El fenómeno de El diablo viste de Prada 2 no se ha quedado en las salas de cine. La secuela protagonizada por Meryl Streep, Anne Hathaway y Emily Blunt ha llegado a Disney+ con una fuerza extraordinaria y ha superado los 15 millones de visualizaciones en sus primeros cinco días, un dato que la coloca como el mejor estreno de una película de acción real de la plataforma en ese periodo.
La cifra adquiere todavía más relevancia por el rival al que ha dejado atrás: Deadpool y Lobezno. La película de Marvel registró 19,4 millones de reproducciones durante sus primeros seis días, pero el ritmo diario de la nueva visita a las oficinas de Runway ha sido superior. No es solo una victoria para una comedia ambientada en el mundo de la moda; también es una señal del poder que todavía conservan las franquicias asociadas a personajes reconocibles y a una identidad visual muy marcada.
Un estreno en streaming que confirma el efecto Miranda Priestly
El diablo viste de Prada 2 está disponible en Disney+ desde el 29 de julio de 2026, después de haber pasado primero por las salas de cine. La plataforma presentó la película como el reencuentro de Andy Sachs con Miranda Priestly, casi dos décadas después de la historia original. La información oficial puede consultarse en la ficha de Disney+.
Ese recorrido resulta importante para entender el alcance del resultado. La película no ha funcionado únicamente como una novedad de catálogo, sino como la segunda etapa de un lanzamiento diseñado para aprovechar el interés acumulado durante meses. El público que acudió a los cines ha encontrado ahora una nueva ocasión para revisitarla en casa, mientras que quienes esperaron al estreno digital han podido incorporarse al fenómeno de manera inmediata.
La estrategia también beneficia a la primera entrega. El regreso de los personajes ha reactivado la conversación en torno a la película de 2006, que continúa ocupando un lugar especial dentro de la cultura popular. Sus diálogos, sus estilismos y la interpretación de Streep como Miranda Priestly forman parte del imaginario colectivo, algo que explica por qué la secuela ha conseguido conectar con espectadores que ya conocían la historia y con una generación que se acerca ahora a ella por primera vez.
La nostalgia funciona cuando viene acompañada de una historia nueva
El éxito de la secuela no puede explicarse únicamente por la nostalgia. Recuperar a un reparto tan asociado a una película querida siempre genera interés, pero no garantiza que el público responda. En este caso, el proyecto vuelve a reunir a Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt y Stanley Tucci con el director David Frankel y la guionista Aline Brosh McKenna, al tiempo que plantea un nuevo conflicto para la revista Runway.
La trama sitúa a Andy en una etapa más madura de su vida profesional, mientras Miranda se enfrenta a un panorama editorial muy distinto al de la primera película. El cambio permite que la secuela no dependa exclusivamente de repetir la dinámica entre una jefa implacable y una asistente desbordada. El mundo de la moda sigue siendo el escenario, pero el conflicto se amplía hacia la transformación de los medios, la pérdida de influencia de las revistas impresas y la necesidad de adaptarse a un sector que ya no funciona con las mismas reglas.
Emily Charlton también regresa convertida en una figura con mayor poder dentro de la industria. Ese desplazamiento modifica las relaciones entre los personajes y abre una vía para explorar cómo han cambiado sus prioridades. El atractivo de la película está, en parte, en comprobar qué queda de aquellas personas y qué han tenido que sacrificar para llegar hasta el lugar que ocupan ahora.
El fenómeno empezó antes de llegar al sofá
Antes de imponerse en Disney+, la película ya había demostrado su capacidad para movilizar a los espectadores en los cines. La secuela alcanzó una recaudación mundial de 691,3 millones de dólares, una cifra especialmente significativa para una continuación estrenada casi veinte años después del filme original.
El resultado confirma que el público no reserva su entusiasmo únicamente para los superhéroes, las grandes sagas de ciencia ficción o la animación. Una comedia dramática con protagonistas adultas, referencias al mundo editorial y una fuerte personalidad estética también puede convertirse en un acontecimiento comercial cuando consigue activar una conexión emocional reconocible.
Ahí reside una de las claves de El diablo viste de Prada 2. La película pertenece a una franquicia pequeña en comparación con Marvel o Star Wars, pero tiene algo que muchas superproducciones no pueden fabricar: personajes inmediatamente identificables. Miranda, Andy y Emily no necesitan una mitología compleja para atraer al público. Basta con devolverlas a un entorno que los espectadores recuerdan y ofrecerles un nuevo problema que resolver.
Anne Hathaway firma uno de los grandes años de su carrera reciente
El dato de Disney+ también refuerza el protagonismo de Anne Hathaway en 2026. La actriz vuelve a interpretar a Andy Sachs en una película que ha logrado destacar tanto en salas como en streaming, y además forma parte del reparto de La odisea, el ambicioso proyecto dirigido por Christopher Nolan.
Más allá de comparar cifras entre películas muy distintas, la coincidencia resulta reveladora. Hathaway aparece vinculada durante el mismo año a dos producciones de gran escala y con públicos potenciales muy diferentes. Por un lado, una continuación marcada por la moda, la sátira profesional y el reencuentro de personajes. Por otro, una superproducción de autor respaldada por uno de los directores más relevantes del cine contemporáneo.
Ese doble recorrido contribuye a explicar por qué su presencia en El diablo viste de Prada 2 ha sido una pieza tan importante dentro de la campaña de la película. Andy Sachs sigue siendo uno de sus papeles más reconocibles, pero la actriz ya no aparece como la joven recién llegada a Nueva York. El paso del tiempo forma parte del atractivo del proyecto y permite que el público valore cómo ha evolucionado el personaje.
¿Habrá una tercera entrega?
El récord de audiencia abre, inevitablemente, la puerta a nuevas conversaciones sobre el futuro de la saga. Por ahora, no hay confirmación de una tercera película, de modo que cualquier posibilidad debe plantearse como una hipótesis y no como un proyecto anunciado.
Lo que sí está claro es que Disney ha recibido una respuesta contundente. La combinación de una marca reconocible, un reparto querido, una campaña apoyada en la nostalgia y una historia conectada con los cambios de la industria editorial ha funcionado primero en cines y después en streaming. El botón de reproducción ha demostrado que Runway todavía tiene mucho que decir, aunque la próxima decisión importante no será qué vestido lucir, sino si Miranda Priestly está dispuesta a abandonar su despacho.




