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‘El precio de la red’ mezcla hechos de 2016, 2020 y 2021: los documentos que explican lo que la película cambia

La película de Aaron Sorkin concentra años de investigaciones sobre Facebook. Un examen de los documentos originales revela qué cambia y qué demuestran realmente sus cifras.

En El precio de la red, Aaron Sorkin convierte la investigación que puso contra las cuerdas a Facebook en un thriller sobre una denunciante, un periodista y una empresa que conoce mejor que nadie las consecuencias de sus propios algoritmos. Para conseguirlo, el director altera una pieza fundamental de la historia: el calendario. Según la reconstrucción publicada por The Verge, la película acerca al 6 de enero de 2021 acontecimientos que realmente tuvieron lugar varios meses después.

Pero hay una diferencia todavía más interesante. Uno de los datos más llamativos de la película, el que atribuye a las recomendaciones de Facebook el 64% de las incorporaciones a grupos extremistas en un análisis interno, ya había aparecido en una investigación periodística de mayo de 2020. Es decir, antes de que Frances Haugen abandonase la compañía y antes de que The Wall Street Journal publicase los documentos que inspiraron directamente la película.

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El estreno del 9 de octubre permite regresar a esas pruebas. Al contrastar la investigación original de Jeff Horwitz y sus compañeros, los testimonios ante el Congreso estadounidense y las respuestas públicas de Facebook, aparece una historia más compleja que la dramatización cinematográfica. Sorkin no necesita inventar los principales problemas de la red social. Lo que modifica es la relación temporal y narrativa entre las pruebas, las personas que las descubrieron y las consecuencias de su publicación.

Los hechos reales que la película reúne en una misma historia

Mikey Madison interpreta a Frances Haugen, exempleada de Facebook especializada en integridad cívica. Jeremy Allen White da vida a Jeff Horwitz, periodista de The Wall Street Journal, mientras que Jeremy Strong encarna a Mark Zuckerberg. La sinopsis oficial de Sony Pictures identifica las filtraciones y la investigación periodística como el origen de la película.

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Haugen trabajó en Facebook desde 2019 y facilitó documentación interna que permitió investigar el funcionamiento de sus plataformas, las decisiones sobre moderación de contenidos y los riesgos que sus propios equipos habían detectado. Aquellos materiales tuvieron una enorme repercusión cuando comenzaron a publicarse en septiembre de 2021. Sin embargo, la atención periodística sobre los posibles efectos polarizadores del sistema de recomendaciones era anterior a su denuncia.

La historia documental empieza mucho antes del escándalo de 2021. En 2016, un análisis interno ya había identificado el papel de las recomendaciones en las incorporaciones a determinados grupos extremistas. En enero de 2018, Facebook anunció cambios en su sistema para dar más peso a las interacciones sociales consideradas significativas. Y el 26 de mayo de 2020, Jeff Horwitz y Deepa Seetharaman publicaron en The Wall Street Journal una investigación sobre los efectos polarizadores de la plataforma y las decisiones de sus responsables.

Después llegó el asalto al Capitolio estadounidense, el 6 de enero de 2021. Mark Zuckerberg compareció ante una comisión de la Cámara de Representantes el 25 de marzo, en una audiencia sobre el papel de las redes sociales en la desinformación y el extremismo. Meses después, el 13 de septiembre, comenzó la serie de investigaciones The Facebook Files; al día siguiente se publicó la información sobre los estudios internos de Instagram y la imagen corporal adolescente. Finalmente, Haugen compareció ante el Senado el 5 de octubre de 2021.

Estas fechas proceden de publicaciones originales y registros institucionales, no de la narración de la película. El orden importa: la investigación sobre las recomendaciones ya era pública más de un año antes de la comparecencia de Haugen.

Según el análisis de The Verge, la película concentra dramáticamente la preparación de una audiencia de Zuckerberg y la difusión de las revelaciones periodísticas alrededor del 6 de enero. En la realidad, ni aquella comparecencia ni el comienzo de The Facebook Files ocurrieron el día del asalto al Capitolio. Sorkin utiliza ese acontecimiento como punto de convergencia de distintos conflictos. Es una decisión cinematográfica, pero altera la percepción del tiempo que exigió la investigación y de cuándo conoció el público cada hecho.

El 64% sobre los grupos extremistas: un dato real cuya procedencia cambia la historia

Una de las revelaciones que aparecen en la película apunta directamente al funcionamiento del sistema de recomendaciones de Facebook: el 64% de las incorporaciones a grupos extremistas examinadas en un análisis interno estaban relacionadas con las herramientas de recomendación de la plataforma.

