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El secreto mejor guardado de ‘El Hormiguero’ está antes de empezar el programa

Investigamos cómo El Hormiguero decide sus invitados, quién tiene la última palabra y por qué esa elección puede cambiar la audiencia de cada noche en TV.

Un cantante que Jorge Salvador situaba entre los grandes nombres de la historia de la música española le llamó personalmente porque necesitaba vender más entradas para su gira. Quería ir a El Hormiguero. La respuesta fue no. No había sitio.

La anécdota la contó el propio Salvador en una entrevista concedida a en El Confidencial. En aquella conversación puso una cifra al problema: 16 programas al mes y bastantes más personas intentando entrar en ellos. Hasta una estrella capaz de llamar directamente a uno de los máximos responsables del programa podía quedarse fuera si el calendario estaba completo.

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Ahí está una de las partes menos visibles de El Hormiguero. El programa lleva dos décadas exhibiendo su capacidad para conseguir actores de Hollywood, deportistas, músicos, políticos o personajes de actualidad, pero antes de cada entrevista existe otra decisión mucho más sencilla y, al mismo tiempo, decisiva: a quién se le concede uno de los pocos huecos disponibles.

La cuestión tiene más importancia de la que aparenta. La pasada temporada, El Hormiguero reunió una media de 1,8 millones de espectadores, alcanzó aproximadamente 4,2 millones de espectadores únicos por emisión y cerró con un 14,5% de cuota, según los datos de Atresmedia. Para una película, una serie, un disco, un libro o una gira, sentarse frente a Pablo Motos significa acceder durante varios minutos a uno de los mayores escaparates de la televisión española.

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Pablo Motos no solo entrevista al invitado: también ha decidido quién llega hasta la mesa

La afirmación de Salvador es muy interesante. Según explicó en aquella entrevista, él puede proponer, aconsejar e incluso discrepar sobre determinados nombres, pero es Motos quien toma la decisión final porque será quien tenga que encontrarse con esa persona durante la emisión. En su relato aparecía además otro criterio que ayuda a entender dos décadas de programa: conseguir que quien pasa por allí quiera regresar.

Eso convierte cada invitación en algo más complejo que elegir al famoso más conocido disponible.

Hay notoriedad, actualidad, agenda, capacidad promocional, oportunidad televisiva y, necesariamente, química potencial con el formato.

El calendario de estrenos lleva años llamando a la puerta de El Hormiguero

Una parte de la fórmula puede reconstruirse simplemente observando cuándo aparecen los invitados.

En marzo de 2026, por ejemplo, Santiago Segura acudió al programa coincidiendo con el estreno en cines de una nueva entrega de Torrente, mientras Ana Torroja estaba programada pocos días antes de publicar un nuevo disco.

Esta misma semana ocurre algo parecido con Pablo López, cuya presencia del 16 de septiembre está vinculada oficialmente a la presentación de su nuevo disco.

No es una anomalía. Cine, series, discos, giras y programas de televisión alimentan desde hace años el calendario de invitados. Para estudios, plataformas, editoriales, discográficas y agencias, sentarse frente a Motos significa disponer de una larga ventana promocional en uno de los espacios con mayor audiencia de la televisión española.

Jorge Salvador lo definió de manera especialmente reveladora: El Hormiguero se había convertido, según su valoración, en la primera opción para muchas personas que tenían algo que promocionar en España.

Pero promoción no significa automáticamente invitación. Ahí está precisamente el cuello de botella.

El Hormiguero
El Hormiguero

Un estudio de 5.226 minutos explica por qué elegir mal importa

Hay, además, una razón cuantificable para tomarse muy en serio esa decisión.

Un estudio publicado en 2025 por investigadores de la Universidad Complutense y la Universidad Francisco de Vitoria analizó 69 emisiones de El Hormiguero y 5.226 minutos de televisión, utilizando datos minuto a minuto de Kantar Media correspondientes al periodo entre septiembre de 2024 y enero de 2025.

Los resultados desmontan la idea de que el invitado es simplemente la excusa alrededor de la cual se construyen después las secciones.

Los investigadores encontraron diferencias apreciables según el perfil elegido. En aquella muestra, Lamine Yamal alcanzó un 43,1% de cuota entre espectadores de 4 a 12 años y un 33,7% entre los de 13 a 24. Carolina Marín destacó entre el grupo de 25 a 44 años, mientras determinados personajes con enorme exposición mediática consiguieron atravesar grupos de edad muy diferentes.

El trabajo también observó que el público femenino mantenía un comportamiento más estable, mientras el masculino mostraba mayores variaciones dependiendo del invitado. Y detectó diferencias entre perfiles procedentes del deporte, la música, el entretenimiento o el universo digital.

Dicho de otra manera: quién se sienta en la mesa puede cambiar no solo cuánta gente ve El Hormiguero, sino qué gente lo ve.

Eso transforma la agenda de invitados en una herramienta de programación.

Hay invitados y hay invitados que vuelven

Existe otra pista que el propio programa ha convertido casi en un juego: los clubes Platino e Infinity.

Diez visitas convierten a un personaje en invitado Platino. Veinte lo llevan al Infinity. La temporada pasada, Antonio Resines y Pablo Chiapella alcanzaron las diez apariciones, mientras Pablo Alborán y Javier Cámara llegaron a la barrera de las veinte.

No parece un detalle menor.

Un programa que premia públicamente la reincidencia está reconociendo que la relación con determinados invitados forma parte de su propia historia. Jorge Salvador ya explicaba años atrás que uno de sus principios era cuidar la experiencia del personaje para favorecer que quisiera regresar.

Eso permite distinguir al menos dos grandes tipos de valor televisivo. Está el invitado extraordinario, difícil de conseguir y cuya presencia constituye por sí misma un acontecimiento. Y está el personaje recurrente que ya conoce el código del programa, funciona dentro de él y ha construido una relación reconocible con Motos y con la audiencia.

Ambos pueden ser valiosísimos por razones completamente distintas.

Tener algo que promocionar no basta

La historia que contó Jorge Salvador resume mejor que ninguna fórmula el verdadero valor de la agenda de El Hormiguero.

El artista tenía notoriedad. Tenía una gira. Necesitaba promoción. Tenía acceso directo a uno de los responsables del programa. Y aun así no había hueco.

Esa escasez es lo que convierte la selección de invitados en una de las decisiones más importantes que ocurren fuera de cámara.

Para el espectador, el nombre anunciado el jueves es simplemente quien estará sentado frente a Pablo Motos la semana siguiente. Para una distribuidora, una plataforma, una discográfica, una editorial o un representante, puede significar colocar un lanzamiento ante millones de personas en el momento preciso.

Y para El Hormiguero supone elegir, unas 16 veces al mes, a quién entrega uno de los escaparates promocionales más poderosos de la televisión española.

La entrevista empieza cuando Pablo Motos recibe al invitado.

La batalla por conseguir esa silla ha empezado bastante antes.

José Luis Labreda
José Luis Labredahttps://actualtv.es

Redactor especializado en televisión, redes sociales y comunicación digital, con experiencia en el ámbito del entretenimiento y la industria audiovisual.

Ha trabajado como responsable de prensa y comunicación en distintas empresas del sector del entretenimiento, lo que le ha permitido conocer de primera mano los procesos de difusión, promoción y gestión de contenidos audiovisuales.

En ActualTV cubre información relacionada con televisión, redes sociales y estrategias de comunicación digital aplicadas al sector audiovisual.

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