El primer DVD que envió Netflix por correo no fue ‘Bitelchús’, sino ‘Casino’ de Scorsese: así probó su loca idea

Corría marzo de 1997 y el mundo aún no había visto un solo DVD de Netflix. La empresa, fundada por Reed Hastings y Marc Randolph, no era más que un puñado de empleados con una idea descabellada: alquilar películas por correo en un formato que apenas comenzaba a popularizarse. Antes de que Blockbuster se convirtiera en su némesis y mucho antes de que el streaming conquistara los salones de medio planeta, el primer envío de prueba de aquel proyecto titubeante fue una obra maestra del cine: ‘Casino’, de Martin Scorsese.

Un experimento postal con ‘Casino’

El propio Randolph, cofundador de la compañía, se ofreció como conejillo de indias para comprobar si un disco de DVD podía llegar a una casa sin romperse y en un plazo razonable. La orden de compra número 000001 fue a parar a su domicilio con una copia de ‘Casino’, el thriller criminal que Scorsese había estrenado apenas dos años antes. El envío funcionó a la perfección y aquel simple gesto postal se convirtió en el primer eslabón de una cadena que hoy conecta a más de 325 millones de hogares en todo el mundo.

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En aquel momento, el catálogo de Netflix era minúsculo: apenas 925 títulos, prácticamente todas las películas editadas en el incipiente formato DVD. La empresa no competía con gigantes tecnológicos, sino con los videoclubs de barrio y un Blockbuster que entonces parecía invencible. El envío de ‘Casino’ demostró que el modelo era viable, y poco después llegó la primera película que se mandó a un cliente real: ‘Bitelchús’, el clásico de Tim Burton, según ha confirmado la propia Netflix en múltiples ocasiones.

Un negocio nada barato al principio

Antes de que la tarifa plana revolucionara la industria del alquiler, los precios de Netflix eran todo menos populares. Alquilar dos películas costaba 4 dólares por una semana, más 2 dólares de envío para el primer disco y un dólar adicional por cada uno de los siguientes. La idea de pagar una cuota fija por acceder a un catálogo ilimitado aún no existía. Sin embargo, aquel modelo de suscripción mensual acabaría siendo el germen de la propia plataforma de streaming que hoy conocemos.

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Al principio, la empresa dio pérdidas, pero ganó notoriedad con una jugada tan arriesgada como oportunista: publicar su propio DVD con el testimonio de Bill Clinton sobre el escándalo Lewinsky. Mitch Lowe, uno de los primeros ejecutivos, pasó toda la noche haciendo copias caseras sin carátula ni marca alguna. El envío fue un éxito, pero hubo un pequeño contratiempo: por error, algunos clientes recibieron un fragmento de pornografía asiática. Nadie devolvió aquel disco, y las quejas apenas empañaron una anécdota que hoy se recuerda como una de las primeras muestras del caos creativo que siempre ha caracterizado a Netflix.

Del sobre rojo al streaming mundial

El servicio de DVD por correo convivió durante años con la expansión del streaming, pero fue marchitándose de forma inevitable. El 29 de septiembre de 2023, Netflix envió su último disco: ‘Valor de ley’, el western de los hermanos Coen. No hizo falta devolverlo. La compañía había distribuido más de 5.200 millones de películas en sobres rojos a lo largo de un cuarto de siglo, una cifra que hoy parece casi una reliquia arqueológica frente a los millones de horas de contenido que se reproducen cada día en la plataforma.

De ‘Casino’ a ‘Valor de ley’ hay un arco narrativo que resume la transformación de una industria entera. Lo que comenzó como un experimento para ver si un DVD resistía un viaje en correo postal acabó convirtiéndose en un titán del entretenimiento que produce sus propias películas, series y documentales con presupuestos millonarios. El espíritu de aquel primer envío, sin embargo, sigue vivo en la obsesión de Netflix por controlar la logística del contenido: ahora no son discos, sino píxeles, los que viajan hasta el espectador en cuestión de segundos.

El legado del DVD, a menudo olvidado en la era del play automático y los algoritmos, es mucho más que una anécdota nostálgica. Fue la fase de prototipo que permitió a la compañía entender cómo se comportaba el público, qué géneros funcionaban mejor y cómo construir una base de suscriptores leales antes de dar el salto definitivo. Sin aquellos sobres rojos que cruzaban Estados Unidos cargados de cine, el botón de “continuar viendo” probablemente no existiría.

Redactor especializado en televisión, redes sociales y comunicación digital, con experiencia en el ámbito del entretenimiento y la industria audiovisual.

Ha trabajado como responsable de prensa y comunicación en distintas empresas del sector del entretenimiento, lo que le ha permitido conocer de primera mano los procesos de difusión, promoción y gestión de contenidos audiovisuales.

En ActualTV cubre información relacionada con televisión, redes sociales y estrategias de comunicación digital aplicadas al sector audiovisual.

José Luis Labreda

Redactor especializado en televisión, redes sociales y comunicación digital, con experiencia en el ámbito del entretenimiento y la industria audiovisual.

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