Una de las películas más míticas de Tom Hanks vuelve a Disney+ (y a emocionar)

Hay escenas que se quedan para siempre. Y luego está ese momento en el que Tom Hanks y Robert Loggia saltan sobre un piano gigante en la juguetería F.A.O. Schwarz mientras tocan Heart and Soul con los pies. Han pasado casi cuatro décadas desde que Big llegó a los cines, pero su capacidad para emocionar sigue intacta. Desde este 9 de julio de 2026, la película que convirtió a Tom Hanks en una estrella indiscutible está disponible en Disney+, lista para que una nueva generación descubra —y los nostálgicos revivan— una de las comedias más brillantes y conmovedoras de los años ochenta.

La premisa es pura magia cinematográfica. Josh Baskin es un chaval de trece años que, tras una noche frustrante en la feria, se planta delante de una vieja máquina de deseos —el mítico genio Zoltar— y pide ser mayor. A la mañana siguiente despierta con el cuerpo de un adulto de treinta años, pero con la mente y las ganas de comerse el mundo de un adolescente. Lo que sigue es una huida a Nueva York junto a su mejor amigo, un trabajo en una empresa de juguetes y un primer amor para el que, emocionalmente, no está nada preparado.

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El piano que lo cambió todo

Si hay una imagen que define Big, es la del piano. La escena nació de una necesidad narrativa: los guionistas Gary Ross y Anne Spielberg —hermana pequeña de Steven— necesitaban que Josh conectara con el dueño de la juguetería MacMillan, interpretado por un entrañable Robert Loggia. Durante una visita a la tienda F.A.O. Schwarz de Nueva York, dieron con un teclado electrónico de suelo diseñado por el inventor italiano Remo Saraceni. Lo que originalmente medía dos metros y tenía una sola octava acabó convertido en un piano de casi cinco metros con dos octavas solo para la película.

Lo más asombroso es que Hanks y Loggia ejecutaron la escena sin dobles. La directora Penny Marshall contrató a dos bailarines profesionales por si acaso, pero los actores los mandaron a casa. Habían ensayado durante semanas sobre recortes de cartón en el jardín de Loggia, bajo la supervisión de la coreógrafa Patricia Birch —la misma que había trabajado en Grease—. El resultado fue una explosión de alegría genuina que el público sigue aplaudiendo en cada visionado.

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Tom Hanks antes del mito

En 1988, Tom Hanks no era aún el icono que conocemos. Venía de encadenar comedias como Un, dos, tres… Splash y Despedida de soltero, pero Big fue su salto definitivo. Marshall le tenía como primera opción, aunque durante el proceso de casting también se barajaron nombres como Jeff Bridges y Robert De Niro. Cuando Hanks quedó libre de otros proyectos, se preparó el papel estudiando grabaciones de David Moscow, el actor que encarna al Josh niño, para construir una continuidad gestual que hiciera creíble la transformación.

El trabajo funcionó. Hanks logró transmitir la inocencia, el asombro y la torpeza emocional de un crío atrapado en un cuerpo adulto sin caer en la caricatura. La crítica se rindió y la Academia le concedió su primera nominación al Oscar, además del Globo de Oro a mejor actor de comedia. El guion de Ross y Spielberg también fue candidato a la estatuilla. Fue el arranque de una racha que llevaría al actor a ganar dos premios de la Academia en los años siguientes por Philadelphia y Forrest Gump.

Un hito industrial con nombre de mujer

Big no solo fue un fenómeno de taquilla: con un presupuesto estimado de 18 millones de dólares, recaudó más de 100 millones solo en Estados Unidos y superó los 151 millones en todo el mundo. La cifra convirtió a Penny Marshall en la primera directora de la historia en cruzar la barrera de los cien millones con un largometraje, un logro que abrió camino en una industria que entonces —y todavía hoy— arrastraba una enorme deuda con el talento femenino detrás de las cámaras.

El reparto lo completaban Elizabeth Perkins como Susan, la ejecutiva que se enamora del Josh adulto sin saber que en realidad está saliendo con un adolescente, y Jared Rushton como Billy, el amigo cómplice que le sigue a Nueva York. Juntos construyeron una fábula sobre crecer sin perder la capacidad de asombro.

Por qué Big sigue funcionando en 2026

El paso del tiempo no ha hecho mella en la película. Al contrario: en una era dominada por el entretenimiento digital y las infancias hiperconectadas, la historia de un niño que descubre el mundo adulto desde la curiosidad más pura resulta casi contracultural. Big habla de la imaginación, del juego y de ese momento en el que todos deseamos ser mayores sin saber lo que eso significa realmente.

Es, además, un recordatorio de un tipo de comedia familiar que ya no se hace: ingeniosa, sin cinismo, con espacio para la ternura y para que los actores brillen sin artificios. Volver a ella en Disney+ es reencontrarse con un Tom Hanks que empezaba a construir su leyenda con una interpretación llena de matices, y con una Penny Marshall que demostró que el éxito masivo también podía tener sensibilidad y mirada propia.

Casi cuarenta años después, la máquina de Zoltar sigue concediendo deseos. Y el piano de F.A.O. Schwarz sigue sonando igual de afinado.

Redactor especializado en televisión, redes sociales y comunicación digital, con experiencia en el ámbito del entretenimiento y la industria audiovisual.

Ha trabajado como responsable de prensa y comunicación en distintas empresas del sector del entretenimiento, lo que le ha permitido conocer de primera mano los procesos de difusión, promoción y gestión de contenidos audiovisuales.

En ActualTV cubre información relacionada con televisión, redes sociales y estrategias de comunicación digital aplicadas al sector audiovisual.

José Luis Labreda

Redactor especializado en televisión, redes sociales y comunicación digital, con experiencia en el ámbito del entretenimiento y la industria audiovisual.

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