España y Canadá firmarán el 13 de septiembre en el Festival de Toronto un nuevo tratado de coproducción audiovisual destinado a sustituir un marco bilateral que nació en 1985 y que recibió su última gran actualización hace veinte años. El ICAA ha anunciado la firma dentro de la presencia española en TIFF 2026, mientras que ambos gobiernos habían autorizado previamente la operación. España lo hizo en febrero y Canadá en julio.
No es una cuestión meramente diplomática. Un tratado de estas características puede determinar qué nacionalidad obtiene una coproducción, qué porcentaje debe asumir cada socio, dónde puede rodarse, qué profesionales pueden computar dentro del proyecto y a qué ayudas o incentivos puede acceder. Para una productora, esa letra pequeña puede ser la diferencia entre disponer de dos sistemas nacionales de financiación o limitarse a mantener una asociación comercial entre empresas.
Y los datos sugieren que existe bastante recorrido. ActualTV ha revisado los cinco últimos ejercicios completos publicados por Telefilm Canada. Entre 2021-22 y 2025-26, el organismo canadiense recomendó 277 coproducciones internacionales; España solo aparece en cinco de esos proyectos, el 1,8% del total. Hay, sin embargo, una novedad: tres de las cinco corresponden al último ejercicio disponible.
Coproducir no significa simplemente repartir la factura entre dos países
La principal ventaja de un acuerdo internacional de coproducción es bastante más concreta de lo que su lenguaje administrativo sugiere. Según explica el propio ICAA en su guía para coproducir con España, las obras realizadas al amparo de convenios internacionales pueden ser consideradas producciones nacionales y acceder, si cumplen los requisitos correspondientes, a las mismas fuentes de financiación que una producción enteramente española. El instituto contabiliza 568 coproducciones de largometrajes con países extranjeros entre 2015 y 2025.
En el lado canadiense ocurre algo parecido. Canadian Heritage explica que las coproducciones reconocidas por tratado reciben estatus nacional y pueden optar, siempre que cumplan las condiciones particulares de cada programa, a instrumentos como el crédito fiscal federal, incentivos provinciales, el Canada Media Fund o los fondos gestionados por Telefilm. En televisión, el reconocimiento también puede permitir que la obra compute como contenido canadiense.
Ese es el valor industrial de estos acuerdos. Una productora española y otra canadiense pueden trabajar juntas sin un tratado, pero una coproducción oficial puede entrar simultáneamente dentro de los sistemas de apoyo de ambos países. Telefilm, de hecho, es el organismo encargado de evaluar los proyectos canadienses y recomendar cuáles pueden ser reconocidos oficialmente por el Ministerio de Patrimonio canadiense.
La internacionalización del audiovisual español tampoco depende ya únicamente de vender una película terminada fuera. Como hemos analizado en ActualTV al estudiar la capacidad de las producciones españolas para encontrar millones de espectadores fuera de España, cada vez importa más cómo se financia, produce y distribuye una obra desde su origen.
El tratado actual nació antes de internet y todavía habla de videodiscos
La distancia entre el convenio vigente y la industria audiovisual de 2026 empieza a percibirse simplemente leyendo el documento.
El acuerdo original entre España y Canadá se firmó el 14 de enero de 1985. Ya entonces establecía que las películas aprobadas como coproducciones disfrutarían de los derechos y beneficios otorgados a las producciones nacionales de cada país. También imponía reglas sobre el origen de directores, intérpretes y técnicos, lugares de rodaje y equilibrio financiero entre los coproductores.
En 2006 llegó una actualización importante. La modificación publicada en el BOE amplió la definición de coproducción a obras audiovisuales de cualquier duración y soporte, incluidos largometrajes, animación y documentales. Resulta revelador que el texto enumerase como posibles vías de explotación las salas, la televisión, el videocasete y el videodisco, antes de añadir una cláusula abierta para futuras formas de producción y distribución.
Aquella reforma modernizó el acuerdo, pero dejó diferencias relevantes entre cine y otras obras audiovisuales. Las coproducciones cinematográficas podían beneficiarse de las ventajas previstas por la legislación de cada país. Para las producciones audiovisuales no cinematográficas, el texto establecía que podían acogerse al convenio a efectos de acreditación nacional, pero separaba ese reconocimiento de las ventajas económicas establecidas por las legislaciones respectivas.
Ese matiz tiene bastante más importancia en 2026 que en 2006. La producción internacional de series, animación, documentales y contenidos destinados a plataformas ocupa hoy un espacio industrial que no tenía entonces.
El marco vigente también mantiene una participación bilateral situada generalmente entre el 20% y el 80% del presupuesto y exige una contribución técnica y artística efectiva del socio minoritario. La aportación de cada país debe incluir, como principio general, determinados elementos creativos, artísticos y técnicos.
Cinco proyectos españoles dentro de 277 coproducciones: el dato que explica el margen de crecimiento
Para saber cuánto se utiliza realmente esa relación bilateral, ActualTV ha revisado los informes anuales que Telefilm Canada publica sobre los proyectos recomendados como coproducciones internacionales.
