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Crítica de ‘El ser querido’: un duelo tenso entre padre e hija al que le falta emoción

La crítica de 'El ser querido' destaca la tensión del duelo entre padre e hija, pero cree que la película no alcanza toda la emoción que promete.

El ser querido parte de una situación cargada de electricidad: un director de cine consagrado intenta recuperar el vínculo con la hija a la que lleva años sin ver y decide incorporarla a su nueva película. Rodrigo Sorogoyen convierte ese reencuentro en un campo de batalla emocional donde cada conversación parece esconder una amenaza y cada gesto puede reabrir una herida. El resultado es un drama adulto, incómodo y de notable intensidad formal que confía tanto en la tensión que, por momentos, deja sus emociones fuera de plano.

La película, protagonizada por Javier Bardem y Victoria Luengo, se mueve entre el conflicto familiar y el rodaje de una superproducción ambientada en el Sáhara colonial de 1932. Esa doble dimensión no funciona como simple decorado. El set se convierte en una extensión de la relación entre ambos personajes: un espacio dominado por jerarquías, egos y decisiones que recaen sobre una única figura de autoridad.

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Un padre que pretende dirigir también su pasado

Esteban Martínez es un cineasta de prestigio, ganador de dos premios Óscar y convertido en una institución dentro de su oficio. Su reputación, sin embargo, convive con un historial de excesos y comportamientos violentos que ha dejado consecuencias en su entorno. Cuando busca a su hija para ofrecerle un papel protagonista, no está únicamente intentando completar un reparto: también parece querer recuperar el control de una relación que abandonó hace más de una década.

Ahí se encuentra el núcleo más interesante de El ser querido. Esteban utiliza las herramientas que domina —la puesta en escena, la interpretación, la manipulación del tiempo y la construcción de relatos— para acercarse a alguien a quien no sabe hablarle directamente. La película plantea así una pregunta incómoda: ¿puede un hombre acostumbrado a transformar la realidad en ficción enfrentarse a una verdad que no puede editar?

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La hija, interpretada por Victoria Luengo, no aparece como una figura pasiva dentro del proceso de reconciliación. Su personaje llega al rodaje con una memoria distinta de la de su padre y con razones suficientes para desconfiar de cualquier gesto de afecto. La convivencia profesional les obliga a compartir espacio, pero no borra el desequilibrio de poder. Esteban sigue siendo el director, el hombre que decide cuándo empieza una escena y cuándo termina; ella sigue siendo la actriz que debe exponerse ante su mirada.

La tensión nace de lo que los personajes no consiguen decir

Sorogoyen construye buena parte de la película a partir de silencios, conversaciones interrumpidas y frases que nunca terminan de explicar lo ocurrido. No hay una exposición cómoda del trauma ni una cronología destinada a ordenar la relación entre padre e hija. El espectador debe reconstruirla a partir de indicios, cambios de actitud y recuerdos que se contradicen.

Esta elección exige atención, pero también explica tanto las virtudes como las limitaciones de la película. En sus mejores pasajes, la incertidumbre resulta productiva: nunca está claro si una conversación es una tentativa sincera de acercamiento o una nueva forma de dominio. La cámara observa los rostros desde muy cerca y convierte cada pausa en una posible detonación. La incomodidad no llega solo por lo que sucede, sino por la sensación de que los personajes están interpretando incluso cuando creen estar siendo honestos.

El director mantiene esa presión mediante una puesta en escena muy controlada. Los encuadres cerrados reducen el espacio de respiración y los cambios visuales subrayan la frontera entre la experiencia personal y la película que los protagonistas están rodando. El recurso encaja con el tema, aunque en algunos momentos se percibe demasiado visible: la forma reclama atención cuando debería limitarse a acompañar el conflicto.

El cine dentro del cine no es aquí un refugio

La película utiliza el rodaje para hablar del poder que se concentra alrededor de un director. Cada decisión artística tiene consecuencias personales y cada conflicto íntimo puede alterar el trabajo de decenas de personas. En ese entorno, la autoridad creativa se confunde fácilmente con la impunidad. Esteban está acostumbrado a que su visión sea la última palabra, pero su hija no acepta que esa lógica se aplique también a la relación familiar.

