Durante años hemos aprendido a medir la televisión mirando una cifra a la mañana siguiente. Un programa hizo un 14%, reunió a 1,7 millones de espectadores y ganó o perdió contra su rival. Es una información imprescindible, pero también es una simplificación.
En el caso de El Hormiguero, resulta especialmente engañosa.
Porque los datos de la temporada 2025/2026 facilitados por Dos30′ a ActualTV describen un fenómeno bastante más complejo que el de un programa capaz de congregar cada noche a 1.741.000 espectadores de media y un 14,2% de cuota. Lo verdaderamente extraordinario aparece cuando se abandona la fotografía diaria y se observa la película completa.
A lo largo de la temporada, 32.530.000 personas distintas pasaron en algún momento por El Hormiguero. Son el 68,4% de la población.
La infografía elaborada por Dos30 para este medio, que veremos en este artículo, completa esa dimensión con otros dos territorios de consumo: 686.000 usuarios únicos mensuales en streaming y 17,1 millones de usuarios únicos alcanzados en redes sociales.
No hay que sumar esas tres cifras (hay solapamientos y metodologías diferentes). Lo interesante es otra cosa: el programa ha dejado de ser exclusivamente una audiencia para convertirse en un sistema de circulación de público.
Y eso explica mucho mejor su posición en la televisión española.
‘El Hormiguero’ tiene un núcleo de audiencia y una enorme corona alrededor
La primera conclusión importante no está en el récord de una determinada noche. Está en la relación entre audiencia media y audiencia acumulada.
Una noche corriente puede dejar alrededor de 1,7 millones de espectadores de media. Pero durante un mes cualquiera el número de personas diferentes que ha entrado en contacto con El Hormiguero se mueve sistemáticamente por encima de los 15 millones. Y eso cambia completamente la lectura.
La audiencia de El Hormiguero funciona como dos círculos concéntricos. En el centro existe un público habitual, responsable de sostener el dato diario. Alrededor aparece una corona muchísimo mayor de espectadores ocasionales: personas que no necesariamente ven el programa cada noche, pero entran cuando les interesa un invitado, una entrevista, un acontecimiento televisivo o simplemente una determinada entrega.
Cada mes, el programa alcanza a un volumen de espectadores equivalente a casi la mitad de todas las personas diferentes que terminarán contactando con El Hormiguero durante la temporada completa. No son públicos independientes (muchos espectadores se repiten de un mes a otro), pero la dimensión de la cobertura mensual resulta reveladora.
No estamos ante un formato sostenido únicamente por un pequeño grupo extremadamente fiel. Estamos ante un núcleo estable rodeado por un gigantesco público potencial que entra y sale del programa. Lo cual es, probablemente, una de las grandes fortalezas del formato.

El dato más revelador está entre noviembre y junio
Existe una comparación que explica mejor esta idea que cualquier definición teórica.
Noviembre fue el mejor mes de la temporada en audiencia media: 1.962.000 espectadores. Su audiencia acumulada mensual fue de 15.266.000 personas.
Ahora vayamos a junio.
La audiencia media descendió hasta 1.500.000 espectadores, alrededor de un 23% menos que en noviembre. Sin embargo, la audiencia acumulada fue de 15.895.000 personas.
Es decir: en junio había considerablemente menos público viendo de media cada emisión, pero más personas diferentes habían pasado por el programa durante el conjunto del mes que en noviembre.
El dato nos permite, por tanto, observar que la caída estacional de la audiencia media no se tradujo en una pérdida equivalente de capacidad para alcanzar espectadores.
Para un formato diario, esa distinción es fundamental.
El programa puede perder consumo medio cuando llega el buen tiempo, cambia el uso del televisor o baja la recurrencia, y continuar conservando prácticamente intacta su capacidad de alcance masivo.
De hecho, durante toda la temporada la audiencia acumulada mensual se mueve entre 15,06 y 16,66 millones de personas. La distancia entre el mejor y el peor mes en cobertura es apenas de alrededor de un 10% sobre el promedio mensual.
El volumen de gente que pasa por El Hormiguero es mucho más estable de lo que su audiencia media puede hacer pensar.

Los récords importan menos que el suelo del programa
Otra de las tentaciones habituales cuando se analiza televisión es estudiar los grandes picos. Y El Hormiguero los tiene muy habitualmente.
La emisión del 5 de febrero de 2026, con Rosa Rodríguez y Manu Pascual antes del histórico desenlace de Pasapalabra, alcanzó 3.239.000 espectadores de media, un 23,5% de cuota y 6.370.000 personas que conectaron en algún momento.
