Breaking Bad ocupa el primer puesto de la selección de las 100 mejores series del siglo XXI elaborada por The New York Times. El listado, construido a partir de una encuesta a más de 500 personalidades del sector audiovisual, no funciona como una clasificación de audiencia: propone una lectura sobre qué series han definido la televisión de las últimas décadas.
El resultado reúne dramas criminales, sátiras políticas, comedias, relatos de fantasía y ficciones de marcado carácter experimental. Su interés está menos en resolver de forma definitiva cuál es la mejor serie de la historia que en mostrar qué modelos narrativos han ganado prestigio mientras la televisión pasaba del dominio de las cadenas y el cable a la convivencia con el streaming.
Un ranking que habla tanto de HBO como de sus series
La primera conclusión salta a la vista: HBO coloca cinco títulos entre los diez primeros puestos. The Wire, Succession, Juego de Tronos, Veep y Curb Your Enthusiasm representan etapas y tonos muy distintos, pero comparten una idea de televisión basada en la identidad de marca, la libertad creativa y la apuesta por temporadas con una voz reconocible.
The Wire convirtió Baltimore en un mapa de instituciones conectadas por la desigualdad y la burocracia. Succession trasladó la tragedia familiar al corazón de un conglomerado mediático, mientras Juego de Tronos demostró que una producción de fantasía podía convertirse en un acontecimiento global con una escala de superproducción.
Las dos comedias completan una imagen especialmente significativa. Veep y Curb Your Enthusiasm no aparecen como simples piezas ligeras frente a los grandes dramas: el ranking las trata como obras capaces de construir una mirada propia sobre la política, las convenciones sociales y el ego de sus personajes. El humor también forma parte del canon televisivo del siglo XXI.
La lista no pertenece solo a la era del streaming
Otro aspecto relevante es que el top 10 no puede leerse como una celebración exclusiva de Netflix, Prime Video o cualquier otra plataforma. Breaking Bad fue emitida originalmente por AMC; Mad Men también nació en esa cadena; 30 Rock llegó desde NBC; Atlanta fue una producción de FX, y Fleabag tuvo su recorrido ligado a la televisión británica antes de alcanzar una audiencia internacional a través del ecosistema digital.
Esta mezcla desmonta una simplificación habitual: la llamada revolución del streaming no sustituyó de un día para otro a la televisión tradicional. Muchas de las series que hoy se consumen bajo demanda fueron concebidas para cadenas de cable, canales generalistas o televisiones públicas, y después encontraron una segunda vida gracias a la distribución global.
Por eso la selección sirve también como una pequeña cronología industrial. La televisión de autor de HBO convive con la comedia de NBC, el drama de AMC, la experimentación de FX y el nuevo modelo de circulación internacional que las plataformas ayudaron a consolidar.
El top 10 completo: una mezcla de géneros y generaciones
Este es el orden de las diez primeras posiciones, presentado como parte de una lista de 100 títulos:
- Breaking Bad
- The Wire
- Mad Men
- Succession
- Fleabag
- Juego de Tronos
- Veep
- 30 Rock, conocida en España como Rockefeller Plaza
- Curb Your Enthusiasm
- Atlanta
El orden también revela una convivencia poco habitual entre títulos de larga tradición televisiva y obras más recientes. Mad Men, 30 Rock y Curb Your Enthusiasm pertenecen a una generación en la que la emisión semanal seguía siendo central, mientras que Fleabag y Atlanta representan una etapa en la que una serie puede circular entre mercados y públicos muy distintos sin depender de una única parrilla.
De la transformación moral a la transformación de la forma
Breaking Bad lidera el ranking con una historia aparentemente clásica de caída moral: Walter White pasa de profesor de instituto enfermo a figura criminal cada vez más poderosa. Sin embargo, su presencia en el primer puesto también resume una transformación formal: la televisión empezó a confiar en que el espectador siguiera durante años los cambios graduales de un personaje sin necesitar una redención inmediata.
En The Wire, el protagonista real no es una persona concreta, sino el funcionamiento de una ciudad. Mad Men utiliza el mundo de la publicidad para observar el cambio social de los años sesenta; Atlanta mezcla humor, pesadilla y comentario racial; y Fleabag utiliza la ruptura de la cuarta pared para convertir la intimidad en una conversación incómoda con el público.
Son estrategias muy diferentes, pero comparten una característica: la serie dejó de entenderse como una historia estirada y empezó a reivindicarse como una forma narrativa con reglas propias. La duración, la estructura por temporadas y la posibilidad de desarrollar personajes secundarios permitieron abordar conflictos que una película difícilmente podría desplegar con el mismo detalle.
Por qué importa que estén juntas
Una lista de este tipo siempre puede generar desacuerdos. Faltan títulos que muchos espectadores considerarían esenciales y cualquier selección depende de quién vota, de qué se entiende por influencia y de cuánto peso se concede a la popularidad frente a la innovación.
Precisamente por eso resulta más útil leerla como un retrato de una época que como una sentencia definitiva. El canon elegido por The New York Times reconoce el crimen, la política, la fantasía y la sátira, pero también la comedia incómoda, la mirada de autor y las historias centradas en personajes que no buscan caer bien.
La posición de Breaking Bad resume el consenso más visible, pero la verdadera noticia está en el conjunto: las mejores series del siglo XXI, según esta votación, no pertenecen a un único canal ni responden a un solo género. Son el resultado de una televisión que aprendió a competir con el cine sin dejar de ser televisión.




