InicioActualidadLa Séptima: 30 millones sin desglosar y una licencia de 15 años...

La Séptima: 30 millones sin desglosar y una licencia de 15 años sin notas públicas

La Séptima todavía no ha empezado a emitir, pero ya ha conseguido algo que normalmente requiere varios años de parrilla: tener una personalidad perfectamente reconocible. Será moderna, independiente, optimista, abierta, constructiva, entretenida y de buen rollo. También quiere mejorar el mundo. Falta saber qué programas hará exactamente, cuánto costarán y por qué su oferta mereció la nueva licencia nacional de TDT, pero tampoco conviene atascar un proyecto de futuro con preguntas del presente.

El canal comenzará sus emisiones el 5 de noviembre de 2026. Lo hará gracias a una licencia adjudicada por el Consejo de Ministros durante 15 años y con el propósito de competir con Cuatro y laSexta. Sus promotores calculan una inversión de entre 25 y 30 millones de euros durante los tres primeros ejercicios y hablan de cerca de 300 empleos directos e indirectos. El plan de negocio, según reconoció José Miguel Contreras a finales de junio, todavía se estaba ajustando. Son detalles. Primero se obtiene la televisión y después ya se termina la hoja de cálculo.

Publicidad

No hay pruebas públicas de que la licencia se haya concedido a dedo. Lo que hay es una manera bastante original de evitar la sospecha: no publicar en la resolución las puntuaciones de las ofertas. Quizá la transparencia, como los buenos programas, se reserve para la temporada de estreno.

Las cuentas son privadas, la frecuencia no

La inversión anunciada ronda los 28 millones. Con ese dinero La Séptima pretende construir una cadena nacional en directo, disputar audiencia y publicidad a dos operadores consolidados, generar cientos de empleos y levantar una sede que Contreras ha descrito como una especie de “Disneylandia del mundo de la televisión”.

Publicidad

Disneyland parece una comparación ambiciosa para un proyecto que va a externalizar prácticamente todo, pero la televisión siempre ha vivido mejor de una buena escenografía que de una tabla de amortizaciones. Los platós, los controles, la continuidad, el almacenamiento y la infraestructura técnica serán proporcionados por Toboggan. La nueva cadena empezará sin estudios ni equipamiento audiovisual propios.

No tiene por qué ser una mala decisión. Externalizar reduce la inversión inicial y permite empezar más deprisa. También significa que una parte importante de lo presentado como creación de empleo corresponderá a proveedores, colaboradores, técnicos contratados por terceros y comentaristas que acudirán algunas veces por semana. Los 300 trabajadores existen hoy como estimación y, dentro de ella, caben bastantes formas distintas de trabajar.

Tampoco conocemos el reparto detallado de esos 25 o 30 millones. Cuánto aportarán los socios, cuánto procederá de deuda, qué pérdidas se han previsto, cuánto costará distribuir la señal o qué facturación publicitaria necesita la cadena para alcanzar el equilibrio. El pliego obligaba a entregar al Gobierno previsiones de ingresos, gastos, préstamos, aportaciones de socios, inversiones y tesorería para cada año de la licencia. La Administración tiene unas cuentas de La Séptima que los futuros espectadores no tienen.

Puede que sean magníficas. Sería una lástima estropear el misterio enseñándolas.

La televisión más moderna se parece bastante a una tertulia

Contreras ha explicado que La Séptima no será de “rojos o azules”, porque identificarse demasiado con una posición política sería un mal negocio. Su ideología será otra, aparentemente más objetiva: la de “la televisión más moderna” de España.

Es una fórmula estupenda. Uno no defiende una línea ideológica, sino la modernidad. Quien coincida será moderno. Quien discrepe podrá elegir entre antiguo, negativo, bronquista o poco constructivo. La pluralidad empieza siendo mucho más cómoda cuando uno mismo redacta el diccionario.

El canal promete una comunidad abierta, optimista y de buen rollo, unida alrededor de valores sociales reconocibles. También anuncia que su contenido estará centrado en la actualidad, la opinión, el debate y la explicación. Contreras calculó que el coste de esas mesas será básicamente la “saliva” de las tres o cuatro personas sentadas alrededor.

La frase tiene la virtud de resumir el modelo mejor que cualquier presentación comercial. Investigar cuesta dinero. Enviar equipos cuesta dinero. Mantener corresponsales cuesta dinero. Sentar a cuatro personas para explicar durante tres horas lo que está pasando cuesta, sobre todo, saliva.

La Séptima asegura que no convertirá bulos en debates y que huirá de la bronca. Estupendo. La cuestión no es si su tertulia gritará más bajo que las demás, sino quién elegirá los asuntos, los expertos, las preguntas y los silencios. Una televisión puede hablar con exquisita educación y seguir completamente inclinada. De hecho, las inclinaciones más eficaces suelen cuidar mucho las formas.