Pero, paradójicamente, el récord es uno de los datos menos interesantes para explicar la fortaleza estructural de El Hormiguero. Es mucho más revelador mirar lo que ocurre cuando no hay récord.
Al analizar las 159 emisiones ordinarias estudiadas por Dos30, la mediana de audiencia se sitúa en torno a 1.745.000 espectadores. Prácticamente coincide con la media global facilitada para el periodo.
Eso significa que el resultado general no está artificialmente inflado por cuatro o cinco noches descomunales. La noche estadísticamente central de El Hormiguero se parece mucho a la cifra que define el conjunto de la temporada.
Ese es uno de los síntomas más claros de estabilidad que puede tener un formato diario.
Además, 23 emisiones ordinarias superaron los dos millones de espectadores y 46 alcanzaron como mínimo el 15% de cuota. Pero todavía hay otra cifra más expresiva: en 104 de esas 159 entregas, más de cuatro millones de personas conectaron en algún momento con el programa.
En otras palabras, aproximadamente dos de cada tres emisiones ordinarias generaron más de cuatro millones de contactos a lo largo de la noche, aunque la audiencia media fuese lógicamente mucho menor.
Ahí vuelve a aparecer la misma idea: el tamaño de El Hormiguero no está solamente en cuánta gente permanece de media, sino en cuánta gente pasa un rato a ver el programa.
La noche de Rosa y Manu explica otra fortaleza: convertir cada programa en un acontecimiento
El récord del 5 de febrero merece, sin embargo, otra lectura.
Rosa Rodríguez y Manu Pascual no acudieron al programa en una noche cualquiera. El Hormiguero formaba parte de una jornada construida alrededor de la expectación por el histórico bote de Pasapalabra. El concurso terminó disparándose posteriormente hasta el 36,8% y 3,696 millones de espectadores.
Lo interesante no es únicamente que El Hormiguero se beneficiase de aquella expectación, sino que Antena 3 utilizó el programa como una pieza central para convertir una cita concreta en un acontecimiento de cadena. Y ese papel es valiosísimo.
Los grandes formatos no solo producen audiencia: organizan el flujo de audiencia de una cadena. Son lugares a los que se puede trasladar un protagonista, un lanzamiento, una exclusiva o un acontecimiento porque existe la seguridad de encontrar allí una gran cantidad de público.
El Hormiguero lleva años ocupando precisamente esa posición dentro de Antena 3.
Y los balances independientes de la temporada 2025/2026 volvieron a situarlo como el programa más visto de la televisión por duodécima temporada consecutiva.
Su valor, por tanto, no reside únicamente en lo que hace para sí mismo. También está en su capacidad para actuar como uno de los grandes nodos de circulación de espectadores dentro de la parrilla.
La lista de grandes noches revela una elasticidad poco habitual
Hay otro detalle muy significativo en el ranking de emisiones.
Entre las entregas más vistas aparecen perfiles que tienen muy poco que ver entre sí: Isabel Preysler, Sergio Ramos y Bertín Osborne, Arturo Pérez-Reverte, Laura Pausini, Karlos Arguiñano, Xokas, Marc Márquez, Christopher Lloyd, Leiva, Chris Hemsworth o Santiago Segura.
El formato no depende de una única clase de invitado para producir grandes audiencias.
Puede competir con una visita vinculada al deporte, otra procedente de Hollywood, un fenómeno de internet, una figura musical o un personaje de enorme notoriedad popular.
Esa elasticidad es especialmente importante en un programa diario porque reduce una de las mayores vulnerabilidades de cualquier espacio de entrevistas: la dependencia del cartel.
El invitado sigue importando (y mucho), pero existe una marca previa capaz de recibir perfiles muy diferentes sin tener que reconstruir el programa alrededor de cada uno.
Evidentemente, cualquier invitado socialmente relevante genera interés. Pero la clave está en que, dependiendo de quien se siente con Pablo Motos, el tono del programa puede variar ligeramente, pero arrasar en audiencia siempre. A lo mejor una entrevista con Chris Hemsworth es más ligera y “entretenida”, mientras que con Pérez-Reverte ocupa casi la totalidad del programa y se tratan temas mucho más profundos. En ambos casos, El Hormiguero lidera.
Su audiencia es mayor, sí; pero el perfil cuenta una historia más interesante
Los datos demográficos también admiten una lectura menos superficial de la habitual.
Es cierto que existe un claro peso femenino: las mujeres representan el 60,4% del público, frente al 39,6% de hombres.
