De los pasillos virales al mayor taquillazo de A24: ‘Backrooms’ recauda 389 millones con 10 de presupuesto

El terror de internet acaba de encontrar su gran fenómeno cinematográfico. Backrooms, la película de A24 dirigida por Kane Parsons, ha superado los 389 millones de dólares en la taquilla mundial con un presupuesto de producción de apenas 10 millones. La cifra convierte a la adaptación en uno de los grandes bombazos del año y demuestra que una idea nacida en los márgenes de la cultura digital puede terminar compitiendo de tú a tú con las franquicias más conocidas de Hollywood.

El dato resulta todavía más llamativo por el perfil de su director. Parsons, conocido en internet como Kane Pixels, dio sus primeros pasos creando vídeos con herramientas de animación 3D y construyendo una versión propia del universo de los backrooms. A24 encontró en aquel trabajo una identidad visual reconocible y decidió trasladarla a la gran pantalla sin diluir su esencia. El resultado ha sido una película capaz de atraer tanto a los seguidores de la mitología online como a espectadores que se acercan por primera vez a este universo.

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De una imagen viral a una película capaz de llenar las salas

El concepto de los backrooms nació alrededor de una imagen de pasillos amarillentos, moqueta gastada y luces fluorescentes que parecían prolongarse hasta el infinito. La fuerza de aquella fotografía estaba precisamente en su sencillez: no mostraba un monstruo ni una amenaza concreta, pero sugería que algo podía esconderse fuera de campo. El miedo procedía del espacio, de la repetición y de la sensación de haber caído en un lugar que no debería existir.

La propuesta de Parsons conectó con esa inquietud y la convirtió en una experiencia audiovisual. Sus cortos, realizados con una combinación de modelado digital, animación y estética de metraje encontrado, ampliaron la idea original hasta transformarla en una mitología con reglas, criaturas y diferentes niveles de realidad. La película de A24 parte de ese imaginario, aunque lo adapta al lenguaje de un largometraje y lo articula alrededor de una historia propia.

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El fenómeno también confirma el valor de las comunidades digitales como espacios donde pueden surgir nuevas propiedades de entretenimiento. Durante años, los estudios han buscado conceptos reconocibles en cómics, videojuegos, novelas y marcas consolidadas. Backrooms representa otra vía: una creación nacida de la conversación online, desarrollada por un autor que ya tenía una audiencia y convertida después en una producción cinematográfica.

El éxito de A24 que cambia la percepción del terror de bajo presupuesto

La recaudación de la película no solo beneficia a Kane Parsons. También supone un golpe sobre la mesa para A24, una compañía que ha construido buena parte de su identidad alrededor del cine de autor, el terror y las propuestas difíciles de clasificar. Con estos resultados, Backrooms se sitúa como el mayor éxito comercial de la historia del estudio y confirma que una película de apariencia experimental puede alcanzar un público masivo si encuentra el tono adecuado.

Los datos de taquilla reflejan una distancia extraordinaria entre la inversión inicial y los ingresos obtenidos. Eso no significa que toda la recaudación se convierta directamente en beneficios, ya que las salas, la distribución y la promoción también participan en el reparto de ingresos, pero sí deja clara la magnitud del fenómeno: pocas películas de terror contemporáneas han multiplicado de esta manera su presupuesto en tan poco tiempo.

El caso recuerda a otros éxitos que demostraron que el género no necesita grandes presupuestos para generar conversación. El proyecto de la bruja de Blair y Paranormal Activity ya habían construido parte de su impacto sobre la sensación de autenticidad y la economía de recursos. La diferencia ahora está en el origen del proyecto. Parsons no llegó a la industria con una novela publicada o una saga previa, sino con una comunidad digital interesada en su particular forma de entender el terror.

Kane Parsons, la pieza que A24 no podía sustituir

La principal decisión de la producción fue mantener a Parsons al frente de la película. En lugar de contratar a un director más veterano para convertir el concepto en un producto convencional, A24 apostó por la persona que había ayudado a definir su estética. Esa elección resulta esencial para entender por qué Backrooms no se siente como una adaptación genérica de una tendencia de internet.

