La próxima batalla del streaming podría no librarse por quién ofrece más estrenos, sino por quién consigue atraer más espectadores sin cobrarles una cuota mensual. Netflix y Disney+ estudian fórmulas gratuitas con anuncios para llegar a los usuarios más sensibles al precio, un movimiento que marcaría un nuevo giro en la evolución de las plataformas de entretenimiento.
La idea todavía no se ha traducido en un lanzamiento confirmado. No hay fechas, países elegidos ni catálogos anunciados, pero las declaraciones públicas de sus responsables apuntan a que el modelo ya forma parte de las conversaciones estratégicas de ambas compañías. El streaming gratuito, durante años asociado a servicios específicos y a catálogos menos exclusivos, empieza a aparecer también en los planes de los grandes gigantes de Hollywood.
Netflix vuelve a dejar abierta la puerta a una tarifa sin cuota
Netflix abordó esta posibilidad durante la presentación de sus resultados del segundo trimestre. Greg Peters, co consejero delegado de la compañía, reconoció que una oferta gratuita podría tener sentido en determinados mercados, aunque la plataforma mantiene una posición prudente ante el riesgo de que ese producto reste clientes a sus modalidades de pago.
La cautela es importante porque Netflix no plantea simplemente regalar su catálogo actual. Una posible tarifa sin coste tendría que diseñarse como una puerta de entrada: suficiente para generar interés y consumo, pero limitada para conservar el atractivo de los planes que sí exigen una suscripción. En ese equilibrio se encuentra una de las principales dificultades del proyecto.
La compañía ya ha recuperado en España las pruebas gratuitas de sus planes, con periodos que pueden situarse entre siete y treinta días según la modalidad. No es exactamente el mismo modelo que una tarifa gratuita permanente con publicidad, pero sí muestra que Netflix vuelve a explorar fórmulas para reducir la barrera inicial de acceso y convertir a los curiosos en usuarios habituales.
Disney+ también busca al público que no quiere pagar más
Disney+ ha planteado una estrategia parecida. Josh D’Amaro mencionó en una llamada con inversores la posibilidad de crear una opción dirigida a un segmento de clientes más sensible al precio. La compañía ya analiza cómo ampliar su alcance sin depender exclusivamente de las cuotas mensuales, en un momento en el que las subidas y la fragmentación del catálogo han complicado la relación entre las plataformas y sus abonados.
En el caso de Disney+, una modalidad gratuita podría funcionar con una selección controlada de películas, series y contenidos familiares. También podría servir para promocionar producciones propias, recuperar espectadores ocasionales o presentar episodios iniciales capaces de empujar al usuario hacia un plan de pago. Por ahora, todo son posibilidades: Disney no ha comunicado qué contenidos entrarían en ese hipotético servicio ni en qué territorios estaría disponible.
La diferencia frente a una prueba promocional sería decisiva. Una prueba tiene una duración limitada y busca convertir rápidamente al usuario. Un plan gratuito con anuncios sería una opción estable, pensada para que el espectador permanezca dentro del ecosistema aunque no esté dispuesto a pagar. Eso cambiaría la forma de medir el éxito de cada plataforma.
El dinero ya no está solo en las suscripciones
El movimiento responde a una transformación más amplia del negocio. Durante la primera etapa del streaming, las plataformas competían por aumentar su número de suscriptores y financiaban su expansión con cuotas mensuales. Después llegaron los planes con publicidad, las restricciones al uso compartido de cuentas y las subidas de precio. Ahora, la audiencia vuelve a tener un valor propio aunque no pague directamente.
La publicidad permite monetizar a espectadores que no aceptarían otra suscripción, pero también ofrece más información sobre sus hábitos de consumo y abre nuevas vías comerciales. Para Netflix y Disney+, contar con una audiencia gratuita podría ampliar su capacidad de negociación con los anunciantes y reforzar sus negocios publicitarios, siempre que logren mantener una experiencia atractiva.
El modelo también encaja con el cansancio de parte del público ante la acumulación de cuotas. Netflix, Disney+, Prime Video, Max y otras plataformas compiten por un presupuesto doméstico cada vez más repartido. Un servicio gratuito con anuncios puede resultar más asumible para quien solo quiere ver determinados contenidos o para el espectador que alterna suscripciones en función de los estrenos.
Netflix y Disney+ tendrían que decidir qué regalar
La pregunta clave no es únicamente si habrá anuncios, sino qué parte del catálogo quedaría abierta. Las producciones más recientes y las franquicias con mayor capacidad de atraer suscriptores probablemente seguirían reservadas para los planes de pago. En cambio, podrían entrar en la oferta gratuita títulos de fondo de catálogo, episodios concretos, contenidos seleccionados o programas diseñados para generar consumo recurrente.
Ese reparto tendría consecuencias para la percepción de marca. Netflix y Disney+ han construido buena parte de su valor sobre la idea de ofrecer entretenimiento exclusivo bajo demanda. Si el acceso gratuito fuese demasiado limitado, podría no atraer suficiente público. Si fuese demasiado generoso, podría reducir el incentivo para pagar. La tarifa con anuncios ya intenta resolver ese dilema con un precio reducido; el plan gratuito lo llevaría un paso más lejos.
La competencia por los anuncios puede ser el próximo problema
Netflix y Disney+ no entrarían en un terreno vacío. YouTube mantiene una presencia dominante en el consumo audiovisual, mientras que servicios gratuitos con publicidad como Tubi o The Roku Channel han demostrado que existe espacio para consumir televisión sin una cuota tradicional. En algunos mercados también han ganado terreno los canales FAST, que ofrecen emisiones programadas y catálogos bajo demanda financiados por anuncios.
La llegada de dos marcas tan reconocibles podría aumentar la oferta disponible para los anunciantes, pero también intensificar la competencia por las mismas campañas. Si demasiadas plataformas intentan vender inventario publicitario al mismo tiempo, los precios podrían sufrir y obligar a cada compañía a demostrar que su audiencia es especialmente valiosa.
Para el espectador, el cambio tendría una lectura inmediata: no desaparecería necesariamente la cuota, pero sí aumentaría el número de formas de acceder a los contenidos. El precio cero tendría como contrapartida pausas publicitarias, un catálogo más reducido y posibles limitaciones frente a las modalidades de pago.
De momento, Netflix y Disney+ solo han confirmado que estudian estas alternativas. La decisión final dependerá de los mercados, de los acuerdos publicitarios y de la capacidad de proteger las suscripciones actuales. Lo que sí parece claro es que el streaming ha dejado atrás la idea de que todo usuario debe convertirse desde el primer día en abonado: la próxima pelea puede consistir en llenar la plataforma de espectadores y decidir después cuánto merece pagar cada uno.




