La película que se estrena este año y que va a revolucionar el cine

En julio de 2026, Christopher Nolan estrenará una película con un presupuesto cercano a los 250 millones de dólares. No será una secuela. No pertenecerá a una franquicia. No habrá superhéroes ni universos compartidos.

Será La Odisea, un poema épico compuesto hace casi tres mil años.

Ese dato, por sí solo, explica más sobre el momento que atraviesa la industria del cine que muchos debates interminables sobre el streaming, las ventanas de exhibición o la supuesta muerte de las salas. Nolan no solo prepara una película. Está enviando un mensaje claro y deliberado.

@actualtves Christopher Nolan estrena en julio 'La Odisea', que promete ser un acontecimiento en cines. #cine #películas #hollywood #entretenimiento ♬ sonido original – ActualTV

El poder de elegir y elegir lo incómodo

Nolan llega a este proyecto tras ganar el Oscar con Oppenheimer, consolidado como uno de los pocos directores capaces de llenar salas solo con su nombre. Ese prestigio le ha permitido negociar una libertad creativa casi total con Universal Pictures.

Podría rodar cualquier cosa. Literalmente.
Y decide adaptar a Homero.

La película se rodará en seis países, con un fuerte énfasis en localizaciones reales y con tecnología IMAX de gran formato. El uso de efectos digitales existe, pero no es el eje central del proyecto. En un Hollywood obsesionado con repetir fórmulas probadas, la decisión suena a locura. O a algo más peligroso para el statu quo.

Apostar por una historia que ha sobrevivido a imperios enteros no es nostalgia. Es una declaración.

Cine frente a contenido

Mientras plataformas como Netflix estrenan decenas de películas cada mes que se consumen y se olvidan con la misma rapidez, los grandes estudios exprimen franquicias que ya dijeron todo lo que tenían que decir.

Nolan hace lo contrario.
Vuelve al mito fundacional.

No para modernizarlo de forma superficial, sino para recordar algo esencial: el cine no está pensado para acompañar el scroll infinito. Está pensado para detenerlo. Para obligar al espectador a mirar, escuchar y quedarse.

En una industria donde el término “contenido” ha sustituido al de “obra”, la elección de La Odisea resulta casi provocadora.

La Odisea no compite con una serie

Esta adaptación no compite con la serie de moda del mes ni con el estreno semanal dictado por el algoritmo. Compite con una idea mucho más incómoda para el modelo actual: que el cine deba resignarse a ser ruido de fondo.

Nolan no está haciendo una película para verla en el móvil mientras se cena.
Está haciendo una película que exige atención.

Que reserves una fecha.
Que compres una entrada.
Que entres en una sala oscura y apagues el teléfono.

En 2026, ese gesto roza lo político.

IMAX, 70 mm y la experiencia colectiva

El uso del formato IMAX de 70 milímetros no es un capricho técnico ni una obsesión personal del director. Es una postura creativa y filosófica. Ese formato obliga a mirar de otra manera, a aceptar que la experiencia no es intercambiable ni reducible a una pantalla doméstica.

No todo está diseñado para la multitarea.

Y La Odisea, con su viaje interminable, sus pruebas, sus dioses imprevisibles y su héroe errante, encaja de forma casi perfecta con esa visión. Es un relato que pide tiempo, paciencia y presencia, justo lo que el consumo audiovisual contemporáneo intenta eliminar.

El viaje de Ulises como espejo del espectador moderno

Ulises tarda años en regresar a casa. Se pierde, se equivoca, resiste tentaciones y paga el precio de su orgullo. No hay atajos. No hay recompensas inmediatas.

Ese viaje conecta de forma sorprendente con el espectador actual, acostumbrado a narrativas rápidas y estímulos constantes. La Odisea propone lo contrario: una experiencia prolongada, exigente y transformadora.

Nolan no elige este texto por casualidad. El viaje de Ulises es también una metáfora del propio cine cuando se niega a simplificarse.

La gran ironía del proyecto

Existe una ironía fascinante en todo esto. El director más rentable de Hollywood defiende el futuro del cine recurriendo a una historia que se transmitía de forma oral, de generación en generación.

Los griegos entendían algo fundamental: las grandes historias no se consumen, se experimentan. No estaban pensadas para distraer, sino para permanecer. Para ser recordadas y contadas una y otra vez.

Ese espíritu choca frontalmente con la lógica actual del consumo rápido.

Más que una película de 250 millones

La Odisea de Nolan no es solo una superproducción con cifras descomunales. Es una pregunta incómoda lanzada a la industria:

¿Queremos hacer cine que dure un fin de semana
o cine que dure tres mil años?

La comparación no es exagerada. Invertir 250 millones en una historia sin marca previa, sin universo compartido y sin promesa automática de secuelas desafía todo lo que hoy se considera seguro en Hollywood.

El cine como acontecimiento irrepetible

Durante años se ha repetido que el cine debe adaptarse a los nuevos hábitos de consumo. Nolan propone lo contrario: crear obras que obliguen a cambiar el hábito.

Películas que no se puedan pausar sin perder algo esencial.
Que no funcionen igual en pantallas pequeñas.
Que reclamen silencio, oscuridad y comunidad.

Ese es el verdadero riesgo de La Odisea. Recordar al espectador lo que el cine puede ser cuando no intenta parecerse a nada más.

Volver al origen para mirar al futuro

A veces, el futuro del cine no está en la tecnología más reciente ni en el algoritmo más preciso. Está en volver al origen, a las historias que han demostrado, siglo tras siglo, que siguen teniendo algo que decir.

Nolan ya ha elegido su bando.
Y lo ha grabado en 70 milímetros para que no haya dudas.

Porque aunque cueste un cuarto de billón de dólares, hay ideas que merece la pena defender. Y una de ellas es sencilla y radical a la vez: cuando el cine es verdadero cine, no se olvida al día siguiente. Se queda contigo. Como los grandes mitos.

Redactora de ActualTV especializada en televisión.

María López

Redactora de ActualTV especializada en televisión.