Mary Poppins volverá a la televisión con una adaptación de acción real que pretende acercarse más a las ocho novelas de P. L. Travers que a la imagen popularizada por Disney. El proyecto se encuentra todavía en una fase inicial y cuenta con Tom Winchester, vinculado a Shogun, como productor y responsable creativo para Pure Fiction Television.
La serie no será una continuación directa de la película de 1964 protagonizada por Julie Andrews ni de El regreso de Mary Poppins, estrenada en 2018. La propuesta busca recuperar el material literario original, con una versión del personaje potencialmente más extraña, imprevisible y menos edulcorada que la conocida por el gran público.
Una Mary Poppins distinta a la de Disney
La imagen que muchos espectadores tienen de Mary Poppins está ligada a los números musicales, el optimismo y la estética familiar de la película dirigida por Robert Stevenson. Sin embargo, los libros de Travers presentan a una institutriz más difícil de descifrar, con un temperamento severo y una relación con lo fantástico que no siempre resulta cómoda.
Ese matiz puede marcar la diferencia en una adaptación televisiva. En lugar de concentrar toda la historia en una visita a la familia Banks, el formato de serie permitiría explorar con más calma el universo de las novelas y sus encuentros con distintos personajes, siempre que el equipo creativo mantenga el rumbo anunciado y no convierta el proyecto en una simple extensión de la película clásica.
Por ahora no se ha confirmado si la producción será una serie limitada o si tendrá recorrido para varias temporadas. Tampoco hay reparto, director, fecha de rodaje, plataforma de emisión ni calendario de estreno anunciados.
El proyecto adapta ocho novelas
La principal diferencia frente a las dos películas de Disney está en el alcance. La propuesta televisiva parte de la obra literaria de Travers y contempla el conjunto de ocho libros protagonizados por Mary Poppins, lo que abre la puerta a una narración más amplia y a una representación de la niñera más cercana al tono de las novelas.
Eso no significa necesariamente que cada libro vaya a convertirse en una temporada ni que la serie vaya a trasladar todos sus episodios de forma literal. En este momento solo se conoce la intención de adaptar la saga literaria, no la estructura definitiva que tendrá la producción.
La elección del formato también responde a una cuestión práctica. Una película debe condensar en unas pocas horas un material compuesto por varias novelas, mientras que una serie puede repartir sus tramas, personajes y elementos fantásticos con mayor margen. El reto será encontrar un equilibrio entre fidelidad, ritmo televisivo y una identidad propia que no dependa únicamente de la nostalgia.
Tom Winchester lidera el desarrollo para Pure Fiction Television
Tom Winchester asumirá las funciones de productor y showrunner, es decir, la supervisión creativa y narrativa del proyecto. Su participación lo sitúa como una de las figuras clave para definir el tono de esta nueva Mary Poppins, especialmente si la serie apuesta por los aspectos más inquietantes y ambiguos del personaje.
La producción corre a cargo de Pure Fiction Television. La compañía deberá trabajar además con los herederos de Travers, que mantienen un papel decisivo en la gestión de los derechos de las novelas y en cualquier adaptación que se quiera realizar a partir de ellas.
En paralelo, Disney estaría manteniendo conversaciones tempranas para vincularse al proyecto. No se ha confirmado que la compañía vaya a producirlo, distribuirlo o estrenarlo en una de sus plataformas, por lo que cualquier asociación definitiva sigue pendiente de negociaciones.
Los derechos explican parte del momento elegido
El calendario del proyecto coincide con un cambio relevante en la situación legal de la obra. Está previsto que Mary Poppins y el primer libro de Travers entren en el dominio público en Estados Unidos en 2030, aunque la aplicación de los derechos de autor puede variar según el territorio y no afecta automáticamente a todos los elementos asociados a la versión cinematográfica de Disney.
La distinción es importante. Una adaptación basada en las novelas puede utilizar los personajes y situaciones que procedan de esos libros cuando la legislación aplicable lo permita, pero no puede asumir por defecto los diseños, canciones, diálogos o rasgos creativos desarrollados específicamente para las películas de Disney.
Por eso, la futura serie tendría que construir su propia identidad visual y narrativa. El objetivo no sería repetir la estética de la película de 1964, sino ofrecer una lectura independiente de la creación de Travers.
Una relación complicada con la primera película
La historia de Mary Poppins en el cine está marcada por la distancia entre Travers y Disney. La autora aceptó que su personaje llegara a la gran pantalla en los años sesenta, pero posteriormente mostró su descontento con el resultado y se opuso durante años a que se realizara una segunda película.
La relación entre ambos quedó dramatizada, con numerosas licencias, en Al encuentro de Mr. Banks, película de 2013 protagonizada por Emma Thompson y Tom Hanks. El filme sirve como aproximación popular a aquel conflicto, aunque no debe tomarse como una reconstrucción completamente fiel de las negociaciones.
La secuela cinematográfica no llegó hasta 2018, cuando El regreso de Mary Poppins recuperó el personaje con Emily Blunt como protagonista. La nueva serie parte ahora de una premisa diferente: regresar a los libros y explorar una Mary Poppins menos condicionada por el legado musical y familiar de Disney.
El proyecto aún tendrá que superar varias etapas antes de convertirse en una producción real. Hasta que se concreten los derechos, la plataforma, el reparto y el calendario, lo único confirmado es la intención de llevar de nuevo a la pantalla el universo literario de Travers. La incógnita será si esa versión más misteriosa consigue convivir con la imagen imborrable que dejó la película clásica.