El proyecto ambientado en el Sáhara introduce además una capa política y cultural que la historia no desarrolla siempre con la misma profundidad. La película apunta a la representación de un territorio colonial, a la imagen que el cine fabrica sobre otras realidades y a la tensión entre convertir una experiencia histórica en material artístico o utilizarla como telón de fondo para un drama de prestigio.

También aparece la relación de Esteban con los medios de comunicación, más interesados en sus escándalos y en su vida privada que en su trayectoria profesional. El personaje vive rodeado de mecanismos de protección y de una exposición pública que ha aprendido a controlar. Esa dimensión conecta con una cuestión reconocible en la industria audiovisual: la facilidad con la que el talento puede convertirse en una excusa para no mirar de frente los daños que deja a su alrededor.

Javier Bardem y Victoria Luengo sostienen el duelo

Javier Bardem encuentra en Esteban un personaje capaz de resultar seductor, intimidatorio y vulnerable sin que esas facetas aparezcan perfectamente separadas. Su trabajo se apoya en cambios mínimos: una mirada que se endurece, un gesto de cansancio o una ternura que llega demasiado tarde. El actor entiende que el personaje no debe pedir disculpas de forma transparente, porque buena parte de su conflicto nace precisamente de no saber abandonar la posición de poder.

Victoria Luengo responde con una interpretación menos expansiva y más defensiva. Su personaje mide cada acercamiento y mantiene una distancia que el guion nunca presenta como simple frialdad. Hay rabia, deseo de reconocimiento y necesidad de cerrar una herida, pero también una resistencia clara a permitir que el padre convierta su regreso en una escena diseñada a su medida.

La química entre ambos es el motor del filme. No se trata de una relación basada en la complicidad inmediata, sino en una atracción emocional contradictoria: quieren entenderse y, al mismo tiempo, saben que hacerlo puede obligarles a reconocer versiones de sí mismos que preferirían mantener ocultas.

Una película que acumula tensión y arriesga demasiado con su desenlace

El principal problema de El ser querido aparece cuando toda esa acumulación debería desembocar en una transformación clara. Sorogoyen prolonga los enfrentamientos y mantiene abiertas varias líneas de conflicto, pero la resolución no siempre está a la altura de la promesa planteada durante sus dos horas y cuarto de duración.

La ambigüedad puede ser una virtud en un drama sobre la culpa, la memoria y las relaciones rotas. Aquí, sin embargo, algunas decisiones dejan la impresión de que la película confía demasiado en que la intensidad formal sustituya al desarrollo emocional. Se comprenden los daños, se percibe el peso del pasado y se identifican las dinámicas de control, pero no siempre se siente la evolución interna que debería unir esos elementos.

Eso no convierte a la película en un ejercicio vacío. Sus mejores escenas tienen una fuerza indiscutible y el enfrentamiento entre Bardem y Luengo ofrece material suficiente para sostener una experiencia tensa y exigente. Pero el drama parece más interesado en mantener la herida abierta que en mostrar qué hacen sus personajes con ella. El ser querido sabe filmar el dolor, aunque no siempre encuentra la manera de convertirlo en emoción compartida.

La nueva película de Rodrigo Sorogoyen queda, por tanto, como una propuesta ambiciosa sobre el abuso de poder, la familia y la forma en que el cine puede deformar la vida de quienes lo hacen. Su atmósfera, sus interpretaciones y su control de la tensión dejan huella; su tramo final, en cambio, puede provocar más preguntas de las que la propia historia parece preparada para responder.

Pedro Fuentes
Pedro Fuenteshttps://actualtv.es/author/pfuentes/
Pedro Fuentes es periodista y redactor de ActualTV especializado en televisión, series, entretenimiento y plataformas de streaming. Cubre estrenos, renovaciones, cancelaciones, programación, realities, formatos de prime time, novedades de plataformas y actualidad audiovisual en España. Ha trabajado en distintas revistas y periódicos digitales españoles, donde ha seguido la evolución de la televisión tradicional, el auge del streaming y los cambios en la forma en que el público consume contenidos de entretenimiento. En ActualTV combina actualidad, contexto y análisis para explicar qué series, programas y plataformas están marcando la conversación audiovisual.
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