Howard Stern lleva más de cuatro décadas haciendo radio, pero su próximo movimiento dice bastante más sobre el futuro de la televisión que sobre el futuro de la radio. El 17 de septiembre, HBO Max empezará a estrenar semanalmente una versión filmada de The Howard Stern Show, adaptada del programa que continuará emitiéndose en SiriusXM. No es una gran serie, no necesita construir personajes durante ocho capítulos y tampoco desaparece cuando termina una temporada. La semana siguiente habrá otro.
Ese detalle aparentemente menor encaja con algo que está ocurriendo también en Netflix. La plataforma ha empezado a incorporar videopódcasts deportivos, culturales, de sucesos y entrevistas con entregas que pueden publicarse diaria o semanalmente. Junto a una película de dos horas o una ficción que regresa cada dos años aparece así otra clase de contenido: uno diseñado para volver constantemente.
El streaming pasó una década construyendo el mejor catálogo posible. Ahora necesita aprender a construir una rutina. Porque una gran serie puede conseguir que millones de personas abran una aplicación durante una semana. Conseguir que vuelvan el martes siguiente sin necesitar otra superproducción es otro problema.
Howard Stern permite a HBO Max comprar algo más difícil que una serie: una costumbre
El acuerdo anunciado por Warner Bros. Discovery tiene una estructura reveladora. Stern seguirá realizando su programa en SiriusXM y cada jueves HBO Max estrenará una adaptación audiovisual, con conversaciones, invitados, miembros del equipo y contenidos adicionales.
No conocemos el presupuesto del acuerdo ni sería serio asumir cuánto cuesta frente a una serie convencional. Pero la naturaleza industrial es distinta. HBO Max no tiene que esperar años a que un guion pase por desarrollo, reparto, rodaje y posproducción para obtener unas pocas horas nuevas.
Tiene un formato, una personalidad y una audiencia que ya existen.
Warner Bros. Discovery ha confirmado que The Howard Stern Show tendrá episodios semanales en HBO Max. El programa se estrena globalmente el 17 de septiembre y continuará cada jueves.
Eso es programación, aunque ya no haya una parrilla convencional detrás.
Durante décadas, la televisión entendió muy bien que no podía vivir únicamente de grandes acontecimientos. Necesitaba el informativo de cada noche, el concurso de cada tarde, el late night, el magazine y las caras conocidas que acompañaban al espectador incluso cuando no ocurría nada extraordinario.
El streaming hizo exactamente lo contrario. Nos enseñó a entrar porque había llegado Stranger Things, The Last of Us o La casa del dragón.
Ahora empieza a necesitar motivos para entrar cuando no ha llegado ninguna de ellas.
Netflix ya no habla solo de series y películas
El cambio es todavía más evidente en Netflix.
Su catálogo de videopódcasts incluye programas procedentes de Spotify, The Ringer, Barstool Sports e iHeart, además de producciones propias. Ahí están The Bill Simmons Podcast, The Rewatchables, Pardon My Take, My Favorite Murder o formatos construidos específicamente alrededor de nombres como Pete Davidson o Michael Irvin.
No es únicamente una ampliación de catálogo.
En mayo, Netflix describió oficialmente su propia oferta como una combinación de “series, películas, pódcasts y eventos en directo”. Y añadió otro detalle fundamental: el inventario publicitario de sus podcasts de vídeo se ampliará globalmente en 2027.
La frase importante de aquella presentación no estaba en ningún título concreto. Netflix aseguró que quería ofrecer “entretenimiento para cada momento”.
Ahí cambia la lógica.
Una película sirve para una noche. Una temporada puede llenar un fin de semana. Un partido genera un acontecimiento. Un videopódcast que publica dos veces por semana puede convertirse en costumbre.
Y una plataforma con publicidad tiene además un incentivo evidente para conseguir más momentos de consumo recurrente. Netflix ya no necesita únicamente grandes éxitos que atraigan millones de espectadores. También necesita horas en las que esos espectadores permanezcan dentro de Netflix.
Conan O’Brien muestra por qué la persona puede importar más que el programa
Conan O’Brien ayuda a comprender la otra mitad del fenómeno.