Todavía no sabemos si La Séptima estará sesgada. Apenas sabemos quién se sentará en sus mesas. Pero el proyecto ha definido ya los valores, el espíritu, los adversarios culturales y hasta el estado de ánimo correcto de su audiencia. El código editorial llegará después. Primero la comunidad, luego ya veremos el periodismo.

La licencia se ganó, aunque no sepamos por cuánto

El pliego del concurso establecía que las ofertas debían valorarse por su pluralismo, viabilidad económica, programación, capacidad técnica, innovación y contribución a la industria audiovisual. También señalaba que la Mesa de Evaluación ordenaría las candidaturas e indicaría la puntuación obtenida por cada una.

Después llegó la resolución. Servicios Integrados Entretenimiento Televisivo había ganado. Enhorabuena. La publicación oficial de la adjudicación no incluye la nota de la ganadora, la de Mediaset ni el informe comparativo que permitiría saber dónde estuvo la diferencia. Sí explica que todos los compromisos adicionales presentados por SIETE serán vinculantes durante la vigencia de la licencia. Tampoco enumera esos compromisos.

Puede que el procedimiento fuese impecable. También puede que la oferta de La Séptima superase ampliamente a la de Mediaset. Ambas posibilidades resultarían más fáciles de defender con la pintoresca costumbre de enseñar las puntuaciones.

La frecuencia es un recurso público escaso. No equivale a abrir un pódcast, registrar un dominio o alquilar un estudio. Proporciona cobertura nacional, acceso al mercado publicitario y una posición de influencia que el resto de proyectos audiovisuales no puede adquirir simplemente poniendo dinero sobre la mesa.

Por eso resulta curioso que toda la carga de la transparencia descanse sobre una palabra tan agradecida como “concurso”. Hubo un concurso. Hubo una mesa. Hubo puntuaciones. Hubo un ganador. Todo está en orden. Solo falta conocer la parte que permitiría comprobarlo.

La sombra de una licencia a medida no se elimina calificando la sospecha de partidista. Se elimina publicando el informe. Aunque quizá eso sea pedirle demasiado a la televisión más moderna de España: empezar su historia con una información completa.

Independiente, pero convenientemente acompañada

Contreras ha defendido que sería absurdo invertir 30 millones para ayudar a un partido que podría perder las próximas elecciones. El razonamiento es impecable siempre que se acepte que los medios solo ejercen influencia durante las campañas y que los negocios nunca tienen intereses políticos más largos que una legislatura.

Por supuesto que La Séptima quiere ganar dinero. También lo quieren el resto de cadenas, periódicos y radios con línea editorial. Ser un negocio no vacuna contra el sesgo. A veces incluso ayuda a financiarlo.

Como ya analizamos al seguir las relaciones empresariales que rodean el nacimiento de La Séptima, el problema no consiste en que sus propietarios tengan ideas, amistades o intereses. Sería extraordinario encontrar un empresario de comunicación sin ellos. El problema aparece cuando la cadena se presenta como una especie de espacio moralmente superior, libre de las inclinaciones que contaminan a todos los demás.

La Séptima puede acabar siendo una buena televisión. Puede encontrar una audiencia, hacer programas inteligentes y demostrar que sus cuentas tenían sentido. Puede ser plural, independiente y hasta divertida.

De momento tiene una licencia nacional, una inversión anunciada sin desglose público, una infraestructura enteramente externalizada y una ideología que consiste en declararse moderna. No es poco para un canal que aún no ha emitido.

Y, naturalmente, no demuestra nada.

Las claves

  • La Séptima prevé invertir entre 25 y 30 millones de euros, aunque su plan de negocio seguía ajustándose a finales de junio.
  • La cadena externalizará prácticamente toda su operación y basará buena parte de la parrilla en opinión, debate y actualidad.
  • La resolución de adjudicación no publica las puntuaciones comparadas ni detalla los compromisos adicionales de la oferta ganadora.
  • Nada de esto demuestra una licencia a dedo o un sesgo completo, pero tampoco parece diseñado para despejar las dudas.

José Luis Labreda
José Luis Labredahttps://actualtv.es

Redactor especializado en televisión, redes sociales y comunicación digital, con experiencia en el ámbito del entretenimiento y la industria audiovisual.

Ha trabajado como responsable de prensa y comunicación en distintas empresas del sector del entretenimiento, lo que le ha permitido conocer de primera mano los procesos de difusión, promoción y gestión de contenidos audiovisuales.

En ActualTV cubre información relacionada con televisión, redes sociales y estrategias de comunicación digital aplicadas al sector audiovisual.

Publicidad

Artículos recientes