La película conserva elementos asociados a los vídeos originales: la cámara inquieta, la textura imperfecta, los espacios que parecen no obedecer las leyes normales y una narración que deja margen para la interpretación. El largometraje amplía la escala, pero no abandona la idea de que el vacío puede resultar más perturbador que una criatura perfectamente visible. En ese sentido, el trabajo de Parsons se apoya menos en la acumulación de sustos que en la construcción de una atmósfera incómoda y persistente.

Su salto al cine también abre una conversación sobre la renovación de la industria. Las plataformas y las redes sociales han convertido internet en una cantera permanente de creadores, pero no todos los fenómenos digitales pueden sostener una película de dos horas. El éxito de Backrooms demuestra que la popularidad online solo es el primer paso. Después hace falta una mirada capaz de transformar una imagen viral en un relato con ritmo, personajes y una identidad visual propia.

El nuevo mapa del terror ya no empieza necesariamente en Hollywood

El impacto de la película puede sentirse más allá de sus cifras. Su recorrido pone en primer plano una generación de cineastas que aprendió a rodar, montar y crear efectos visuales fuera de los circuitos tradicionales. Para ellos, las herramientas digitales no son una promesa de futuro, sino parte de su formación desde el principio. Parsons pertenece a esa generación y ha demostrado que el dominio de un software, una cámara y una idea clara puede convertirse en una carta de presentación ante un gran estudio.

También cambia la relación entre los espectadores y las películas de terror. El público que llegó a Backrooms desde YouTube no solo consume la obra terminada: conoce sus referencias, reconoce sus códigos y participa en la expansión de su universo. Las teorías, los análisis de escenas y las conversaciones sobre los detalles ocultos forman parte de la experiencia. En ese ecosistema, una película no termina cuando aparecen los créditos, sino que continúa creciendo en redes, foros y vídeos de interpretación.

La gran incógnita ahora no es si A24 recuperará su inversión, algo que la taquilla ya ha dejado atrás, sino qué hará el estudio con una propiedad que ha superado todas las expectativas. La tentación de convertirla en una franquicia será evidente, pero el mayor reto consistirá en conservar aquello que la hizo especial: la rareza, la incertidumbre y la sensación de que detrás de una pared aparentemente normal puede abrirse un mundo imposible.

Backrooms ya no es únicamente una película de terror basada en una leyenda digital. Es la prueba de que el próximo gran fenómeno audiovisual puede nacer en un vídeo creado desde un ordenador doméstico y llegar a dominar la conversación mundial sin renunciar a su personalidad. Kane Parsons ha cruzado la puerta de entrada a Hollywood, pero el verdadero desafío será demostrar que sus pasillos todavía esconden caminos que el público no ha recorrido.

Gonzalo Pérez es redactor de ActualTV especializado en redes sociales, comunicación digital y tendencias de consumo audiovisual. Su trabajo analiza cómo las plataformas sociales, los creadores de contenido y las nuevas comunidades digitales están transformando la manera en que se descubre, comenta y consume el entretenimiento.

En ActualTV escribe sobre redes sociales, estrategias digitales, fenómenos virales, creadores, plataformas y su influencia en la televisión, el streaming y la cultura audiovisual. Su enfoque combina actualidad, análisis de tendencias y contexto para explicar cómo la conversación digital impacta en los programas, las marcas de entretenimiento y las audiencias en España.

Gonzalo Pérez

Gonzalo Pérez es redactor de ActualTV especializado en redes sociales, comunicación digital y tendencias de consumo audiovisual. Su trabajo analiza cómo las plataformas sociales, los creadores de contenido y las nuevas comunidades digitales están transformando la manera en que se descubre, comenta y consume el entretenimiento. En ActualTV escribe sobre redes sociales, estrategias digitales, fenómenos virales, creadores, plataformas y su influencia en la televisión, el streaming y la cultura audiovisual. Su enfoque combina actualidad, análisis de tendencias y contexto para explicar cómo la conversación digital impacta en los programas, las marcas de entretenimiento y las audiencias en España.