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‘En mar abierto’: la nueva película de tiburones que no termina de funcionar por la falta de ideas originales

Si te planteas salir de casa para ver una película sobre un avión que cae al mar con tiburones, probablemente ya sabes exactamente qué esperar. “En mar abierto”, la nueva propuesta de Renny Harlin, cumple con ese paquete básico de entretenimiento veraniego: tensión, agua, y dientes afilados. Sin embargo, bajo esa superficie de espectáculo funcional, la cinta lucha por encontrar un motivo convincente para que te quedes en la butaca más allá del instinto básico de ver cómo salen del atolladero.

El reparto: una cuestión de peso más que de profundidad

Aaron Eckhart y un breve Ben Kingsley encabezan el cartel. Eckhart ejerce de pilar serio y ecuánime, un faro de cordura en medio del caos. Su actuación es sólida y da peso a la narración, aunque el guion no le permite ir mucho más allá del arquetipo del líder nato. El resto del pasaje, desde la pareja en crisis hasta el tipo desagradable, cumple funciones narrativas muy específicas. Angus Sampson y Molly Belle Wright logran destacar en algunos momentos, pero en general, son personajes que parecen existir principalmente para ser puestos a prueba por el medio, más que para revelar algo genuinamente humano.

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La química entre ellos funciona en arranques puntuales, especialmente cuando la desesperación los obliga a tomar decisiones brutales sobre prioridades y sacrificios. Son destellos de un drama más interesante que, lamentablemente, la película no se detiene a explorar. El ritmo prefiere empujarnos hacia el siguiente susto acuático.

Cuando el avión (y la película) pierden altitud

Lo más sorprendente es que la sección más memorable ocurre antes de mojarse los pies. La secuencia del accidente aéreo es un ejercicio de cine de catástrofes clásico y bien ejecutado. Harlin maneja con oficio el caos dentro del fuselaje, la sensación de pánico creciente y el impacto físico del desastre. Hay una contundencia aquí que engancha.

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El problema surge cuando el avión se detiene. Al trasladar la acción al océano, la película cambia de género y, curiosamente, pierde fuerza. Lo que funcionaba como un thriller de supervivencia realista se convierte en una rutina de ataques de tiburones que siguen reglas más cercanas al videojuego que al drama. La amenaza, al ser tan constante y omnipresente, termina por diluir su propio impacto. La tensión se sustituye por una previsibilidad incómoda.

Tiburones por obligación, no por inspiración

Es aquí donde la sombra de otras películas se hace más larga. La comparación con el propio trabajo de Harlin en “Deep Blue Sea” (1999) es inevitable, pero también lo es con un sinfín de títulos del subgénero. “En mar abierto” no parece querer reinventar la rueda, ni siquiera pintarla de un color distinto. Los conflictos entre los personajes son los de manual, algunas decisiones parecen tomadas para alargar artificialmente el metraje, y la lógica interna a veces se resiente para servir al próximo “jump scare”.

La película necesita desesperadamente que sus protagonistas cometan errores para mantener viva la historia, pero a menudo esos errores se sienten más como conveniencias del guion que como acciones creíbles de personas aterradas. Cuando la supervivencia se vuelve tan esquemática, es difícil preocuparse de verdad.

Un oficio visual que busca (y no siempre encuentra) su tono

Harlin demuestra que todavía sabe dirigir acción y crear planos llamativos. Sin embargo, la película parece indecisa sobre su propia identidad visual. Busca una seriedad que choca con una iluminación a veces demasiado clínica para las escenas acuáticas, restándole opresión al entorno. Algunos efectos digitales integran bien, mientras que otros recuerdan que estás viendo una construcción de estudio. Es una producción competente, pero carece de una personalidad visual arriesgada o memorable que la distinga.

No abraza con convicción su potencial como serie B descarada, ni logra la intensidad cruda de un thriller de supervivencia puro. Se queda en un cómodo término medio.

Veredicto final: Entretenimiento de usar y tirar

“En mar abierto” es, en esencia, un producto que cumple su función básica. Ofrece un par de horas de distracción con momentos de tensión efectivos, un accidente aéreo bien filmado y la presencia segura de Aaron Eckhart. Si lo que buscas es apagar el cerebro y ver un desfile de desgracias marinas, probablemente no te sientas estafado.

El dilema es que, en un panorama saturado de opciones, “correcto” no siempre es suficiente. Su mayor pecado es la previsibilidad. Juega con cartas tan vistas que es difícil sorprenderse con la partida. Harlin muestra oficio, pero se echa de menos un guion con más ambición, que buscara algo más que el siguiente ataque de tiburón para sostener la historia.

Puede que funcione como plan de última hora en un día caluroso. Para quienes esperen que el cine de supervivencia o el de criaturas marinas den un nuevo giro, lo más probable es que salgan del cine con la sensación de haber visto una fusión de ideas ajenas, ejecutadas con profesionalidad pero sin la chispa necesaria para quedarse en la memoria. Al final, como a sus personajes, le falta ese algo único para llegar a la orilla con verdadero triunfo.

Para conocer más detalles oficiales sobre el argumento y el equipo, puedes visitar la web de la película. Su éxito en taquilla dependerá de cuánta gente aún tenga apetito por una fórmula que, esta vez, llega flotando entre restos de avión.

María López
María Lópezhttps://actualtv.es/author/mlopez/
María López es redactora de ActualTV especializada en televisión, cine, series y cultura audiovisual. Licenciada en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense de Madrid, ha desarrollado su trayectoria en medios españoles cubriendo actualidad televisiva, estrenos, programación, industria audiovisual y contenidos de entretenimiento. En ActualTV escribe sobre televisión, cine, plataformas de streaming y cultura pop, con enfoque en España y en la forma en que los nuevos formatos audiovisuales conectan con las audiencias.
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