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Cristina Pardo demuestra que ‘La Mesa’ puede funcionar, siempre que se sienten los invitados adecuados

Cristina Pardo convence en el estreno de 'La Mesa', un formato con buenas ideas que deberá cuidar sus invitados para mantener el interés en prime time.

La Mesa necesitó poco tiempo para dejar dos cosas bastante claras en su estreno. La primera es que Antena 3 ha encontrado un formato con posibilidades. La segunda, quizá más importante, es que Cristina Pardo tiene sitio de sobra en el prime time de la cadena.

No porque la periodista necesitara demostrar a estas alturas que sabe hacer televisión. Su trayectoria habla por ella. Pero una cosa es conducir durante años un programa diario como Más Vale Tarde y otra ponerse al frente de una apuesta semanal que pretende convertir la conversación en espectáculo de prime time. Pardo superó esa prueba con una naturalidad que probablemente sea una de las mejores bazas de La Mesa.

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El programa nació con una idea sencilla: reunir cada semana a personas diferentes alrededor de una misma mesa y utilizar ese espacio para pasar de la actualidad al entretenimiento, cambiando de asuntos y protagonistas a lo largo de la noche. Atresmedia había planteado precisamente esa estructura antes del estreno, con varias conversaciones y tonos dentro de un mismo programa.

Y cuando la fórmula funcionó, funcionó muy bien.

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Una primera parte que señaló el camino

La primera parte fue claramente la más sólida de la noche. La presencia de Vicente Vallés, Carlos Alsina y otros perfiles vinculados al análisis político y periodístico elevó la conversación y permitió ver qué puede ofrecer La Mesa cuando consigue reunir a personas con criterio, experiencia y algo verdaderamente interesante que contar.

No hizo falta mucho más.

Pardo supo conducir esos intercambios sin atropellarlos, introducir preguntas en el momento adecuado y mantener un tono suficientemente ligero como para no convertir el programa en otra tertulia política al uso. Ese equilibrio puede ser especialmente valioso porque La Mesa se enfrenta a una dificultad evidente: llega al final del día para hablar, al menos en parte, de una actualidad que el espectador ya lleva muchas horas consumiendo.

Ahí está probablemente una de sus grandes pruebas. La televisión está llena de análisis, tertulias y conversaciones sobre las noticias del día. Un programa semanal en prime time necesita ofrecer algo distinto: mejores invitados, más tiempo, conversaciones menos previsibles o simplemente una mirada que justifique volver sobre asuntos que el público probablemente ya conoce.

En sus mejores momentos, el estreno consiguió precisamente eso.

También hubo una segunda parte más irregular, en la que las conversaciones no alcanzaron, ni mucho menos, el mismo nivel de interés que las primeras. No es especialmente preocupante después de una única emisión y forma parte incluso de la búsqueda natural de tono de un formato nuevo, pero sí deja una pista bastante útil para el futuro: La Mesa será mucho mejor cuanto más exigente sea con aquello que decide sentar alrededor de ella. Tiene que procurar tener invitados de nivel.

Cristina Pardo La Mesa (2)
Cristina Pardo en ‘La Mesa’

Cristina Pardo, la mejor garantía del formato

Por encima de invitados, secciones y temas, la gran constante de la noche fue Cristina Pardo.

Tiene tablas, rapidez y, sobre todo, una capacidad muy útil para este tipo de televisión: sabe orientar una conversación sin hacer evidente constantemente que la está orientando. Puede preguntar, escuchar, introducir una broma o cambiar de asunto sin romper el ritmo. Y tampoco parece necesitar convertirse en protagonista cuando la conversación ya funciona sola.

Es precisamente esa naturalidad la que hace pensar que La Mesa puede crecer.

También tiene sentido el concepto visual que da nombre al programa. La gran mesa con una pantalla integrada en su centro permite introducir vídeos, imágenes y otros elementos durante las conversaciones y dota al espacio de una identidad reconocible. Atresmedia había presentado ese elemento como una de las principales herramientas narrativas del formato.

Quizá, después de verla funcionar, cabía esperar algo más. De momento, la mesa es más un recurso visual ingenioso que una revolución televisiva. Está bien integrada, ofrece posibilidades y diferencia al programa, pero todavía parece haber bastante margen para jugar con ella y conseguir que tenga un peso mayor en las propias conversaciones.

Tampoco necesita mucho más artificio.

Porque la conclusión más interesante del estreno es precisamente que La Mesa funciona cuando confía en lo esencial: una presentadora solvente, un buen asunto y personas que merezca la pena escuchar.

La audiencia tampoco dio la espalda al experimento. El estreno reunió a 742.000 espectadores y logró un 13,1% de cuota, liderando su franja. En estricta coincidencia con la final de Grand Prix, además, alcanzó un 13% y 847.000 espectadores frente al 12,5% y 817.000 del concurso de La 1. Es un buen punto de partida, aunque una primera noche nunca permita anticipar por sí sola el recorrido de un programa.

Ahora tendrá que demostrar que puede mantenerlo cuando desaparezca la curiosidad del estreno.

Tiene elementos para conseguirlo. Sobre todo uno: Cristina Pardo parece entender perfectamente qué televisión necesita un programa como este. Si La Mesa mantiene el nivel de sus mejores invitados y consigue que cada conversación tenga una razón para ocupar el prime time, Antena 3 puede haber encontrado un formato interesante para las noches de los miércoles.

Después del estreno, al menos, apetece comprobarlo.

Ricardo Ducazcal Adiego
Ricardo Ducazcal Adiego
Ricardo Ducazcal es el editor y fundador de ActualTV, que fundó en 2018. Cubre la actualidad de la industria audiovisual y cultural con un enfoque editorial que combina la dimensión empresarial del entretenimiento (estrategias, movimientos corporativos y modelos de negocio) con su impacto creativo y cultural. Su trabajo se centra en ofrecer contexto, análisis y criterio propio sobre las tendencias que marcan el presente y el futuro del sector.
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