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Matt Damon revela cómo Netflix lucha contra el móvil

¿Alguna vez has comenzado una película y, unos minutos después, te has dado cuenta de que tenías el móvil en la mano? No estás solo. En una conversación franca e interesante en el podcast The Joe Rogan Experience, Matt Damon y Ben Affleck hablaron sobre este fenómeno moderno y cómo está reescribiendo las reglas del cine.

La batalla secreta de cada película

Promocionando su último proyecto juntos, El botín para Netflix, los viejos amigos y colaboradores sacaron a la luz una realidad incómoda. Hoy, el mayor desafío para una historia no es la competencia de otro estudio, sino la pantalla diminuta que todos llevamos en el bolsillo. La lucha por la atención del espectador se libra en el sofá de casa, contra notificaciones y mensajes.

Adolescencia: La prueba de que otra forma es posible

Frente a la lógica imperante, Ben Affleck presentó un contrapunto esperanzador. Señaló el éxito inesperado de la miniserie Adolescencia. Este fenómeno es fascinante porque parece ir en contra de todo lo que los algoritmos predican. No arranca con una explosión, usa planos largos y se permite silencios incómodos. Su potencia, argumentó Affleck, está en lo que sugiere y no muestra. Demuestra que el público no es tan predecible y responde a narrativas complejas si están bien ejecutadas.

Cuando el guion se escribe pensando en las distracciones

Matt Damon fue muy gráfico al describir la presión creativa actual. Explicó que en las reuniones con las plataformas se asume que el espectador no presta atención completa. Esta premisa cambia todo. Los guiones se revisan para que el gancho esté en los primeros cinco minutos. Los diálogos se cargan de información explicativa, recordando constantemente la trama por si alguien se distrajo. La estructura clásica de tres actos se comprime y altera. Como dijo Damon, la frase “la gente está con el móvil” se ha convertido en un argumento creativo de peso.

El dilema del creador: ¿Adaptarse o resistir?

Aquí surge la tensión central. Por un lado, están los datos masivos. Las plataformas saben exactamente en qué minuto la gente pausa o abandona una película. Eso genera una presión enorme para crear contenidos que “funcionen” según esas métricas. Por el otro lado, están los cineastas que defienden el ritmo interno de una historia, los momentos de calma necesarios para crear tensión o profundidad en un personaje.

¿Es este un choque entre arte y algoritmo? No exactamente. Es más bien una negociación constante. Películas como El botín intentan encontrar un punto intermedio: mantener la esencia de un thriller clásico mientras se adaptan a los hábitos de consumo actuales.

El móvil: Más que un aparato, un cambio cultural

Las reflexiones de Damon y Affleck van más allá de Netflix. El teléfono inteligente es el símbolo de una era de atención fragmentada. Consumimos varias cosas a la vez, saltamos de un estímulo a otro. El cine en sala era un ritual de entrega total; el streaming es una experiencia integrada en la vida diaria, con sus pausas para hacer la cena o contestar un WhatsApp.

Las plataformas no inventaron este comportamiento, pero son expertas en adaptarse a él. Y esa adaptación está moldeando, lenta pero firmemente, el lenguaje de las historias que vemos.

¿Hacia dónde va el cine que vemos en casa?

El futuro no parece una elección radical entre el cine pausado de antaño y la sobrestimulación constante. El camino, como sugiere la charla entre estos dos pesos pesados de Hollywood, será un espectro. Habrá espacio para películas que te agarren de la solapa desde el primer segundo, diseñadas para sobrevivir a las distracciones. Y también lo habrá, como prueba Adolescencia, para relatos que exigen paciencia y que premian al espectador que se sumerge por completo.

La clave está en la conciencia. Como espectadores, saber que cada vez que miramos el móvil durante una película, estamos votando por un tipo de cine. Y como creadores, entender que, a veces, el mayor acto de audacia creativa puede ser confiar en que el público apagará la pantalla de su teléfono, aunque sea por una hora, para dejarse llevar.

La conversación de Damon y Affleck no es una queja, es un mapa. Un diagnóstico lúcido de por qué las películas se sienten a veces diferentes ahora. Y un recordatorio de que, en medio de los algoritmos y las métricas, la conexión humana a través de una buena historia sigue siendo el objetivo final. Eso, al menos, no ha cambiado.

Redactor de ActualTV especializado en redes sociales. Interesado en el nuevo modo de comunicación digital.

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