También existe una fuerte concentración en las edades maduras. Los mayores de 65 años representan el 42,9% del perfil, y los espectadores de entre 45 y 64 años, otro 38,2%.
En conjunto, más de ocho de cada diez espectadores lineales tienen más de 45 años.
Quedarse ahí, sin embargo, conduciría a una conclusión demasiado sencilla.
Porque el peso de un grupo dentro de la audiencia no es lo mismo que la capacidad del programa para competir dentro de ese grupo.
Los niños de 4 a 12 años representan solamente un 2,7% del perfil total, pero El Hormiguero consigue entre ellos un 16,1% de cuota, por encima incluso de su media general. Entre los espectadores de 13 a 24 años alcanza un 13,4%.
Es una distinción importante en una televisión lineal cuyo público está estructuralmente envejecido.
El programa tiene una composición madura, pero eso no significa que sea irrelevante cuando los espectadores jóvenes están delante del televisor.
Son dos afirmaciones completamente diferentes.
Hay otro dato importante: casi no importa dónde viva el espectador
El perfil por tamaño de hábitat quizá sea uno de los apartados menos vistosos del informe, pero también uno de los más interesantes para entender la naturaleza del programa.
La cuota se mueve entre el 13,8% y el 14,6% independientemente de que se analicen municipios pequeños, medianos o grandes.
Eso apunta a una extraordinaria transversalidad territorial en términos de consumo televisivo. El Hormiguero no necesita una concentración extraordinaria en las grandes áreas urbanas para construir su resultado ni depende especialmente de los municipios pequeños.
En una televisión cada vez más fragmentada por edad, plataformas, hábitos y estilos de vida, ser capaz de rendir de una manera parecida en entornos muy distintos es otra forma de observar el alcance masivo del programa.
Televisión, Atresplayer y redes cumplen tres funciones diferentes
Después aparece la capa digital.
Dos30 sitúa el consumo de El Hormiguero en Atresplayer en 686.000 usuarios únicos mensuales, mientras que las redes sociales alcanzaron 17,1 millones de usuarios únicos a lo largo de la temporada.
La tentación sería construir una gigantesca cifra sumándolo todo. Sería un error.
La televisión crea escala y hábito, el streaming aporta disponibilidad y las redes aportan circulación.
El espectador lineal entra en contacto con el programa como una experiencia completa. El usuario de Atresplayer puede recuperar una entrega cuando desaparece la obligación del horario. Y en redes, el producto se fragmenta: una entrevista deja de ser una entrevista y se convierte en diez piezas diferentes capaces de viajar independientemente.
Un invitado puede generar una gran audiencia nocturna y, al día siguiente, seguir produciendo consumo mediante una declaración, un experimento, una actuación o un fragmento de pocos minutos.
El programa termina antes de medianoche; el contenido no.
Ese cambio es esencial para entender el valor actual de los grandes formatos televisivos.
‘El Hormiguero’ ha conseguido algo más difícil que hacer un buen share
El balance final de los datos no es que El Hormiguero tenga mucha audiencia. Eso ya lo sabíamos.
Lo verdaderamente relevante es cómo está construida esa audiencia.
Hay un centro estable que sostiene el programa noche tras noche. Hay una corona enorme de espectadores ocasionales capaz de elevar su alcance mensual por encima de los quince millones. Hay grandes acontecimientos que permiten multiplicar el consumo cuando la televisión genera una cita excepcional. Hay muy poca dependencia territorial. Hay una capacidad significativa para competir incluso en segmentos que pesan poco dentro de su perfil. Y existe, además, una segunda vida digital capaz de prolongar el contenido mucho más allá de Antena 3.
La temporada 2025/2026 confirmó también en los balances generales del sector que El Hormiguero mantuvo su posición de referencia en un access prime time especialmente competido, con La Revuelta consolidada como rival en La 1. Aun así, el formato de Antena 3 terminó nuevamente el curso en cabeza del entretenimiento diario y encadenó su duodécima temporada en esa posición.
Quizá esa sea la conclusión más interesante de toda la radiografía.
Después de tantos años en antena, la mayor fortaleza de El Hormiguero ya no consiste solamente en conseguir que mucha gente lo vea cada noche.
Consiste en haber logrado que, alrededor de ese público diario, buena parte del país termine viendo el programa en algún momento (en cualquiera de sus formatos de distribución). Y, además, que eso se traduzca en una enorme influencia.
Y esa diferencia explica mucho mejor el verdadero tamaño de El Hormiguero.




