‘Mother Mary’: David Lowery convierte la fama y la identidad en un musical de fantasmas exigente

Hay películas que piden ser entendidas y otras que prefieren ser sentidas. Mother Mary pertenece claramente al segundo grupo. El nuevo trabajo de David Lowery, director de A Ghost Story y El caballero verde, utiliza la figura de una estrella del pop para hablar de la identidad, la fama, la creación artística y los vínculos que se rompen cuando una persona deja de distinguir entre lo que es y lo que representa sobre un escenario.

La película llega a los cines españoles el 31 de julio de 2026 con Anne Hathaway al frente, acompañada por Michaela Coel y Hunter Schafer. Su punto de partida es sencillo: Mother Mary es una cantante mundialmente famosa que atraviesa una crisis personal y creativa cuando se acerca el último concierto de su gira. En ese momento decide recuperar el contacto con Sam Anselm, su antigua amiga y diseñadora de vestuario, una relación marcada por el abandono, el resentimiento y una intimidad difícil de definir.

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Una historia de fantasmas disfrazada de drama pop

La sinopsis oficial de A24 resume el conflicto como el reencuentro entre una estrella icónica y su antigua colaboradora en vísperas de una actuación decisiva. Lowery, sin embargo, utiliza esa premisa para construir algo mucho más abstracto. El vestido que Sam debe preparar no funciona únicamente como una pieza de vestuario: se convierte en una extensión del cuerpo de Mary y, sobre todo, en la representación visible de una identidad que lleva demasiado tiempo fabricándose de cara al público.

Ahí aparece la conexión con el cine de fantasmas del director. En Mother Mary, lo sobrenatural no se limita a provocar miedo ni busca organizar la película como un relato convencional de terror. Los espectros parecen surgir de las heridas emocionales, de los recuerdos y de todo aquello que los personajes han intentado enterrar. La película se mueve en ese territorio impreciso donde una presencia puede ser literal, simbólica o ambas cosas a la vez.

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El resultado es una obra que también incorpora elementos de thriller psicológico, melodrama, musical y fantasía religiosa. Esa mezcla puede resultar desconcertante para quien espere una historia lineal sobre una cantante en crisis, pero explica buena parte de su personalidad. Lowery no está interesado en narrar el ascenso o la caída de una diva, sino en observar qué queda de ella cuando desaparece el escenario y la imagen pública deja de servir como refugio.

Anne Hathaway encuentra el tono exacto

La interpretación de Anne Hathaway es el gran motor de la película. Mary necesita sostener dos presencias al mismo tiempo: la de una artista capaz de dominar un recinto multitudinario y la de una mujer frágil, herida y dependiente de las personas que contribuyeron a crear su iconografía. Hathaway entiende esa contradicción y evita convertir al personaje en una simple caricatura de las grandes divas de la música.

Su trabajo físico resulta especialmente importante. La actriz debe asumir la teatralidad de los conciertos, la precisión de una figura pop cuidadosamente diseñada y, al mismo tiempo, mostrar el agotamiento que existe detrás de esa perfección. Mary se comporta como alguien que ha convertido su propia personalidad en un espectáculo permanente. Cuando la película la aleja de las luces, esa seguridad se descompone de forma gradual.

La elección de Hathaway también añade una capa interesante al proyecto. Su carrera ha pasado por la comedia, el musical, el drama y el cine de gran espectáculo, y Mother Mary parece construida para reunir varias de esas facetas en una sola actuación. El director David Lowery ha explicado que buscaba una intérprete capaz de encarnar la dimensión icónica de una estrella pop sin perder su vulnerabilidad, una combinación que la protagonista sostiene con autoridad.

Michaela Coel no queda a la sombra

El duelo interpretativo con Michaela Coel evita que la película se convierta en un vehículo exclusivo para Hathaway. Sam no es una figura secundaria cuya única función consista en vestir a la protagonista. Es la persona que conoce a Mary antes de que el personaje público se apoderara de ella y, precisamente por eso, también es quien puede identificar sus contradicciones con mayor claridad.

Coel aporta una energía más contenida y terrenal. Frente a la grandilocuencia de Mary, Sam representa el trabajo artesanal, la mirada crítica y la posibilidad de crear sin necesidad de exponerse permanentemente. La relación entre ambas no se reduce a una amistad rota: hay admiración, dependencia, culpa y una lucha por recuperar el control sobre aquello que cada una aportó a la otra.

