El nuevo blockbuster no lleva capa: música, moda y videojuegos están ganando este año al superhéroe
Hollywood no ha perdido al público. Ha perdido, al menos por ahora, la seguridad de saber dónde estaba. El arranque fuerte de la temporada comercial no lo están explicando los superhéroes, sino un icono musical del siglo XX, una jefa de revista convertida en mito millennial y un fontanero de Nintendo que ya no necesita presentación.
La foto de la taquilla mundial de 2026 es bastante elocuente. ‘Super Mario Galaxy: La película’ figura como la película más taquillera del año con 894,2 millones de dólares, ‘Michael’ aparece cuarta con 423,9 millones y ‘El diablo viste de Prada 2’ ha entrado séptima con 233,6 millones tras su primer fin de semana. No son títulos pequeños sobredimensionados por una semana floja: son tres formas distintas de entender qué puede ser hoy una película evento.
La conclusión fácil sería decir que la nostalgia vuelve a funcionar. La interesante es otra: la nostalgia ya no es un adorno de marketing, sino una infraestructura comercial completa. Se construye sobre canciones, frases, imágenes, videojuegos, memes, ropa, recuerdos familiares y públicos que no siempre se parecen entre sí, pero que comparten algo decisivo: llegan al cine con una relación emocional ya hecha.
La taquilla ha cambiado de uniforme
Durante mucho tiempo, la idea de blockbuster parecía asociada a una escala muy concreta: mundos compartidos, superpoderes, amenazas cósmicas, grandes batallas digitales y promesas de continuidad. Ese modelo no ha desaparecido, pero ya no monopoliza la conversación como antes. La prueba es que el inicio simbólico de la temporada fuerte de Hollywood ha quedado marcado por películas que venden reconocimiento antes que expansión de universo.
‘El diablo viste de Prada 2’ ha abierto con 77 millones de dólares en Estados Unidos y Canadá y 156,6 millones en el mercado internacional, hasta sumar esos 233,6 millones globales. AP destaca además un dato clave: el 76% de quienes compraron entrada fueron mujeres, una cifra que ayuda a entender por qué la película ha sido algo más que una secuela tardía. Ha funcionado como quedada, como reencuentro y como confirmación de que el público adulto femenino sigue siendo una fuerza de taquilla cuando se le ofrece un acontecimiento a su medida.
‘Michael’ opera en otra frecuencia. Su motor no es una ficción coral querida, sino una figura musical gigantesca, incómoda y todavía magnética. Su acumulado mundial de 423,9 millones de dólares confirma que el biopic musical, cuando toca a un icono verdaderamente global, puede comportarse como una superproducción de marca. No vende solo una vida: vende canciones que medio planeta reconoce antes de que aparezca el primer plano.
Y luego está Mario, que juega en una liga casi perfecta para el Hollywood actual: público infantil, padres nostálgicos, marca internacional, iconografía simple y una relación con el espectador anterior a la película. ‘Super Mario Galaxy: La película’ roza los 900 millones mundiales, y esa cifra no se explica solo por ser animación familiar. Se explica porque Nintendo ha conseguido que su universo sea a la vez juguete, recuerdo, lenguaje visual y plan de fin de semana.
El blockbuster ya no se define por el género, sino por la memoria
La palabra blockbuster se ha usado tantas veces para hablar de tamaño que a veces se nos olvida que su verdadera materia prima es otra: la confianza. El espectador paga una entrada porque cree que sabe, más o menos, qué experiencia le espera. Durante una década larga, Marvel convirtió esa confianza en una maquinaria de precisión. Ahora, otras marcas emocionales están reclamando ese espacio.
‘El diablo viste de Prada 2’ no necesitaba explicar demasiado quién era Miranda Priestly. Le bastaba con activar una imagen: Meryl Streep, gafas oscuras, gesto mínimo y una autoridad que el público ya había memorizado. ‘Michael’ tampoco parte de cero: entra en la sala con un repertorio sonoro que funciona como tráiler invisible. Mario ni siquiera necesita grandes frases. Su poder está en colores, sonidos, movimientos y una iconografía aprendida desde la infancia.
