Supergirl’ tenía una misión narrativa clara: presentar a Kara Zor-El, aprovechar el impulso de ‘Superman’ y abrir una zona más cósmica, áspera y extraña dentro del nuevo DCU. Sobre el papel, el movimiento tenía sentido. Milly Alcock venía con prestigio televisivo por ‘La casa del dragón’, el personaje tenía una puerta de entrada reconocible y la película podía ofrecer una variante menos luminosa del mito kryptoniano.
Pero el mercado no ha respondido como DC necesitaba. AP sitúa el estreno muy lejos de ‘Toy Story 5’, que en su segunda semana ya acumulaba 585 millones de dólares globales, y recuerda que ‘Superman’ había alcanzado 618 millones mundiales en 2025. La comparación no es justa artísticamente, pero sí industrialmente: ‘Supergirl’ no competía solo con Pixar, competía con el recuerdo reciente de que DC podía volver a funcionar.
Ahí empieza el problema. Una película de superhéroes puede ser irregular, fallida, estimable o directamente estupenda. Pero cuando pertenece a un universo que acaba de resetearse, se convierte en otra cosa: un referéndum sobre la arquitectura completa. El espectador no compra únicamente una entrada para ver a Kara. Compra, o no, la promesa de que merece la pena volver a subirse a DC.
El reinicio infinito ya es parte de la marca DC
DC Studios presentó en 2023 su “Chapter 1: Gods and Monsters” con una idea muy clara: construir una historia interconectada a largo plazo, reducir la confusión del público y aumentar el compromiso entre plataformas. Esa declaración era casi una admisión de culpa. DC sabía que venía de una década de mensajes cruzados, universos a medias, actores que seguían y no seguían, películas que contaban y no contaban, y proyectos condenados a explicar si pertenecían al canon o al cajón de “Elseworlds”.
La ironía es que ‘Supergirl’ demuestra lo difícil que es cumplir esa promesa. El nuevo DCU intenta vender claridad, pero el espectador arrastra memoria. Recuerda a Henry Cavill despedido y recuperado durante cinco minutos. Recuerda ‘The Flash’ vendida como punto de inflexión. Recuerda ‘Black Adam’ prometiendo una jerarquía que se evaporó. Recuerda ‘Joker: Folie à Deux’ como rareza aparte, ‘The Batman’ como universo paralelo y ‘Superman’ como el nuevo comienzo definitivo.
Con ese historial, cada estreno de DC llega rodeado de instrucciones invisibles. Qué hay que haber visto. Qué versión importa. Qué actor sigue. Qué película queda fuera. Qué proyecto anuncia el futuro. Qué fracaso no debemos tener en cuenta porque pertenecía al régimen anterior. La saturación no viene solo de los superhéroes. Viene de tener que leer el manual antes de sentarse en la butaca.

Cuando la estrategia pesa más que la película
Lo llamativo de ‘Supergirl’ es que su pinchazo llega demasiado pronto para que DC pueda refugiarse en la paciencia. ‘Superman’ había comprado tiempo, prestigio y conversación. ‘Supergirl’ debía demostrar que el nuevo universo no dependía únicamente de su icono principal. En vez de eso, ha devuelto al estudio a una conversación que parecía aparcada: la fragilidad de DC cuando se aleja de sus nombres más blindados.
Eso no significa que la película no tenga defensa posible. De hecho, parte de la crítica española ha subrayado que el fracaso comercial no equivale necesariamente a una mala película. Pero el mercado no siempre premia matices. Para una franquicia que vive pendiente de la confianza, un mal arranque funciona como titular simplificado: el público no ha seguido.
El primer parte de daños ya estaba escrito en la propia lectura de su estreno: 68 millones mundiales en el debut, por debajo de lo que una película de este tamaño necesita para imponerse como evento. La cifra importa menos por sí sola que por lo que activa alrededor. Inversores, fans, analistas y medios vuelven a hacer la misma pregunta: si el segundo paso tropieza, ¿cuánto aguanta la fe en el camino?
DC aún tiene margen. AP recuerda que el calendario sigue con ‘Clayface’, planteada como una apuesta de terror corporal más moderada, y con ‘Man of Tomorrow’, continuación de ‘Superman’ fechada para julio de 2027. Precisamente ahí puede estar la salida: dejar de tratar cada película como una pieza obligatoria de ingeniería de franquicia y permitir que algunas sean, sencillamente, películas con identidad propia.
La salida no es reiniciar otra vez
El reflejo habitual de Hollywood ante un tropiezo de DC ha sido reiniciar, corregir el tono, cambiar de actor, borrar continuidad o prometer que ahora sí empieza lo bueno. Ese reflejo ya no funciona igual. El público ha aprendido a desconfiar de los grandes comienzos porque ha visto demasiados.
La posible solución de DC no pasa por explicar más, sino por exigir menos al espectador. Menos carga corporativa. Menos sensación de que cada estreno es una rueda de prensa disfrazada de aventura. Menos ansiedad por demostrar cohesión antes de haber construido apego. La continuidad solo importa cuando antes importan los personajes.
‘Supergirl’ quizá no haya fallado solo por ser demasiado rara, demasiado oscura, demasiado cara o demasiado dependiente de una marca fatigada. Ha fallado porque llegó en un momento en el que DC necesitaba que una película convenciera como película y como prueba de sistema. Y cuando el sistema pesa tanto, hasta una superheroína puede quedarse sin aire.
Las claves
- Hecho principal: ‘Supergirl’ ha debutado muy por debajo de lo esperado, con unos 68 millones de dólares globales frente a un presupuesto de unos 170 millones.
- Por qué importa: es la segunda gran prueba del nuevo DCU tras ‘Superman’ y vuelve a abrir dudas sobre la confianza del público.
- Qué aporta esta pieza: el problema no se analiza como simple fatiga superheroica, sino como síntoma del reinicio infinito de DC.
- Qué puede pasar después: ‘Clayface’ y ‘Man of Tomorrow’ tendrán que demostrar que DC puede construir identidad sin convertir cada estreno en un examen industrial.

Redactor especializado en televisión, redes sociales y comunicación digital, con experiencia en el ámbito del entretenimiento y la industria audiovisual.
Ha trabajado como responsable de prensa y comunicación en distintas empresas del sector del entretenimiento, lo que le ha permitido conocer de primera mano los procesos de difusión, promoción y gestión de contenidos audiovisuales.
En ActualTV cubre información relacionada con televisión, redes sociales y estrategias de comunicación digital aplicadas al sector audiovisual.
