La televisión tiene una forma particular de llamar a la puerta cuando todo parece cerrado. Moisés Laguardia estaba de vacaciones en Calpe cuando recibió la llamada que le devolvía a Pasapalabra. El concurso de Antena 3 necesitaba cubrir la salida de Javier Alonso y el riojano volvió al plató casi sin tiempo para preparar el regreso.
La sorpresa no fue solo para los espectadores. Moisés ha explicado que la propuesta le encontró en pleno descanso estival y que apenas pudo reaccionar antes de ponerse de nuevo en marcha. “La llamada me pilló en Calpe”, ha contado al recordar una incorporación que, por inesperada, tiene más de oportunidad repentina que de regreso planeado.
El concursante afronta así una nueva etapa en un formato que ya conoce bien, pero que vuelve a exigirle desde el primer programa. En sus siete primeras entregas, su duelo con David Trigo se ha instalado en la máxima igualdad: suma tres empates, dos victorias y dos derrotas. No es un dominio incontestable, pero sí una muestra de que su vuelta no responde únicamente al valor sentimental de recuperar a un rostro conocido.
Una vuelta que llegó cuando ya había perdido la esperanza
La clave de este regreso está precisamente en que Moisés no estaba esperando una llamada inmediata. El riojano había cerrado, al menos mentalmente, la etapa anterior en el concurso y había retomado su vida lejos del plató. En declaraciones recogidas por Antena 3, reconoció que durante el último año había llegado a dar prácticamente por descartada la posibilidad de regresar.
Eso explica el carácter improvisado de su incorporación. No se trataba de una preparación anunciada durante meses ni de un movimiento que el público hubiera podido anticipar. La oportunidad apareció de forma directa y obligó al concursante a cambiar sus planes de verano para volver a un escenario que conoce muy bien: el de las pruebas de vocabulario, la presión del tiempo y el enfrentamiento diario con otro participante.
También pesó el componente humano. Moisés ha destacado la posibilidad de reencontrarse con el equipo del programa, una parte importante de su experiencia anterior. En concursos de larga duración, la relación con el plató y con quienes trabajan detrás de las cámaras acaba formando parte de la propia competición. Volver no significa únicamente sentarse otra vez frente al rosco, sino recuperar una dinámica personal que había quedado interrumpida.
David Trigo, el primer gran obstáculo de esta etapa
La nueva participación de Moisés se está construyendo alrededor de su enfrentamiento con David Trigo. El balance inicial no permite hablar de un claro favorito: los tres empates y la división de victorias y derrotas reflejan una lucha equilibrada, con margen suficiente para que cualquiera de los dos tome ventaja en los siguientes programas.
Ese equilibrio es uno de los principales alicientes de su regreso. Moisés no vuelve para ocupar un puesto testimonial ni para vivir una despedida televisiva, sino para competir en condiciones exigentes. Cada programa vuelve a colocarle ante el mismo dilema: administrar los aciertos, resistir los errores y conservar la calma cuando el tiempo convierte una duda mínima en una diferencia decisiva.
El dato más relevante, por ahora, no es tanto cuántas victorias ha conseguido como la rapidez con la que ha recuperado el ritmo. Después de un periodo alejado del concurso, ha sido capaz de instalarse de nuevo en una dinámica competitiva muy ajustada. El resultado deja abierta la posibilidad de que esta segunda oportunidad tenga un recorrido más largo del que inicialmente parecía probable.
El perfil de Moisés fuera del concurso
Su regreso también ha servido para conocer mejor al concursante más allá de sus respuestas en el programa. Moisés se presenta como un apasionado del lenguaje, la literatura y el ajedrez, intereses que ayudan a entender el tipo de vínculo que mantiene con Pasapalabra. No se trata únicamente de una competición televisiva: para él, las palabras, la memoria y la cultura forman parte de su manera habitual de enfrentarse al mundo.
Entre sus referentes aparecen dos nombres ligados a la historia del propio concurso: David Leo y Pablo Díaz. Ambos representan dos formas distintas de alcanzar una enorme resistencia en el formato y se han convertido en modelos para quienes aspiran a dominar pruebas como el rosco.
Su referencia histórica preferida es el poeta Gustavo Adolfo Bécquer, mientras que la obra literaria que más le ha marcado son los Episodios nacionales de Benito Pérez Galdós. La elección encaja con un perfil interesado en el vocabulario y en la tradición literaria española, aunque sus aficiones no se limitan a los libros: también practica el ajedrez y siente una especial inclinación por el patinaje.
Incluso sus preferencias más cotidianas tienen un lugar en este retrato personal. La tortilla de patatas figura entre sus platos favoritos y el número 19 ocupa un espacio especial en su lista de afinidades. Su palabra predilecta es “conticinio”, un término que define el momento nocturno en el que reina el silencio. Es una elección poco habitual y, al mismo tiempo, muy representativa del vínculo de Moisés con las palabras menos comunes.
El bote sigue siendo la asignatura pendiente
La vuelta a Pasapalabra tiene una meta clara. Moisés ya conoce el desgaste de competir durante varias entregas y sabe lo difícil que es transformar un buen rendimiento en el premio máximo. Su objetivo es ganar finalmente el bote, el único gran logro que, según ha explicado, todavía siente que le falta dentro del concurso.
El camino acaba de empezar y su duelo con David Trigo permanece abierto. La igualdad de los primeros programas impide anticipar quién tomará el control, pero también devuelve a Moisés al centro de una batalla que parecía improbable hace apenas unas semanas. La llamada de Calpe fue inesperada; lo que ocurra a partir de ahora dependerá, como siempre en el concurso, de una palabra, un acierto y la capacidad de no rendirse cuando el rosco empiece a apretar.




