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Paramount amenaza con salir de California y convierte su pelea por Warner en otra batalla: dónde vive realmente Hollywood

Paramount estudia trasladar operaciones fuera de California mientras pelea por Warner: la amenaza expone la fuga de rodajes y empleos de Hollywood.

Paramount podría comenzar a trasladar operaciones fuera de California a partir de octubre si no consigue avances en el litigio antimonopolio que mantiene bloqueada su adquisición de Warner Bros. Discovery. No ha anunciado una mudanza. Pero el responsable jurídico de la compañía, Makan Delrahim, ha confirmado que salir del estado está entre las posibilidades estudiadas.

El matiz importa. Convertir la amenaza en “Paramount abandona Hollywood” sería ir más lejos de lo confirmado. Pero reducirla a una simple maniobra legal también dejaría fuera la historia. Una amenaza empresarial solo tiene fuerza si resulta mínimamente creíble, y California lleva tiempo viendo cómo rodajes, inversión y empleos audiovisuales compiten con otros estados y países.

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Los datos recientes explican por qué el movimiento toca un nervio real. FilmLA contabilizó 4.711 jornadas de rodaje en localizaciones durante el segundo trimestre de 2026, un 12,7% menos que en el mismo periodo del año anterior. La televisión, una de las categorías que más empleo genera, cayó un 27,7% interanual.

Paramount está utilizando la geografía como arma negociadora justo cuando esa geografía ya estaba dejando de ser intocable.

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La compra de Warner ha terminado convirtiendo California en parte de la negociación

La adquisición de Warner Bros. Discovery está valorada en 81.000 millones de dólares y se enfrenta a una demanda presentada por California y otros once estados para bloquear la operación por razones de competencia. Un tribunal ha fijado el inicio del juicio para el 2 de marzo de 2027.

Para Paramount, esperar tiene un coste.

Según la información publicada por The Wall Street Journal, David Ellison y su equipo buscan una solución que permita avanzar antes de que la disputa siga retrasando la integración. La posibilidad de trasladar operaciones coloca ahora una segunda presión sobre las autoridades californianas: la del empleo.

La tensión ha llegado incluso al interior de la política del estado. El gobernador Gavin Newsom ha trasladado su preocupación por el impacto que el bloqueo de la operación podría tener sobre los puestos de trabajo de Hollywood, aunque la oficina del fiscal general mantiene autonomía para continuar el procedimiento.

La paradoja es considerable.

California puede considerar que una concentración de dos grandes compañías perjudicaría a trabajadores, consumidores o competidores. Al mismo tiempo, tiene que plantearse qué ocurriría si uno de esos grandes empleadores redujese su presencia física en el estado.

Una discusión sobre competencia empresarial ha terminado convertida también en una discusión sobre territorio.

Los rodajes ya se estaban marchando antes de que Paramount utilizara la amenaza

Paramount no ha creado el problema.

Los datos de FilmLA para abril, mayo y junio muestran que la actividad de rodaje en localizaciones se situó en 4.711 jornadas, frente a las 5.394 del periodo comparable señalado por el organismo. En ficción televisiva y cine hay signos puntuales de actividad asociados a incentivos, pero el volumen total continúa reflejando una industria bajo presión.

California está intentando responder con dinero público. El programa estatal de créditos fiscales en su versión 4.0 había adjudicado ayudas a 170 proyectos, incluidos 41 nuevos títulos cinematográficos anunciados en julio, según FilmLA.

La razón es sencilla: un rodaje no significa únicamente actores delante de una cámara.

Genera actividad para técnicos, empresas de alquiler, construcción de decorados, transporte, posproducción, restauración y toda una red profesional que históricamente ha crecido alrededor de Los Ángeles.

Hollywood es una marca mundial, pero también es un ecosistema laboral local.

La primera parte resulta difícil de mover. La segunda, mucho menos.

Paramount está utilizando una debilidad que California conoce perfectamente

Conviene mantener cautela con la amenaza.

Una empresa inmersa en una operación de 81.000 millones tiene motivos evidentes para reforzar su posición negociadora. Que Paramount estudie otros estados no significa que mañana vaya a desmontar sus estudios y ponerlos en un camión.

Sin embargo, The Wall Street Journal señala que Tennessee, Texas y Georgia aparecen entre las posibilidades discutidas. Son precisamente territorios capaces de competir mediante costes, fiscalidad o incentivos.

California sabe cómo funciona ese mercado porque lleva años participando en él.

La ubicación de una producción ya es una variable económica negociable. Las compañías comparan ventajas fiscales, disponibilidad de platós, costes laborales, permisos e infraestructuras antes de decidir dónde fabricar una película o una serie.

La amenaza de Paramount lleva esa misma lógica un escalón por encima. Ya no se plantea únicamente dónde rodar un proyecto. Se plantea dónde puede tener sentido instalar una parte mayor de una compañía.

La fusión se está defendiendo fuera del juzgado

La amenaza territorial tampoco aparece aislada.

Paramount lleva semanas intentando construir apoyos industriales alrededor de la adquisición. La compañía ha ofrecido a grandes cadenas de exhibición compromisos sobre número de estrenos y ventanas cinematográficas para reforzar el argumento de que la unión con Warner no reducirá necesariamente la oferta para las salas.

La estrategia resulta reveladora.

Paramount no necesita convencer únicamente al juez. También necesita convencer a exhibidores, trabajadores, políticos y otros actores del sector de que una compañía combinada puede producir más actividad que dos grupos separados y debilitados.

La posibilidad de abandonar California entra dentro de la misma batalla de percepciones.

Si el argumento ante los cines es “seremos mayores, pero seguiremos estrenando”, el argumento territorial es más incómodo: “si aquí no podemos operar como necesitamos, existen otros lugares”.

Hollywood puede sobrevivir como nombre aunque deje de describir un lugar

La cuestión final supera a Paramount.

Durante buena parte del siglo XX, Hollywood designaba simultáneamente una industria y un territorio. Nunca fueron exactamente lo mismo, pero la asociación era lo suficientemente estrecha como para que una palabra sirviera para las dos cosas.

Eso ha cambiado.

Una producción puede desarrollarse en Los Ángeles, rodarse en Georgia o Reino Unido, realizar efectos visuales en otro país y terminar distribuyéndose mundialmente desde una plataforma digital.

El producto sigue siendo “de Hollywood”. El trabajo puede estar repartido por medio planeta.

Por eso la posible salida de Paramount resulta relevante aunque finalmente no se produzca.

Lo significativo no es únicamente que una gran compañía pueda abandonar California. Es que utilizar esa posibilidad como amenaza ya resulte plausible.

El juicio determinará qué ocurre con la compra de Warner. Las negociaciones pueden evitar cualquier traslado. Paramount podría terminar conservando su estructura actual.

Pero California se queda con una pregunta bastante más difícil de resolver en un tribunal: cuánto puede dispersarse la industria antes de que Hollywood continúe siendo el nombre mundial del entretenimiento estadounidense, pero deje de describir el lugar donde se fabrica.

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