El entramado inmobiliario del “Hollywood europeo” en Madrid: quién gana con el hub audiovisual

En la conversación pública, el “hub audiovisual” se cuenta casi siempre como una historia de talento, pantallas y alfombras rojas. Pero, cuando se sigue el rastro del dinero, la trama cambia de escenario: el gran beneficiario estructural no es solo el ecosistema creativo, sino el ladrillo que lo soporta (platós, campus, residencias temporales, alquiler corporativo y vivienda prime). 

España diseñó, además, una arquitectura de incentivos para atraer rodajes internacionales: el plan “Spain, Audiovisual Hub of Europe” (2021–2025) moviliza recursos públicos estimados en 1.603 millones de euros y fija como objetivo aumentar un 30% la producción audiovisual hecha en el país.  Ese empuje, en la práctica, está alimentando una cadena de valor donde el gasto en “producción local” incluye partidas que pisan directamente el terreno inmobiliario (alojamiento, dietas, alquileres de localizaciones, alquileres de instalaciones técnicas). 

Este reportaje reconstruye, con documentación pública y datos oficiales, el doble tablero: por un lado, el negocio del suelo y de los metros cuadrados de plató; por otro, el mercado residencial de lujo (al norte y en el centro) que absorbe y monetiza la presión de una industria globalizada.

Cómo Madrid se convirtió en un polo audiovisual de escala europea

El salto de Madrid en el mapa audiovisual no se entiende solo por su capacidad creativa; también por su capacidad logística: permisos, conectividad, parque hotelero, concentración de empresas y, sobre todo, infraestructura de producción.  En 2025, la propia Madrid Film Office contabiliza en la ciudad al menos 71 películas de ficción, 52 series y más de 410 anuncios dentro de un total superior a 1.025 proyectos de media y gran envergadura; además, recoge 11.001 solicitudes de rodaje en vía pública y 3.708 permisos, más 7.293 “actos comunicados” vinculados a la ocupación del espacio público. 

El peso empresarial también es muy concentrado: según ese mismo “Madrid en datos”, la ciudad/región acumula aproximadamente el 29% de las empresas activas en los CNAE 59 y 60 (2.995 empresas), el 75% de la cifra de negocios (9.177 millones de euros) y el 47,25% del personal ocupado (27.535 personas) respecto al total nacional (con matices metodológicos: empresas 2024; personal y cifra de negocios 2023). 

En paralelo, la Comunidad de Madrid publicó a finales de 2025 su plan estratégico audiovisual 2026–2029: presupuesto de más de 10 millones anuales y unos 40 millones en el periodo, con 45 medidas.  El propio documento cuantifica el impacto económico regional del sector: un VAB directo estimado en 2.306 millones de euros en 2024, y una contribución económica total (directa+indirecta+inducida) por encima de 7.200 millones (7.237 millones en el gráfico del plan), equivalente a alrededor del 2,6% del PIB regional; en empleo, atribuye casi 30.000 puestos directos y más de 100.000 empleos equivalentes a jornada completa en total (sumando efectos indirectos e inducidos). 

La llegada y expansión de Netflix operó como símbolo —y como ancla operativa—. En 2018, medios sectoriales ya describían la creación en Tres Cantos de un campus (Ciudad de la Tele) de 22.000 m², gestionado por un grupo local, como la primera gran base europea para producción de series y películas.  En 2022, la ampliación del centro elevó la capacidad de platós de cinco a diez e incorporó un espacio multipropósito de más de 22.000 m² con áreas de oficinas y servicios de producción (maquillaje, peluquería, vestuario), además de una implantación tecnológica (edición remota) que la compañía presentó como pionera en España. 

En otras palabras: Madrid no es solo “un lugar donde se rueda”; es cada vez más un lugar donde se instala infraestructura permanente. Y esa permanencia es, en esencia, un negocio inmobiliario.

El hub también es ladrillo: quién posee y monetiza los metros cuadrados de plató

El ejemplo más clarificador de la capa inmobiliaria del “Hollywood europeo” madrileño es Madrid Content City: no solo un conjunto de platós, sino un desarrollo terciario con lógica de parque empresarial, instalaciones técnicas, servicios y “amenities” vinculados al contenido. 

En 2021, el organismo de atracción de inversión del Estado explicó públicamente la entrada de H.I.G. Capital en el accionariado del proyecto (40% a través de una ampliación de capital) y describió el complejo (a plena operación) con 12 estudios de grabación, edificios de oficinas, una universidad orientada a contenidos con miles de plazas y una residencia de estudiantes, además de edificios auxiliares y oferta de restauración, comercio y auditorio; el planteamiento era competir en escala europea (se citaba la ambición de convertirse en uno de los mayores centros del continente). 