Conan O’Brien Must Go no es un podcast filmado ni responde al mismo modelo que Stern. Es un programa de viajes producido para HBO. Pero su funcionamiento empieza mucho antes de que aparezca una cámara en otro país.
La serie consiste en que Conan visite a personas a las que previamente ha conocido mediante su podcast. El programa televisivo nace de una comunidad y de una relación construidas en otro medio. HBO no necesita inventar desde cero el motivo por el que queremos pasar tiempo con Conan. Esa parte lleva décadas hecha.
Es una transformación importante porque durante la primera guerra del streaming el gran activo era la propiedad intelectual.
Disney tenía Marvel y Star Wars. Warner tenía DC y Harry Potter. Netflix necesitaba fabricar sus propios Stranger Things, Los Bridgerton o Miércoles.
Ahora aparece otra propiedad difícil de cuantificar: una persona a la que el público está dispuesto a escuchar durante una hora aunque no esté interpretando ningún personaje.
Howard Stern tiene eso. Conan O’Brien lo tiene. Bill Simmons también. Muchos grandes creadores de YouTube llevan años construyéndolo.
Y aquí las plataformas tradicionales llegan bastante tarde.

YouTube no ganó solamente por tener más vídeos
El dato español ayuda a entender qué persiguen.
YouTube ya lidera determinados indicadores de consumo audiovisual cotidiano y ha convertido el televisor del salón en una de sus pantallas naturales. Como ya mostraban los datos sobre el tiempo de visionado de YouTube en España, su ventaja no depende únicamente de que existan millones de vídeos disponibles.
Depende de que siempre haya algo nuevo.
Una entrevista. Un análisis. Un directo. Una reacción. Un podcast. Un creador que publica cada martes. Otro que aparece todos los días.
El espectador no necesita preguntarse constantemente qué serie quiere empezar. Muchas veces sabe a quién quiere ver.
Ese comportamiento es tremendamente valioso porque reduce uno de los grandes problemas del streaming: la distancia entre estrenos. Una plataforma puede gastarse cientos de millones en una ficción espectacular y comprobar después que parte de su audiencia desaparece hasta que llega la siguiente.
YouTube llena esos huecos con frecuencia.
Netflix y HBO Max empiezan a hacerlo con programación.
El streaming no está volviendo atrás: está quedándose con las dos televisiones
Sería demasiado sencillo concluir que Netflix y HBO Max están convirtiéndose otra vez en cadenas tradicionales. No es exactamente eso.
La vieja televisión tenía una limitación física: solo podía emitir una cosa cada vez. Su fortaleza era precisamente que sabía organizar esa escasez. Construía mañanas, sobremesas, prime time y late night. Creaba citas.
El streaming tiene el problema contrario. Puede ofrecer prácticamente todo al mismo tiempo, pero esa abundancia no garantiza que alguien tenga ganas de abrir la aplicación.
Por eso empiezan a converger dos modelos.
Por un lado permanece el gran catálogo bajo demanda que permitió romper con la televisión lineal. Por otro aparecen deportes en directo, entregas semanales, videopódcasts, entrevistas y programas construidos alrededor de personalidades reconocibles.
No se está recuperando necesariamente la parrilla. Se está recuperando su capacidad para fabricar hábito.
Y eso explica por qué Howard Stern resulta bastante más importante para HBO Max de lo que podría parecer viendo únicamente el nombre de un nuevo programa en el catálogo.
No tiene que convertirse en el próximo Juego de tronos.
Tiene que conseguir algo mucho más cotidiano: que llegue el jueves y alguien se acuerde de abrir HBO Max.
Las claves
- Howard Stern llegará a HBO Max el 17 de septiembre con versiones audiovisuales semanales de su programa de SiriusXM.
- Netflix ya incorpora videopódcasts con frecuencias diarias y semanales y los considera parte de su estrategia de entretenimiento y publicidad.
- La tendencia apunta a una necesidad distinta de la gran serie: crear hábito y dar motivos recurrentes para entrar en la aplicación.
- La consecuencia puede ser un streaming cada vez más híbrido, donde películas y ficciones convivan con directos, conversación, programas semanales y formatos heredados de YouTube, radio y televisión.



