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20 años de ciencia en ‘El Hormiguero’: la divulgación más vista de España está en un programa de entretenimiento

'El Hormiguero' cumple dos décadas haciendo un gran trabajo de divulgación científica.

Imaginemos la escena tal como se ve desde fuera, sin cariño y sin contexto. Una estrella internacional espera su turno en el plató mientras un alguien mete la mano en algo que probablemente no debería. Alrededor, dos hormigas comentan la jugada. Es una situación curiosa, no cabe duda.

Y sin embargo ahí está el asunto: ese envoltorio ha sido, durante veinte años, la maquinaria de divulgación científica más eficaz que ha tenido este país. No la más rigurosa, ni la más completa, ni la que aparece en los informes. La más eficaz, que es una categoría que en cultura científica se menciona poco.

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El Hormiguero cumple dos décadas en septiembre. En ese tiempo ha cambiado de cadena, de duración, de colaboradores y de rivales. La mesa de los experimentos sigue exactamente donde estaba. Ninguna otra sección ha resistido lo que ha resistido esa. Conviene detenerse en el dato porque en televisión nada dura veinte años por inercia: dura porque funciona, y funciona porque alguien lo cuida cada noche.

La divulgación que no pidió permiso

España lleva décadas discutiendo cómo acercar la ciencia a la gente. Se han escrito planes, se han creado unidades de cultura científica, se han convocado premios y se han publicado encuestas que repiten con puntualidad lo mismo: al ciudadano le interesa la ciencia y al ciudadano le parece que la información que recibe es escasa y superficial.

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Mientras se celebraban esas mesas redondas, cuatro noches por semana, a la hora en que una familia española está cenando con la tele puesta, alguien enseñaba a un país entero por qué el nitrógeno líquido hace lo que hace. Sin llamarlo divulgación. Sin ponerse solemne. Sin dar por hecho que el espectador debía sentirse en clase.

Esa es la virtud principal del programa y la que menos se le reconoce: nunca trató al público como a un alumno. Lo trató como a alguien que estaba ahí para pasarlo bien y al que, si le enseñas algo asombroso, se le queda. La pedagogía española lleva un siglo intentando eso mismo con resultados desiguales.

El desprecio silencioso de siempre

Hay un prejuicio muy español que consiste en medir el valor cultural de algo por la incomodidad que produce consumirlo. Según esa lógica, un documental a medianoche divulga y un experimento en horario de máxima audiencia entretiene. Es una distinción cómoda y bastante falsa.

Porque la divulgación que nadie ve no es divulgación. Es archivo. Y el archivo, con todo su mérito, no cambia la mirada de nadie sobre el mundo. La cambia lo que llega, y lo que llega es lo que se ve. Aceptar esto obliga a admitir algo que a mucha gente le cuesta: que el mayor servicio público en materia científica de las últimas dos décadas lo ha prestado una televisión privada, sin encomienda, sin subvención y sin ponerlo en el título.

Lo ha hecho, además, con un nivel de exigencia que casi nadie ve. Detrás de tres minutos de espectáculo hay un departamento con físicos, ingenieros y productores preparando cientos de experimentos por temporada, midiendo tiempos, calculando riesgos y asegurándose de que lo que se cuenta es cierto. Es ingeniería disfrazada de gamberrada, que probablemente sea la forma más difícil de ingeniería que existe.

‘El Hormiguero’

Lo que se queda

Hay una generación entera en España que vio su primera reacción química no en un aula, sino en un salón, con sus padres al lado y en pijama. No sabían que estaban aprendiendo. Es exactamente así como se aprende lo que no se olvida.

Nadie lo ha medido nunca. Ni el programa, ni la universidad, ni la administración. No existe un solo estudio serio que estime cuántas vocaciones científicas arrancaron delante de ese plató, cuántos profesores han repetido en clase un experimento visto la noche anterior o cuánta tecnología española encontró ahí el único escaparate masivo al que podía aspirar. Veinte años de emisión y ni un dato. Es, francamente, una negligencia académica.

Se puede discutir muchas cosas del programa, y se discuten, con razón y sin ella, casi todas las semanas. Pero esta no. Esta es la parte incontestable de su hoja de servicios, la que sobrevivirá a las polémicas, a las guerras de audiencia y a la propia carrera de quien lo presenta. Cuando dentro de treinta años alguien escriba sobre cómo se popularizó la ciencia en la España del siglo XXI, tendrá que hablar de una mesa, una bata y dos hormigas.

Han enseñado ciencia a un país de una manera verdaderamente entretenida y didáctica. Ese truco no lo tiene nadie más.

José Luis Labreda
José Luis Labredahttps://actualtv.es

Redactor especializado en televisión, redes sociales y comunicación digital, con experiencia en el ámbito del entretenimiento y la industria audiovisual.

Ha trabajado como responsable de prensa y comunicación en distintas empresas del sector del entretenimiento, lo que le ha permitido conocer de primera mano los procesos de difusión, promoción y gestión de contenidos audiovisuales.

En ActualTV cubre información relacionada con televisión, redes sociales y estrategias de comunicación digital aplicadas al sector audiovisual.

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