La operación es relevante por dos motivos:

Primero, porque muestra el “secreto a voces” del boom audiovisual: la infraestructura se financia y se gestiona como real estate, con alquileres a largo plazo y expectativas de revalorización del activo. En octubre de 2024, H.I.G. comunicó que un afiliado suyo había completado la construcción del complejo (140.000 m²) y subrayó que contaba con inquilinos multinacionales con contratos a largo plazo, “integrated services” de producción y posproducción y una universidad vinculada a estudios de medios. 

Segundo, porque confirma que el “hub” no es una metáfora: es una pieza inmobiliaria concreta. Y, como cualquier pieza inmobiliaria de gran formato, atrae operaciones corporativas y especulación sobre valor. En 2022, prensa especializada del sector inmobiliario informó de un proceso de venta del complejo con un precio orientativo en el entorno de 400–420 millones de euros y la supuesta existencia de ofertas de grandes firmas internacionales.  (No hay, en esas fuentes, una confirmación pública de cierre de esa venta; lo que sí consta es la finalización del activo y su narrativa como plataforma de alquileres a largo plazo). 

Este patrón (plataforma creativa = activo inmobiliario) está alineado con lo que detecta el estudio de Olsberg•SPI para Spain Film Commission y PROFILM: la inversión internacional atraída por incentivos y rodajes se traduce en crecimiento de infraestructura de estudios.  En ese mismo informe se menciona, por ejemplo, el componente formativo asociado al hub (escuelas y programas) y se cita un campus vinculado al propio complejo madrileño. 

Si se pregunta “quién se está forrando de verdad” con el hub, el primer círculo de respuesta —documentable con nombres y estructuras— está aquí: propietarios, promotores, fondos y gestores del suelo productivo (el “plató permanente”), que monetizan alquileres a largo plazo y retornos por valorización del activo.

Madrid se ha convertido en un centro de rodaje clave a nivel mundial

El dinero fuera de cámara: incentivos fiscales, gasto “local” y la puerta inmobiliaria del alojamiento

El segundo círculo del entramado es menos visible y, precisamente por eso, más interesante: el gasto corriente de producción que termina pagando noches, alquileres, dietas y, en el extremo, villas de alta gama para alojar equipos, directivos o talento creativo.

La deducción fiscal clave para producciones extranjeras (art. 36.2 de la Ley del Impuesto sobre Sociedades) se articula como un incentivo a gastos incurridos en territorio español por el productor/ejecutor registrado. La Agencia Tributaria resume elementos esenciales: base compuesta por gastos de personal creativo con residencia fiscal en España/EEE y gastos por uso de industrias técnicas y otros proveedores; mínimo de gasto en España (1 millón; 200.000 en animación), un coste mínimo de producción (2 millones), un porcentaje de deducción (30% sobre el primer millón de base y 25% sobre el exceso), con límite máximo de 20 millones por producción (10 millones por episodio en series) y un tope de intensidad de ayuda (50% del coste de producción con el resto de ayudas). 

En paralelo, para aplicar el incentivo se exige —entre otros requisitos— un certificado cultural emitido por el Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (o el órgano autonómico competente), y obligaciones de reconocimiento en créditos y autorización de uso en materiales promocionales con fines culturales o turísticos. 

Un punto clave para este reportaje es que el perímetro de “gasto elegible” no se agota en lo estrictamente técnico. El manual de la Spain Film Commission sobre incentivos fiscales (2025) precisa que la doctrina administrativa ha incluido en la base conceptos directamente conectados con producción, y lista partidas relevantes: alojamiento y manutención del personal involucrado, costes de transporte o relocationalquiler de estudios y localizaciones de rodaje, e incluso alquiler/compra de equipamiento y mobiliario directamente relacionado con producción, además de permisos. 

Esto no significa, por sí mismo, “fraude inmobiliario”. Sí significa que, a efectos económicos, parte del incentivo puede terminar subvencionando —indirectamente, vía gasto de producción— consumos en segmentos de alojamiento y alquiler que van desde hoteles hasta vivienda corporativa, incluidos activos prime si la producción decide alojar equipos en zonas y productos premium. 