Ahí está el giro. Hollywood está descubriendo que una marca no siempre es una saga en sentido estricto. Puede ser una estética, una canción, una consola, una actriz en un papel asociado a una época o una película que siguió viviendo durante veinte años en televisión, plataformas, gifs y conversaciones. El blockbuster contemporáneo se parece menos a una línea de montaje única y más a una suma de memorias disponibles.
Eso no significa que el cine de superhéroes esté muerto, una frase que se ha escrito demasiadas veces con entusiasmo de forense. Significa algo menos vistoso y más importante: el superhéroe ya no tiene el monopolio de la familiaridad. Y cuando todo Hollywood compite por reducir el riesgo, la familiaridad es casi una divisa.

Mujeres adultas, familias y fans musicales: tres públicos que Hollywood había separado demasiado
Lo más revelador de estos tres casos es que no convocan al mismo público. ‘Super Mario Galaxy’ apunta a la familia y al jugador nostálgico. ‘Michael’ se apoya en la fuerza transversal de un catálogo musical reconocible. ‘El diablo viste de Prada 2’ ha demostrado que una película pensada alrededor de moda, trabajo, ambición y estrellas adultas puede abrir como un gran evento.
Ese último dato tiene una lectura especialmente interesante. Durante años, la industria ha tratado al público femenino adulto como si fuese secundario en la sala y central en las plataformas. La taquilla de ‘Prada 2’ dice lo contrario: si el estreno tiene escala, campaña, estrellas y sentido de ocasión, ese público no solo aparece, sino que puede decidir un fin de semana global.
También hay una diferencia de tono respecto al viejo blockbuster de franquicia. Estas películas no prometen necesariamente “la siguiente pieza del universo”, sino una emoción más cerrada y reconocible: volver a un lugar, escuchar una canción, compartir un recuerdo, llevar a un niño a conocer algo que el adulto ya llevaba dentro. Son productos industriales, por supuesto, pero su venta no se apoya únicamente en la continuidad. Se apoya en la pertenencia.
Para los estudios, el mensaje es tentador y peligroso. Tentador porque abre una vía clara: buscar propiedades culturales con arraigo real, no solo nombres conocidos. Peligroso porque puede llevar a una lectura perezosa: pensar que basta con resucitar cualquier marca dormida. No basta. La nostalgia barata se nota a kilómetros. La que funciona suele tener tres capas: reconocimiento inmediato, actualización clara y una razón social para verla ahora.
Lo que Hollywood puede aprender de este verano sin capa
El gran aprendizaje no es que haya que hacer menos superhéroes y más videojuegos, biopics o secuelas de comedias dramáticas. Sería cambiar una fórmula por otra. La lección es más incómoda: el público no está rechazando el espectáculo, está seleccionando mejor qué espectáculo merece salir de casa.
Eso obliga a mirar el blockbuster desde otro sitio. No basta con presupuestos altos, campañas masivas y promesas de universo. Hace falta una relación previa con el espectador, pero también una actualización que no huela a museo. ‘El diablo viste de Prada 2’ ha tenido que vender moda y memoria en un mundo laboral y mediático muy distinto al de 2006. ‘Michael’ carga con la dificultad de convertir una figura problemática en acontecimiento musical. ‘Mario’ tiene que satisfacer a niños que quizá nunca han tocado los mismos juegos que sus padres.
La industria lleva tiempo preguntándose qué quiere el público. Quizá la respuesta provisional sea menos misteriosa de lo que parece: quiere reconocer algo, sí, pero no sentirse tratado como un consumidor automático de recuerdos. Quiere espectáculo, pero también una excusa emocional para ir. Quiere marcas, pero no cualquier marca. Y, sobre todo, quiere que el cine vuelva a parecer un plan compartido.
El blockbuster no ha dejado de existir. Solo ha cambiado de disfraz. Esta vez no lleva capa. Lleva guantes blancos, gafas de sol, lentejuelas, una melodía que todo el mundo tararea y un bigote de videojuego.

Redactor especializado en televisión, redes sociales y comunicación digital, con experiencia en el ámbito del entretenimiento y la industria audiovisual.
Ha trabajado como responsable de prensa y comunicación en distintas empresas del sector del entretenimiento, lo que le ha permitido conocer de primera mano los procesos de difusión, promoción y gestión de contenidos audiovisuales.
En ActualTV cubre información relacionada con televisión, redes sociales y estrategias de comunicación digital aplicadas al sector audiovisual.
