La San Diego Comic-Con Málaga ha cerrado su segunda edición con un dato bastante menos vistoso que sus estrellas, pero quizá más importante para medir lo que Andalucía quiere construir alrededor del evento: 185 reuniones B2B entre empresas locales y profesionales de la producción internacional. El número no convierte por sí solo a la convención en un mercado audiovisual, pero sí revela que la apuesta ya no se limita a atraer público y generar notoriedad.
Durante cuatro días, la conversación pública ha girado sobre todo alrededor de los paneles, las sorpresas de Marvel y el cartel de invitados de la edición de 2026. Esa es la parte más visible de una Comic-Con. La menos evidente estaba en el Village de FYCMA, donde la Junta, la organización y el tejido empresarial andaluz probaron una vía distinta: usar la concentración de industria y talento como puerta de entrada a relaciones comerciales.
El programa profesional DUNA reunió a 42 pymes andaluzas, nueve productoras invitadas y 185 reuniones B2B a lo largo de las cuatro jornadas. La información oficial de DUNA añade otros 367 encuentros entre las propias empresas participantes y representación de las ocho provincias. La escala sigue siendo pequeña frente al tamaño del evento, pero el diseño resulta significativo: no se trata de vender entradas, sino de poner a proveedores y productoras en la misma mesa.
El dato importante no son solo los contactos
Conviene no convertir esas 185 reuniones en un éxito económico automático. Una reunión no equivale a un contrato, una inversión ni una coproducción. De hecho, el propio formato está planteado como conversaciones breves para abrir puertas. Precisamente por eso el dato funciona mejor como indicador adelantado que como balance definitivo.
Lo interesante es qué tipo de empresas se han sentado allí. Entre las participantes hay productoras, estudios de animación, compañías de efectos visuales, empresas de localizaciones y servicios de rodaje, desarrolladores de videojuegos, firmas de inteligencia artificial aplicada al audiovisual y proveedores técnicos. Es decir, una cadena de valor bastante más amplia que la imagen tradicional de una feria centrada en merchandising, cosplay y anuncios de franquicias.
Al otro lado de la mesa aparecen perfiles con experiencia en ficción internacional, televisión, documental, publicidad, animación y servicios de producción. Para una pyme regional, ese acceso puede ser más útil que la exposición masiva ante miles de visitantes: el problema habitual no es solo tener talento o capacidad técnica, sino llegar al interlocutor que contrata esos servicios en una producción de escala internacional.
También hay una señal territorial. Málaga concentra 26 de las 42 empresas de DUNA, mientras Sevilla aporta cinco, Córdoba cuatro, Cádiz tres, Granada dos y Almería y Jaén una cada una. Esa distribución muestra al mismo tiempo una fortaleza y un límite: el ecosistema existe en toda Andalucía, pero la concentración malagueña sigue siendo muy elevada.

Andalucía ya tiene masa crítica, pero necesita escalar
La lectura industrial se entiende mejor al mirar el videojuego. Según los datos publicados por la Junta de Andalucía, la comunidad contaba en 2024 con 107 estudios activos, el 13,1% del total español, frente a 82 en 2019. Es un crecimiento del 30,8% en cinco años. El sector superaba además los 1.000 profesionales y facturó aproximadamente 86 millones de euros en 2023.
Ahí aparece la parte menos cómoda del diagnóstico. Tener el 13,1% de los estudios del país no significa capturar una proporción equivalente del negocio. La propia administración reconoce que existe margen para que el peso de Andalucía en facturación se acerque al que ya tiene en número de compañías y empleo. El reto, por tanto, no es solo crear más estudios: es conseguir que crezcan, sobrevivan y accedan a proyectos de mayor presupuesto.
La Comic-Con encaja en esa estrategia porque concentra en pocos días algo difícil de fabricar durante el resto del año: atención internacional, grandes marcas de entretenimiento, profesionales de producción y público final. Además de DUNA, 17 startups y estudios andaluces ligados a Misión Andalucía participaron en la convención; once contaron con espacio expositivo para mostrar producto y recibir respuesta directa de jugadores y visitantes.
Ese cruce entre escaparate de consumo y encuentro profesional es lo que puede diferenciar a Málaga de una convención que simplemente importa una marca conocida. Un estudio de videojuegos puede probar una demo ante público, una empresa de efectos visuales puede presentar capacidades a una productora y una compañía de localizaciones puede vender Andalucía como plató. Son objetivos distintos, pero todos dependen de convertir visibilidad en relaciones que continúen cuando se desmonten los stands.
La prueba real empieza después de la Comic-Con
Por eso, 185 reuniones B2B son un buen punto de partida, no el resultado final. La medida útil llegará dentro de meses: cuántos contactos derivan en contratos, cuántas empresas entran en producciones internacionales, cuánta inversión privada captan los estudios, cuántas coproducciones se abren y si aumenta la facturación del tejido local.
Si ese seguimiento ofrece resultados, la Comic-Con habrá adquirido para Andalucía un valor que va más allá del impacto turístico y del calendario de cultura pop: funcionará también como una pieza de política industrial para el entretenimiento. Si no los ofrece, DUNA habrá sido un buen ejercicio de networking, pero no necesariamente un salto de escala.
La segunda edición deja así una pregunta bastante más interesante que quién fue la estrella más fotografiada del fin de semana. Andalucía ya ha demostrado que puede reunir empresas y grandes interlocutores en el mismo recinto; ahora tiene que demostrar que sabe convertir esas conversaciones en negocio.