¿De cuánto dinero hablamos? El primer estudio del impacto económico de los incentivos a rodajes internacionales (Olsberg•SPI, 2024) estima que, entre 2019 y 2022, 165 producciones internacionales beneficiadas gastaron al menos 1.320 millones de euros en España y ese gasto generó un mínimo estimado de 1.795 millones de euros en aportaciones de VAB, además de sostener una media anual de 7.080 empleos equivalentes a tiempo completo en toda la economía, con un ROI del VAB de 9,0 (nueve euros de valor económico adicional por cada euro “invertido” vía incentivo). 

La geografía del gasto también sitúa a Madrid como polo dominante: más del 70% del gasto incentivado de la muestra del estudio se concentró en cuatro áreas, con la Comunidad de Madrid encabezando con 194,8 millones de euros gastados por 31 producciones (muestra 2019–2022), por delante de Cataluña, Canarias y Andalucía. 

Este es el punto donde el audiovisual y el real estate se solapan de forma práctica: si decenas de producciones de alto presupuesto gastan cientos de millones en una región, y dentro de los conceptos elegibles figuran alojamiento, manutención, transporte y alquileres de localización, entonces el mercado inmobiliario y el alojamiento “reciben” parte del impulso como demanda adicional. 

El propio informe Olsberg•SPI añade un matiz delicado para cualquier investigación: recoge que empresas y productores expresaron preocupación por la ambigüedad sobre la elegibilidad de algunos gastos, abierta a interpretación, así como por los tiempos de respuesta para clarificar dudas. 

Implicaciones y puntos ciegos: la transparencia como la gran batalla pendiente

La historia de Madrid como hub audiovisual se está escribiendo con cifras de impacto económico, empleo y reputación internacional.  Pero el capítulo inmobiliario —quién captura rentas, quién se beneficia del gasto “local”, quién controla los activos físicos— sigue siendo el menos transparente y, por tanto, el más expuesto a sospechas.

El informe Olsberg•SPI plantea una recomendación que debería estar en el centro del debate democrático: publicar datos más completos del incentivo (importe pagado, gasto elegible asociado, fecha de pago y, idealmente, gasto total de producción en el país y año del gasto), como condición para evaluar el impacto de manera más sólida.  En la misma línea, el informe recoge tensiones sobre elegibilidad de gastos y necesidad de coordinación entre administraciones para responder con claridad. 

Si se quiere responder con rigor a preguntas como “¿cuánto del boom audiovisual termina inflando el alquiler premium?” o “¿qué parte del gasto incentivado se va a alojamiento y en qué rangos?”, el debate necesita un salto de calidad: pasar de titulares a trazabilidad.

Mientras tanto, el mapa de ganadores más consistente con datos públicos está razonablemente claro:

  • Propietarios y financiadores de infraestructura de estudios (rentabilizan alquileres de largo plazo y valorización del activo). 
  • Propietarios y gestores del alojamiento temporal profesionalizado (flex living, corporate housing, alquiler temporal), un segmento en expansión con inversión institucional. 
  • Mercado prime residencial (La Moraleja y Salamanca como escenarios de revalorización y escasez), donde la demanda global y la limitada oferta empujan precios. 

Y también hay perdedores y fricciones: en la ciudad, el aumento de rodajes puede generar conflictos de convivencia y presión sobre el espacio público, según ha documentado la prensa, abriendo otra dimensión del coste local del “Madrid plató”. 

La gran conclusión —conservadora, pero apoyada en datos— es que el “Hollywood europeo” madrileño no solo se rueda: se construye, se alquila y se capitaliza. Y, en esa capitalización, el ladrillo (platós y vivienda premium) aparece como una de las cajas registradoras más estables del fenómeno. 

Ricardo Ducazcal es el editor y fundador de ActualTV, que fundó en 2018. Cubre la actualidad de la industria audiovisual y cultural con un enfoque editorial que combina la dimensión empresarial del entretenimiento (estrategias, movimientos corporativos y modelos de negocio) con su impacto creativo y cultural. Su trabajo se centra en ofrecer contexto, análisis y criterio propio sobre las tendencias que marcan el presente y el futuro del sector.

Ricardo Ducazcal Adiego

Ricardo Ducazcal es el editor y fundador de ActualTV, que fundó en 2018. Cubre la actualidad de la industria audiovisual y cultural con un enfoque editorial que combina la dimensión empresarial del entretenimiento (estrategias, movimientos corporativos y modelos de negocio) con su impacto creativo y cultural. Su trabajo se centra en ofrecer contexto, análisis y criterio propio sobre las tendencias que marcan el presente y el futuro del sector.