Backrooms se prepara para abandonar las salas y continuar su recorrido en HBO Max. La película de terror inspirada en uno de los fenómenos más reconocibles de internet estará disponible en la plataforma el 25 de septiembre de 2026, una fecha que permitirá comprobar hasta dónde llega el interés por una historia nacida lejos de los grandes estudios y construida alrededor de una imagen tan sencilla como inquietante: una sucesión interminable de pasillos amarillos, moqueta húmeda y luces fluorescentes que no dejan de zumbar.
El largometraje llega al streaming después de convertirse en uno de los grandes fenómenos comerciales del año. La información disponible sitúa su recaudación mundial en 395 millones de dólares, una cifra especialmente llamativa si se compara con el presupuesto de producción de 10 millones. Más allá del resultado económico, el caso de Backrooms confirma que las comunidades digitales ya no funcionan únicamente como espacios de difusión: también pueden convertirse en el punto de partida de una franquicia cinematográfica.
De un corto de YouTube a una película de terror
El origen del proyecto está en Kane Parsons, que comenzó a desarrollar este universo siendo adolescente. En 2022 publicó en YouTube un corto ambientado en los llamados Backrooms, una leyenda urbana digital basada en la idea de que existen espacios liminales ocultos detrás de la realidad cotidiana. No son exactamente lugares abandonados ni escenarios convencionales de terror. Su fuerza nace de la sensación de estar en un sitio reconocible, pero completamente fuera de lugar.
La propuesta conectó con millones de espectadores y Parsons amplió la idea mediante nuevos cortometrajes. Aquella serie de piezas, de estética analógica y apariencia deliberadamente imperfecta, convirtió una imagen viral en un mundo con sus propias reglas. El salto al cine no consistía solo en alargar la duración de un vídeo: exigía encontrar una historia capaz de sostener el misterio sin explicar por completo aquello que hacía perturbadora a la imagen original.
La película cuenta con el respaldo de A24 y mantiene a Parsons como figura creativa central. Su trayectoria resulta poco habitual dentro de la industria: pasó de experimentar con herramientas y códigos visuales propios de internet a dirigir una producción destinada a un público internacional. Ese recorrido es una de las claves para entender el interés que rodea al estreno en HBO Max.
Qué cuenta Backrooms
La historia se sitúa en 1990 y sigue a Clark, el propietario de una tienda de muebles que descubre un umbral imposible en el sótano de su negocio. Al otro lado aparece un laberinto de oficinas vacías, paredes amarillentas, luces artificiales y corredores que parecen no conducir a ninguna parte.
Clark decide explorar el lugar acompañado por Kat y por la pareja de esta. La decisión convierte una anomalía aparentemente aislada en una experiencia cada vez más peligrosa. La doctora Mary Kline, psicóloga de Clark, también queda vinculada al misterio, lo que amplía el relato más allá de la exploración física de los pasillos.
La película combina terror psicológico y horror cósmico, dos caminos que permiten abordar los Backrooms desde perspectivas distintas. Por un lado, está el miedo a perderse, a no poder confiar en la percepción y a quedar atrapado en un espacio que se repite. Por otro, aparece la posibilidad de que ese lugar esconda una amenaza que escapa a la comprensión de los personajes.
El reto de convertir una imagen viral en cine
El atractivo de los Backrooms siempre ha estado en lo que no muestran. Una fotografía o un vídeo breve puede sugerir una historia completa sin necesidad de presentar un monstruo, explicar un origen o resolver el enigma. El cine, sin embargo, necesita ampliar ese vacío y dar a los personajes un recorrido dramático.
Ahí se encuentra el principal desafío de la adaptación. Backrooms debe conservar la incomodidad de sus referentes digitales, pero también ofrecer una narración con tensión suficiente para sostener un largometraje. La ambientación en 1990 contribuye a separar el relato de la lógica inmediata de las redes sociales y refuerza la sensación de aislamiento: los personajes no disponen de las herramientas actuales para pedir ayuda, registrar cada paso o compartir lo que están viendo.
La estética también cumple una función narrativa. Los espacios aparentemente idénticos no son únicamente un decorado; representan la pérdida de orientación y la imposibilidad de establecer una ruta segura. Cada pasillo puede parecer una repetición del anterior, aunque las consecuencias de avanzar no sean las mismas. El resultado busca trasladar a una sala de cine la clase de inquietud que los primeros vídeos de Parsons provocaban en una pantalla pequeña.
Un reparto que amplía el alcance de la propuesta
El reparto incorpora a Chiwetel Ejiofor, conocido por su trabajo en 12 años de esclavitud, y a Renate Reinsve, protagonista de La peor persona del mundo. La presencia de intérpretes con una trayectoria consolidada ayuda a situar el proyecto en un terreno diferente al de sus orígenes: ya no se trata solo de una creación viral asociada a un canal de YouTube, sino de una película con una dimensión industrial y un lanzamiento cinematográfico amplio.
La llegada a HBO Max será importante también por la naturaleza del fenómeno. El cine puede convertir una producción en un acontecimiento, pero el streaming facilita que el público descubra una obra semanas o meses después de su estreno inicial. En el caso de Backrooms, esa segunda vida puede ser especialmente relevante porque el concepto ya cuenta con una comunidad familiarizada con sus imágenes y, al mismo tiempo, con espectadores que quizá solo conocen el nombre por su presencia en redes.
La fecha del 25 de septiembre coloca la película ante una audiencia potencial mucho mayor que la que pudo reunir durante su distribución en salas. El paso a la plataforma no cambia el origen de la historia, pero sí puede consolidar su transformación: de leyenda urbana de internet a título de terror reconocible para el gran público.
El verdadero alcance de Backrooms no se medirá únicamente por su recaudación. Su recorrido plantea una pregunta para el cine de género: si una idea nacida como experimento audiovisual puede conservar su extrañeza después de convertirse en una película respaldada por un estudio y protagonizada por actores conocidos. HBO Max ofrecerá la siguiente respuesta cuando los pasillos amarillos vuelvan a abrirse, esta vez para una audiencia doméstica y global.