El dato no fue creado por Sorkin. Procede de una presentación interna de 2016, citada por The Wall Street Journal en su investigación del 26 de mayo de 2020. Aquel reportaje, firmado por Horwitz y Seetharaman, examinaba cómo la compañía había estudiado los efectos polarizadores de sus sistemas y cómo determinadas propuestas para mitigarlos habían encontrado resistencia interna.

Hay dos matices importantes. El primero tiene que ver con qué mide ese 64%. La cifra se refiere a incorporaciones a grupos extremistas dentro del ámbito del análisis, no al porcentaje de usuarios de Facebook radicalizados ni a una proporción de delitos violentos provocados por la plataforma. Convertirla en una afirmación sobre toda su audiencia sería una extrapolación injustificada.

El segundo afecta directamente a la película. Horwitz ya había publicado esa información en 2020, cuando Haugen todavía trabajaba en Facebook. La investigación precedía, por tanto, a la filtración que desencadenó The Facebook Files en 2021. Que el mismo periodista participase en ambas investigaciones explica su continuidad, pero no permite atribuir todas las revelaciones a una única fuente o a un mismo conjunto documental.

También es necesario distinguir entre la situación identificada por aquel estudio y el funcionamiento posterior de la plataforma. Facebook anunció nuevas restricciones a las recomendaciones de organizaciones relacionadas con la violencia en agosto de 2020. Esos cambios no demuestran por sí mismos que el problema quedase resuelto, del mismo modo que una cifra procedente de 2016 no permite describir automáticamente el comportamiento del algoritmo en 2026.

La conclusión periodística es más precisa que cualquier simplificación cinematográfica: existían advertencias internas sobre las recomendaciones y sus posibles consecuencias; determinar cómo evolucionaron esos sistemas y qué efectos tuvieron las medidas exige pruebas adicionales.

Qué decía realmente el estudio de Instagram sobre las adolescentes

Otro de los grandes elementos documentales de la historia son las investigaciones internas de Instagram sobre bienestar adolescente, conocidas públicamente a raíz de las publicaciones de septiembre de 2021.

Los documentos mostraron que investigadores de la compañía habían identificado experiencias negativas vinculadas a la imagen corporal. Uno de los resultados más difundidos indicaba que aproximadamente una de cada tres adolescentes de un grupo concreto consideraba que Instagram empeoraba sus problemas relacionados con su cuerpo.

El porcentaje no significaba que una de cada tres adolescentes usuarias de Instagram experimentase necesariamente ese perjuicio. Se refería a adolescentes que ya habían manifestado dificultades con su imagen corporal y que, al responder sobre el efecto de la plataforma, afirmaban sentirse peor.

Facebook cuestionó públicamente parte de la interpretación de The Wall Street Journal. En una respuesta publicada en septiembre de 2021, explicó que, dentro de ese mismo grupo, un 22% había declarado sentirse mejor y un 45,5% no atribuía un efecto positivo ni negativo a Instagram. La empresa sostuvo, además, que en 11 de las 12 áreas de bienestar examinadas las respuestas positivas eran más frecuentes que las negativas entre quienes habían experimentado esos problemas. La imagen corporal constituía la excepción.

No se trata de dar por buena sin más la interpretación empresarial. Facebook era parte interesada en la controversia y sus propias investigaciones incluían limitaciones metodológicas. Algunos materiales se basaban en grupos pequeños, y la compañía reconocía que aquellos trabajos no estaban diseñados para establecer relaciones causales generales.

La distinción es importante: los estudios acreditan que existían advertencias internas y testimonios de experiencias perjudiciales, pero no permiten deducir que el mismo efecto se produjese en todas las adolescentes ni cuantificar por sí solos una relación causal universal. Los documentos originales, acompañados de anotaciones, pueden consultarse en el comunicado de Meta enlazado anteriormente.

La discusión entre los investigadores, el periódico y Facebook no consistía únicamente en decidir si había problemas. También afectaba a cómo debían interpretarse los datos, qué alcance tenían y qué responsabilidad correspondía a la compañía por los riesgos identificados.

Los personajes reales, las escenas dramatizadas y lo que permanece sin demostrar

La relación profesional entre Frances Haugen y Jeff Horwitz constituye el núcleo auténtico de El precio de la red. Haugen proporcionó documentación y Horwitz participó en la investigación que permitió hacerla pública.

La motivación de la denunciante también tiene respaldo documental. En su declaración escrita ante el Senado, fechada el 4 de octubre de 2021, explicó que había entrado en Facebook después de que una persona cercana a ella se radicalizase por internet.

