No he disfrutado ‘The Mandalorian and Grogu’ como esperaba, pero aún hay magia
‘Star Wars’ ha vuelto al cine siete años después de ‘El ascenso de Skywalker’, y eso ya pesa más de lo que cualquier tráiler podía prometer. ‘The Mandalorian and Grogu’ llega con una misión complicada: convertir una serie nacida en Disney+ en un evento de sala grande sin perder su encanto de western galáctico.
Y ahí está la contradicción. La película tiene momentos de puro disfrute, criaturas memorables, humor físico y esa ternura instantánea que Grogu activa casi sin esfuerzo. Pero también deja una sensación difícil de esquivar: a ratos parece una aventura simpática inflada hasta tamaño blockbuster.
El regreso de ‘Star Wars’ al cine no es menor
Siete años sin una película de la saga
‘The Mandalorian and Grogu‘ no es una entrega cualquiera. Es la primera película de ‘Star Wars’ estrenada en salas desde 2019 y llega dirigida por Jon Favreau, con Pedro Pascal como Din Djarin, Sigourney Weaver como Colonel Ward y Jeremy Allen White como Rotta the Hutt, según la información oficial de StarWars.com.
Ese dato cambia la forma de mirarla. No estamos ante un simple especial de Disney+, sino ante el intento de Lucasfilm de comprobar si el cariño por Din y Grogu puede sostener una nueva etapa cinematográfica. El envoltorio es grande: estreno exclusivo en cines, rodaje pensado para IMAX y campaña de evento familiar.
La taquilla acompaña, pero con matices
En números, el arranque ha sido potente: la película lideró el fin de semana de Memorial Day con unos 102 millones de dólares en Estados Unidos y Canadá y alrededor de 163-165 millones a nivel mundial. Reuters también señala que el presupuesto de producción ronda los 165 millones, una cifra más contenida que otros grandes episodios de la saga.
La lectura menos luminosa es que, pese a ser número 1, su estreno queda por debajo de otros debuts de la era Disney de ‘Star Wars’. Entertainment Weekly lo presentó como el arranque más bajo de una película de la saga bajo Disney, aunque con un respaldo del público superior al de parte de la crítica.
Funciona cuando se olvida de ser un acontecimiento
Din Djarin y Grogu siguen teniendo química
Lo mejor de la película está donde siempre estuvo lo mejor de ‘The Mandalorian’: en su pareja central. Din Djarin funciona como héroe lacónico, casi de serie B noble, y Grogu sigue siendo una criatura cómica, adorable y dramáticamente útil cuando el guion no lo reduce a reclamo de merchandising.
La cinta brilla cuando abraza esa estructura de misión, encuentro raro y resolución física. Ahí aparece la magia: persecuciones claras, criaturas con personalidad, humor sin demasiada explicación y una sensación de aventura ligera que recuerda al ‘Star Wars’ más pulp.
No es poca cosa. En una saga que a menudo se ha ahogado intentando explicar linajes, profecías y traumas familiares, ver una historia más sencilla tiene algo de alivio.
El problema es que el cine exige otra densidad
La duda llega cuando la película pide ser medida como gran regreso cinematográfico. Ahí se notan las costuras.
Ese enfoque no es un fallo por sí mismo. De hecho, puede ser refrescante. Pero cuando pagas entrada de cine por el regreso de ‘Star Wars’, esperas algo más que una misión especialmente cara. La película tiene set pieces, tiene criaturas y tiene cariño, pero no siempre tiene peso.
La sensación es curiosa: entretiene, pero rara vez sorprende. Se disfruta, pero cuesta imaginarla como un punto de inflexión.

Una película partida entre la nostalgia y el piloto automático
Sigourney Weaver merecía más
Uno de los grandes reclamos era ver a Sigourney Weaver dentro del universo ‘Star Wars’. La presencia impone, claro, pero su personaje parece más funcional que memorable. Los materiales oficiales la presentan como Colonel Ward, una figura ligada a la Nueva República, pero la película no termina de convertirla en algo imprescindible.
Ahí se resume parte del problema. ‘The Mandalorian and Grogu’ sabe introducir elementos reconocibles, pero a veces los usa como piezas de tablero antes que como personajes con verdadera fricción dramática.
Jeremy Allen White como Rotta the Hutt sí aporta un giro más juguetón, especialmente porque la película parece interesada en mirar a los Hutts desde una posición menos obvia que la del monstruo mafioso de siempre. Esa es una de sus ideas más simpáticas.
Grogu ya pesa más que la mitología
La gran pregunta que deja la película es incómoda: ¿sigue importando ‘Star Wars’ como mitología o basta con Grogu? La respuesta, por ahora, parece estar en medio. El personaje funciona como icono emocional y comercial, pero la saga necesita algo más que ternura y reconocimiento para sostener otra década en salas.
Disney espera que la película ayude a estabilizar la franquicia tras la pausa cinematográfica y que el tirón de Grogu también impulse el negocio de productos derivados. Eso explica mucho de la apuesta: no es solo una película, es una prueba de estrés para el futuro inmediato de la marca.
Y aun así, sería injusto despacharla como un simple producto. Tiene momentos de verdadera aventura, un ritmo amable y una comprensión bastante honesta de por qué Din y Grogu siguen gustando. Lo que le falta es atreverse a que ese salto al cine sea algo más que una pantalla más grande.
‘The Mandalorian and Grogu’ no es el regreso triunfal que esperaba, pero tampoco una derrota. Es una película irregular, simpática y algo pequeña para el lugar que ocupa. Quizá esa sea su mayor paradoja: ‘Star Wars’ ha vuelto al cine, pero su corazón sigue latiendo como una serie de sábado por la tarde.

Redactora de ActualTV especializada en televisión.
