
Congelar el pan se ha convertido en un hábito cada vez más común en muchos hogares. Ya sea para evitar el desperdicio o para mantenerlo más tiempo fresco, esta práctica tiene un efecto que ha llamado la atención de nutricionistas y científicos: puede hacerlo ligeramente más saludable.
Pero, ¿es realmente cierto que congelar el pan reduce su impacto en la glucosa en sangre? ¿Aporta beneficios digestivos? ¿Es mejor congelarlo o refrigerarlo? A continuación, te contamos todo lo que debes saber, con evidencia científica y consejos de expertos.
Cuando congelamos el pan y luego lo descongelamos (sobre todo si lo tostamos después), se produce un fenómeno interesante a nivel bioquímico: parte del almidón que contiene se transforma en almidón resistente, una forma de fibra que no se digiere fácilmente en el intestino delgado.
Este almidón actúa como prebiótico, alimentando a las bacterias buenas del colon y generando compuestos como el butirato, un ácido graso beneficioso que ayuda a proteger el intestino, reducir la inflamación y mejorar la salud digestiva.
Varios estudios han demostrado que congelar el pan, descongelarlo y luego tostarlo puede reducir su índice glucémico. Es decir, provoca un menor pico de azúcar en sangre tras su consumo.
En cifras, la diferencia puede llegar a ser de hasta un 30 % menos en la respuesta glucémica, especialmente cuando se trata de pan casero o artesanal. No obstante, en panes industriales, los efectos pueden ser menos marcados debido a los aditivos y azúcares añadidos.
“No es que el pan se vuelva milagrosamente saludable, pero sí puede tener un efecto más moderado en nuestra glucosa”, explicó la farmacéutica y divulgadora Marián García, conocida como Boticaria García.
Este es uno de los puntos más malinterpretados. Al convertir parte del almidón en una forma más resistente, el cuerpo absorbe ligeramente menos calorías. Sin embargo, el cambio es mínimo: se estima una reducción del 5 % al 10 %.
Por ejemplo, si una rebanada de pan tiene 100 calorías, congelarla y tostarla puede reducir su aporte energético a unas 90 o 95 calorías. Esto no justifica un consumo ilimitado, pero puede ser útil dentro de una estrategia de control de glucosa o peso.
Muchas personas creen que guardar el pan en la nevera es buena idea. Sin embargo, refrigerar el pan es lo peor que puedes hacer, según expertos en tecnología alimentaria.
El frío del refrigerador acelera el proceso de retrogradación del almidón y lo hace más duro y seco, además de perder aroma y textura. En cambio, la congelación a -18 °C detiene ese proceso, conservando mucho mejor su sabor y propiedades.
Congelar pan blanco o integral genera el mismo tipo de reacción en el almidón, pero el pan integral sigue siendo superior desde el punto de vista nutricional.
El pan integral contiene más fibra, minerales y vitaminas, y además tiene un índice glucémico más bajo de forma natural. Congelarlo puede aportar un extra de almidón resistente, pero el beneficio ya parte de una base más saludable.
Por tanto, congelar el pan y luego tostarlo es un pequeño gesto que puede ayudarte a mejorar su digestibilidad, controlar mejor la glucosa y cuidar tu microbiota intestinal. Eso sí, no esperes milagros: sigue siendo pan, y debe consumirse con moderación dentro de una dieta equilibrada.
Redactor de ActualTV especializado en redes sociales. Interesado en el nuevo modo de comunicación digital.
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