La película acierta cuando entiende que el vestuario no es un mero complemento visual. En este universo, las prendas funcionan como armadura, máscara y altar. La imaginería religiosa asociada al nombre de Mary se mezcla con referencias a la iconografía de la Virgen y Juana de Arco, creando una identidad escénica que parece sagrada y amenazante a la vez.

Una propuesta visual que exige paciencia

El principal atractivo de Mother Mary está en su capacidad para convertir cada elemento artístico en parte del relato. El diseño de producción, el vestuario, la iluminación y la música no decoran la historia: expresan el estado mental de los personajes. La película busca que el espectador perciba la fama como una experiencia casi religiosa, una forma de devoción colectiva que puede elevar a una persona y destruirla en el mismo movimiento.

La banda sonora, asociada a nombres como Charli XCX, Jack Antonoff y FKA Twigs, refuerza esa intención. Las canciones no aparecen únicamente para acompañar las actuaciones, sino que ayudan a construir la atmósfera de trance de la película. La música convierte algunos pasajes en experiencias sensoriales y empuja el relato hacia una dimensión más cercana a la ópera que al drama musical tradicional.

Ese enfoque también puede ser su mayor obstáculo. Mother Mary no explica todas sus imágenes ni resuelve cada símbolo. Hay decisiones narrativas que se sostienen mejor por su fuerza visual que por su desarrollo dramático, y el ritmo puede parecer irregular cuando la película abandona la lógica del conflicto para entregarse a la contemplación.

Una película poderosa, pero no complaciente

El riesgo de la propuesta es evidente: su ambición puede confundirse con hermetismo y algunos espectadores sentirán que el misterio pesa más que la emoción. La historia plantea cuestiones sugerentes sobre la identidad artística, pero no siempre las desarrolla de la manera más accesible. En varios momentos, Lowery parece más interesado en crear una imagen inolvidable que en conducir al público hacia una respuesta concreta.

También hay personajes que quedan infrautilizados dentro de un reparto con nombres muy llamativos. Hunter Schafer, por ejemplo, tiene una presencia limitada en comparación con la importancia que su participación puede sugerir a primera vista. No es un problema que destruya la película, pero sí una oportunidad desaprovechada en una obra que habría ganado con mayor equilibrio entre sus figuras secundarias.

Con sus excesos y sus zonas más opacas, Mother Mary confirma que David Lowery sigue interesado en explorar la frontera entre lo íntimo y lo sobrenatural. No es una película diseñada para gustar a todo el mundo ni para ofrecer una respuesta inmediata. Su fuerza está en la combinación de una Anne Hathaway entregada, una Michaela Coel magnética y una puesta en escena que convierte la crisis de una estrella en una ceremonia extraña y absorbente.

El resultado es una experiencia irregular, pero difícil de confundir con cualquier otra película reciente sobre la fama. Quien busque un biopic musical convencional probablemente se encontrará fuera de lugar. Quien acepte perderse en sus símbolos, sus canciones y sus fantasmas puede descubrir una obra tan cautivadora como incómoda, una película que entiende el espectáculo como una forma de fe y también como una posible condena.

Gonzalo Pérez es redactor de ActualTV especializado en redes sociales, comunicación digital y tendencias de consumo audiovisual. Su trabajo analiza cómo las plataformas sociales, los creadores de contenido y las nuevas comunidades digitales están transformando la manera en que se descubre, comenta y consume el entretenimiento.

En ActualTV escribe sobre redes sociales, estrategias digitales, fenómenos virales, creadores, plataformas y su influencia en la televisión, el streaming y la cultura audiovisual. Su enfoque combina actualidad, análisis de tendencias y contexto para explicar cómo la conversación digital impacta en los programas, las marcas de entretenimiento y las audiencias en España.

Gonzalo Pérez

Gonzalo Pérez es redactor de ActualTV especializado en redes sociales, comunicación digital y tendencias de consumo audiovisual. Su trabajo analiza cómo las plataformas sociales, los creadores de contenido y las nuevas comunidades digitales están transformando la manera en que se descubre, comenta y consume el entretenimiento. En ActualTV escribe sobre redes sociales, estrategias digitales, fenómenos virales, creadores, plataformas y su influencia en la televisión, el streaming y la cultura audiovisual. Su enfoque combina actualidad, análisis de tendencias y contexto para explicar cómo la conversación digital impacta en los programas, las marcas de entretenimiento y las audiencias en España.