La película dramatiza esa experiencia a través de una mujer vinculada a Haugen que protagoniza una confrontación con la policía. Según la verificación publicada por The Verge, los detalles concretos de esa secuencia parecen ficticios, aunque la motivación personal de Haugen está documentada.

Otro ejemplo es Charlie, el personaje interpretado por Bill Burr, inspirado en Roger McNamee, antiguo inversor de Facebook y posterior crítico de la compañía. Sorkin ha explicado que inicialmente quería utilizar a McNamee de forma directa, pero terminó convirtiéndolo en un personaje de ficción. McNamee existe y su relación con Facebook es real; eso no convierte automáticamente en auténtica cada conversación que Charlie mantiene con Zuckerberg.

Algo parecido sucede con el papel de la plataforma en la polarización política. Las investigaciones periodísticas aportaron pruebas de advertencias y conflictos internos; atribuir de manera directa y exclusiva el asalto al Capitolio a Facebook sería una conclusión distinta, que esos documentos por sí solos no permiten demostrar.

Facebook, por su parte, rechazó buena parte de la lectura de las filtraciones. En octubre de 2021, Zuckerberg acusó públicamente a sus críticos de seleccionar documentos para ofrecer una imagen distorsionada de la empresa. Esa respuesta no elimina las pruebas, pero también forma parte de la historia: una investigación rigurosa debe distinguir entre el documento, la interpretación periodística y la defensa de la organización investigada.

Los documentos de Facebook cuentan una historia más amplia que la película

El precio de la red concentra el relato en tres figuras reconocibles, pero la investigación que la inspira fue un trabajo colectivo. The Facebook Files reunió informaciones firmadas por varios periodistas de The Wall Street Journal y abordó cuestiones que iban mucho más allá de las recomendaciones algorítmicas.

Entre ellas figuraban las excepciones en la moderación de determinados usuarios de alto perfil, los riesgos asociados a Instagram, las dificultades para frenar contenidos perjudiciales y las contradicciones entre las declaraciones públicas de Facebook y los materiales internos.

El lector puede acudir a la investigación original de 2020, a The Facebook Files, a los informes internos publicados por Meta y a los testimonios del Congreso. No son materiales equivalentes: unos son documentos empresariales, otros trabajos periodísticos y otros declaraciones realizadas ante instituciones públicas. La procedencia de cada prueba es precisamente una de las diferencias que la dramatización tiende a simplificar.

Como ya analizamos en ActualTV con motivo del estreno, Sorkin desplaza el conflicto desde la figura del fundador hacia el funcionamiento del sistema. La revisión documental añade una capa: el problema no estaba solo en lo que decidía un algoritmo, sino también en quién conocía sus efectos, desde cuándo se conocían y qué pruebas permitieron que esa información saliese de la empresa.

Haugen tuvo un papel decisivo al facilitar el escrutinio público de una organización cuyos datos internos eran difíciles de comprobar desde fuera. Pero su historia no empezó ni terminó en un único paquete de documentos. Tampoco nació de cero la investigación sobre los daños potenciales de Facebook cuando ella decidió denunciar.

Una película puede comprimir meses de trabajo, inventar conversaciones y construir personajes que condensan trayectorias más complejas. El periodismo, en cambio, necesita conservar las fechas, los autores de las revelaciones y los límites de las pruebas. Los hechos fundamentales de la película tienen una base documental. Lo que los documentos obligan a corregir es la impresión de que todo se descubrió a la vez.

Las claves

  • El hecho principal: El precio de la red se inspira en investigaciones auténticas, pero concentra acontecimientos de distintos años.
  • Por qué importa: el dato del 64% procede de un documento de 2016 difundido en 2020, antes de The Facebook Files.
  • Qué aporta este análisis: una cronología documental en prosa que distingue fechas, fuentes originales, cifras y licencias narrativas.
  • La implicación: las pruebas sirven para examinar decisiones empresariales y problemas de transparencia, pero no justifican atribuir automáticamente cualquier consecuencia social a un único algoritmo.

José Luis Labreda
José Luis Labreda
Redactor especializado en televisión, redes sociales y comunicación digital, con experiencia en el ámbito del entretenimiento y la industria audiovisual. Licenciado en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad CEU San Pablo. Ha trabajado como responsable de prensa y comunicación en distintas empresas del sector del entretenimiento, lo que le ha permitido conocer de primera mano los procesos de difusión, promoción y gestión de contenidos audiovisuales. En ActualTV cubre información relacionada con televisión, redes sociales y estrategias de comunicación digital aplicadas al sector audiovisual.
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