La metodología es sencilla: hemos sumado el total de coproducciones recomendadas durante los ejercicios 2021-22, 2022-23, 2023-24, 2024-25 y 2025-26 y hemos comprobado en qué años España figura entre los países participantes. Los documentos originales correspondientes a 2021-22, 2022-23, 2023-24, 2024-25 y 2025-26 están publicados por el propio organismo canadiense.
| Ejercicio | Coproducciones recomendadas | Con participación española |
|---|---|---|
| 2021-22 | 53 | 1 |
| 2022-23 | 60 | 0 |
| 2023-24 | 57 | 0 |
| 2024-25 | 54 | 1 |
| 2025-26 | 53 | 3 |
| Total | 277 | 5 |
Fuente y metodología: elaboración de ActualTV a partir de las estadísticas anuales de Telefilm Canada. Los informes advierten de que sus datos pueden ser modificados posteriormente. En las coproducciones multipartitas, el proyecto se cuenta una sola vez dentro del total del ejercicio y se considera vinculado a España cuando el país figura entre los participantes.
El resultado necesita dos lecturas. La primera es evidente: España representa apenas cinco de los 277 proyectos, aproximadamente un 1,8%. Francia y Reino Unido aparecen de forma recurrente con volúmenes muy superiores. El eje España-Canadá existe, pero en los últimos cinco ejercicios ha sido secundario dentro del mapa canadiense de coproducción.
La segunda es bastante más interesante ahora. España pasó de no aparecer en 2022-23 ni en 2023-24 a un proyecto en 2024-25 y tres en 2025-26, lo que supone aproximadamente el 5,7% de las 53 coproducciones recomendadas en ese último ejercicio. No permite hablar todavía de una tendencia consolidada, pero sí de una aceleración justo antes de la sustitución del tratado.
Hay además actividad posterior a ese periodo estadístico. En mayo de 2026, Telefilm anunció financiación para ‘Insectario’, una coproducción entre Canadá, México y España. Y el 8 de septiembre, apenas cinco días antes de la firma del nuevo tratado, el organismo comunicó su inversión en ‘Turpentine’, una coproducción directamente planteada entre Canadá y España. Son decisiones de financiación, no equivalen por sí mismas a la certificación final del tratado, pero muestran que ya hay proyectos moviéndose en esa dirección.
La verdadera noticia estará en la letra pequeña que todavía no conocemos
Aquí conviene poner un límite a lo que se puede afirmar antes de la firma. A 12 de septiembre de 2026, el nuevo articulado no consta publicado en las fuentes oficiales consultadas.
España ya había dado luz verde al proceso: el Consejo de Ministros autorizó la firma el 17 de febrero. Canadá hizo lo propio el 9 de julio, pero su autorización especifica que el tratado se firma sujeto a ratificación. La orden oficial canadiense permite expresamente a Marc Miller firmar el acuerdo en nombre del Gobierno.
De hecho, la página oficial de Canadian Heritage dedicada a estos acuerdos todavía incluye a España entre los países con tratados en proceso de negociación. Y la propia relación de convenios del ICAA continúa mostrando como marco vigente los documentos de 1985 y 2006. El listado español de acuerdos bilaterales puede consultarse aquí.
Por eso sería prematuro afirmar que el nuevo tratado baja ya los porcentajes mínimos, permite determinadas aportaciones financieras o concede automáticamente a una serie las mismas ventajas que a una película. Son precisamente las cuestiones que habrá que comprobar cuando se haga público.
Sí existen pistas sobre el tipo de modernización que ambos países están buscando. Canadá sustituyó en 2023 su antiguo convenio con Suiza, también procedente de los años ochenta, por un tratado que el propio Gobierno canadiense presentó como más moderno y flexible, pensado para adaptarse mejor a la realidad contemporánea de los rodajes y la producción audiovisual. Eso no significa que España vaya a recibir las mismas condiciones, pero demuestra que la revisión de tratados antiguos forma parte de una estrategia canadiense más amplia.
España ofrece otra referencia todavía más reciente. El acuerdo de coproducción firmado con Colombia en 2025 menciona expresamente ficción, animación, documentales, series y películas para televisión, contempla determinadas coproducciones de participación exclusivamente financiera y regula la incorporación de terceros países. Es un texto nacido directamente en la industria audiovisual actual, no una reforma de un convenio concebido cuatro décadas atrás.
Ahí estará probablemente la parte más interesante del acuerdo de Toronto. No en descubrir si España y Canadá pueden coproducir, porque llevan haciéndolo desde 1985, sino en comprobar cuántas de las fricciones del viejo sistema desaparecen y qué producciones pueden acogerse de verdad a sus beneficios.
Los números explican por qué merece la pena mirar esa letra pequeña. Cinco proyectos con participación española en cinco ejercicios completos es una relación modesta para dos países con industrias audiovisuales desarrolladas y sistemas importantes de financiación pública e incentivos. Tres proyectos en el último año y dos nuevas inversiones anunciadas durante 2026 sugieren, al menos, que el terreno se está moviendo.
El tratado no será relevante porque inaugure una relación. Lo será si consigue que una relación que hasta ahora ha sido pequeña deje de serlo.



