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La vergonzosa política de Samsung con sus auriculares: pagas por lo mejor, pero no te dejan disfrutarlo

Compro unos Samsung Galaxy Buds4 Pro y descubro que mi Galaxy A71 no permite aprovechar su máxima calidad de sonido. Una política que considero vergonzosa.

Me he comprado los Samsung Galaxy Buds4 Pro, unos auriculares que aspiran a competir entre los mejores del mercado. He elegido una marca de primer nivel, un producto prémium y, supuestamente, una de las experiencias de sonido más avanzadas que se pueden encontrar en unos auriculares inalámbricos. Mi teléfono es un Samsung Galaxy A71. Todo queda en casa, ¿verdad? Pues no. Resulta que, después de realizar la compra, descubro que ni siquiera siendo cliente de Samsung puedo disfrutar de todas las prestaciones que la compañía utiliza para venderme sus auriculares.

Y perdón por la expresión, pero me parece una auténtica vergüenza.

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No estoy hablando de conectar unos auriculares de Samsung a un teléfono de una marca desconocida, con un sistema operativo incompatible o con alguna limitación tecnológica extravagante. Estoy hablando de utilizar unos auriculares Samsung con un teléfono Samsung. Y aun así, la compañía considera que mi dispositivo no merece acceder a una de las características más importantes de su producto estrella.

¿El resultado? He comprado unos auriculares de gama alta para descubrir que la experiencia que puedo obtener está condicionada por una lista de teléfonos autorizados por el propio fabricante. Una lista que, por supuesto, he conocido después de pagar.

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A mí esto me parece una tomadura de pelo de proporciones considerables. Y, como consumidor, se acerca peligrosamente a lo que considero una semiestafa comercial.

La letra pequeña que Samsung debería poner en letras gigantes

Los Galaxy Buds4 Pro presumen de sonido de alta fidelidad, un sistema avanzado de altavoces, amplificación dual y, especialmente, audio de calidad ultraalta de 24 bits y 96 kHz mediante el códec propietario Samsung Seamless Codec (SSC-UHQ).

Magnífico. Precisamente esa tecnología forma parte del atractivo de unos auriculares que no se venden como un accesorio barato, sino como un dispositivo de audio prémium.

El problema aparece cuando uno consulta la información oficial de los Galaxy Buds4 Pro publicada por Samsung. La propia compañía reconoce que esa calidad de audio ultraalta solo está disponible en determinados dispositivos Galaxy, principalmente de las familias S23, S24, S25 y S26, varios Galaxy Z Fold y Z Flip, y algunas tabletas compatibles.

¿Mi Galaxy A71? Fuera.

Para que no haya dudas, Samsung confirmó en el historial de actualizaciones del Galaxy A71 su llegada a Android 13 y One UI 5.1. Es decir, hablamos de un dispositivo que puede seguir funcionando perfectamente para las necesidades de su propietario, pero que no cumple los requisitos para acceder a esas prestaciones de audio de última generación.

Y aquí está la cuestión que me indigna: los auriculares funcionan, pero no puedo aprovechar una de las características más destacadas de lo que acabo de comprar.

No estoy afirmando que dejen de emitir sonido, que su cancelación de ruido desaparezca o que todos sus componentes se vuelvan inútiles. Tampoco que cualquier persona vaya a percibir la misma diferencia auditiva entre códecs. Lo que denuncio es algo mucho más sencillo: Samsung anuncia unas prestaciones de referencia y, después, el consumidor descubre que para disfrutarlas necesita tener uno de los móviles que la compañía ha decidido incluir en su selecto club.

¿Y por qué demonios tengo que descubrir eso después de comprar los auriculares?

Una limitación que afecta a una característica tan importante debería ocupar un lugar absolutamente protagonista en la información de compra. No perderse entre requisitos, condiciones, versiones de software y modelos compatibles.

Samsung no respeta ni a los usuarios que ya son clientes de la marca

¿Ahora también tengo que comprarme un móvil nuevo para escuchar música?

Lo más irritante es el mensaje que transmite esta política comercial.

Por lo visto, no basta con comprar unos auriculares de gama alta. Tampoco basta con seguir utilizando un teléfono de Samsung. Si quieres aprovechar determinadas características avanzadas, tienes que pasar por el aro de las generaciones de smartphones que la marca considera adecuadas.

Y yo me pregunto: ¿qué clase de fidelidad al cliente es esta?

Porque una de las principales razones para mantenerse dentro del ecosistema de un fabricante debería ser, precisamente, la tranquilidad de saber que sus productos van a entenderse entre sí y ofrecer una experiencia satisfactoria.

Nadie puede exigir que un teléfono de hace varios años incorpore mágicamente todas las tecnologías de uno recién lanzado. Existen limitaciones técnicas reales, evidentemente. Pero eso no exime a Samsung de explicar de manera mucho más visible qué parte de la experiencia que anuncia va a poder disfrutar cada comprador.

El problema no es que el software tenga cada vez más importancia en la experiencia con los auriculares inalámbricos. Eso forma parte de la evolución tecnológica. El problema es convertir ciertas prestaciones en privilegios reservados a una selección de dispositivos sin situar esa condición en el centro del mensaje comercial.

Yo no he comprado unos auriculares para que Samsung me sugiera indirectamente que también debería renovar mi teléfono.

No tengo por qué cambiar un Galaxy A71 que todavía me resulta útil para justificar el desembolso de unos Galaxy Buds4 Pro. Y mucho menos aceptar con una sonrisa que la promesa de máxima calidad del producto que acabo de adquirir tiene condiciones que no había advertido.

Si el sonido ultraalto es uno de sus argumentos de venta, la compatibilidad necesaria para obtenerlo debería comunicarse con la misma claridad y protagonismo.

Una política que, en mi opinión, roza el engaño al consumidor

Quiero ser muy claro. No estoy acusando a Samsung de cometer un delito de estafa. Esa es una calificación jurídica que no me corresponde establecer. Estoy hablando de cómo me siento como comprador: engañado, decepcionado y profundamente indignado.

Porque hay una diferencia enorme entre saber que estás comprando un producto con determinadas limitaciones y descubrir esas limitaciones cuando ya has abierto la cartera.

Yo elegí unos Galaxy Buds4 Pro esperando obtener el máximo partido posible de unos auriculares extraordinariamente ambiciosos sobre el papel. No esperaba tener que estudiar un catálogo de compatibilidades de teléfonos para averiguar qué parte de sus prestaciones estaba realmente a mi alcance.

Quizá Samsung pueda argumentar que toda esa información está disponible en su web. De acuerdo. Pero que una condición aparezca publicada no significa necesariamente que esté comunicada de forma suficientemente clara al comprador.

Y esa es precisamente la cuestión. Si la compañía dedica tanto esfuerzo a destacar el sonido de 24 bits y 96 kHz, ¿por qué no dedica el mismo entusiasmo a explicar que muchos de sus propios teléfonos no pueden acceder a él?

¿Por qué tengo que investigar después de la compra si mi smartphone es uno de los elegidos? ¿Por qué debería asumir que compartir marca garantiza una experiencia completa, cuando la realidad demuestra que no es así?

Samsung debería comprender que la confianza de sus clientes no es ilimitada. Y que vender tecnología prémium también implica una responsabilidad: no crear expectativas que dependen de requisitos que el comprador puede desconocer.

Samsung, el consumidor no tiene por qué financiar eternamente tu ecosistema

Hay una tendencia en la industria tecnológica que me parece cada vez más insoportable: fabricar productos extraordinariamente capaces mientras se construyen barreras de compatibilidad que condicionan cuánto partido podemos sacarles.

Cada lanzamiento presume de una mejora revolucionaria, una integración nunca vista o una experiencia superior. Pero después aparecen las condiciones: necesitas determinada versión del sistema, determinados dispositivos y, en ocasiones, directamente otra generación de productos.

Y llega un momento en el que uno se cansa.

Se cansa de pagar precios de gama alta para encontrarse con experiencias condicionadas. Se cansa de descubrir restricciones después de comprar. Y se cansa, sobre todo, de esa sensación de que nunca es suficiente con lo que ya has comprado a una misma marca.

No estoy pidiendo que Samsung haga milagros tecnológicos. Estoy exigiendo algo bastante más elemental: transparencia comercial, respeto al consumidor y una política de compatibilidad que no convierta cada nueva adquisición en una invitación a renovar todo lo demás.

Porque, insisto, estamos hablando de unos auriculares. Un producto cuyo cometido principal es reproducir sonido. Y si su fabricante presume de una calidad determinada, resulta absolutamente razonable que quien los compra quiera disfrutarla sin descubrir después que su móvil, también fabricado por Samsung, se queda fuera.

No sé si los responsables de la compañía son plenamente conscientes de la frustración que generan estas situaciones. Pero deberían estarlo.

Samsung, me siento medio estafado. No porque los Galaxy Buds4 Pro no funcionen, sino porque he descubierto después de comprarlos que una parte importante de la experiencia que me habéis vendido no está a mi alcance con el teléfono que ya os compré.

Y no, la solución no puede ser que me gaste todavía más dinero en otro de vuestros dispositivos.

La solución es que dejéis de tratar la compatibilidad como un detalle secundario cuando condiciona las características principales de un producto.

Porque cobrar por unos auriculares prémium y dejar que un cliente descubra después que no puede aprovechar todo lo anunciado, incluso teniendo un móvil Samsung, me parece una puta vergüenza.

Y una magnífica manera de perder la confianza de alguien que, precisamente, había decidido seguir comprando vuestros productos.

José Luis Labreda
José Luis Labreda
Redactor especializado en televisión, redes sociales y comunicación digital, con experiencia en el ámbito del entretenimiento y la industria audiovisual. Licenciado en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad CEU San Pablo. Ha trabajado como responsable de prensa y comunicación en distintas empresas del sector del entretenimiento, lo que le ha permitido conocer de primera mano los procesos de difusión, promoción y gestión de contenidos audiovisuales. En ActualTV cubre información relacionada con televisión, redes sociales y estrategias de comunicación digital aplicadas al sector audiovisual.
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