Durante buena parte de la guerra del streaming, la estrategia parecía bastante sencilla: si una compañía tenía una película, una serie o una franquicia valiosa, debía guardársela para su propia plataforma. Disney fue probablemente el ejemplo más evidente. En 2017 anunció que dejaría de entregar a Netflix sus nuevos estrenos cinematográficos a partir de 2019 para preparar el lanzamiento de su propio servicio. Disney+ nació dos años después reivindicándose precisamente como hogar de Disney, Pixar, Marvel, Star Wars y National Geographic.
Nueve años después, parte del viaje se está haciendo en sentido contrario. Disney acaba de acordar que Netflix pueda ofrecer las cinco películas de Ice Age, las dos primeras temporadas de Percy Jackson y los dioses del Olimpo, episodios de Will Trent y, desde 2027, películas de Disney y Pixar como Soul, Elio y Raya y el último dragón. Percy Jackson y Ice Age estarán disponibles globalmente durante tres meses. Disney conserva la mayor parte de sus títulos de marca dentro de sus propias plataformas, pero la frontera ya no es aquella muralla de los primeros años.
En España, el movimiento resulta todavía más curioso. Desde el 1 de octubre, Netflix alberga una colección mensual de diez películas y documentales licenciados y seleccionados por el propio equipo editorial de Filmin. Cada colección permanece dos meses mientras entra la siguiente. Netflix no está comprando solamente películas a otra plataforma: está incorporando dentro de su interfaz la prescripción de una competidora especializada.
Lo relevante no son estos dos acuerdos por separado. Es que encajan en una cadena mucho mayor. El streaming está recuperando algo que durante su etapa de expansión quiso destruir: las ventanas, la sindicación y la circulación del contenido entre servicios distintos.
Netflix nunca dejó realmente de necesitar contenido ajeno
La narrativa de los primeros años de la batalla del streaming invitaba a pensar que Netflix terminaría convirtiéndose fundamentalmente en una fábrica de originales. La realidad financiera es bastante menos limpia.
En su informe anual de 2025, Netflix declaró 8.714 millones de dólares de amortización de contenido licenciado, frente a 7.145 millones en 2023. Eso supone un incremento del 21,9% en dos años, según el cálculo realizado por ActualTV a partir de las cifras de la compañía. La amortización de contenido producido pasó, durante el mismo periodo, de 7.052 a 7.709 millones, aproximadamente un 9,3% más.
La comparación necesita una precisión importante. Amortización no significa gasto realizado durante ese año ni permite calcular cuántas películas o series ha comprado Netflix. Es un concepto contable que reconoce progresivamente el coste de los derechos y las producciones. Pero sí permite comprobar algo relevante: el contenido licenciado no se ha convertido en una reliquia de la antigua Netflix. En 2025 representó algo más de la mitad de la amortización conjunta de contenido producido y licenciado declarada por la empresa.
La propia Netflix reconoce abiertamente ese modelo. Su estrategia combina producciones encargadas, tanto propias como licenciadas, con licencias de segunda ventana. La compañía continúa compitiendo con otros servicios por comprar derechos al mismo tiempo que compite contra ellos por el espectador.
La paradoja tiene incluso cierta justicia histórica. En una presentación para inversores de 2024, la propia Disney señalaba como una de las ventajas iniciales de Netflix haber construido escala mediante una gran cantidad de contenido prémium relativamente barato licenciado por los grandes estudios. Disney aseguraba entonces que también estaba aumentando el contenido adquirido a terceros para ampliar su biblioteca.
El sector ha dado casi una vuelta completa.

De Filmin a ‘The Walking Dead’: seis acuerdos que enseñan el nuevo modelo
Los acuerdos no son iguales ni afectan a los mismos territorios. Precisamente ahí está el cambio. La alternativa ya no es exclusivamente “me lo quedo” o “se lo doy a Netflix”. Los propietarios pueden vender una ventana, compartir derechos, limitar territorios o colocar una parte del catálogo fuera mientras protegen sus franquicias principales.
| Propietario o socio | Movimiento con Netflix | Qué revela |
|---|---|---|
| Filmin | 10 títulos mensuales seleccionados por Filmin en Netflix España | Una plataforma competidora aporta incluso su criterio editorial |
| Disney | Ice Age, Percy Jackson, Will Trent y otros títulos | Disney vuelve a explotar parte de su catálogo fuera de casa |
| Atresmedia | El Hormiguero, Pasapalabra, El Intermedio, Sueños de libertad, Equipo de investigación y próximamente Veneno | Contenido central de televisión y Atresplayer obtiene una segunda ventana |
| AMC | Universo completo de The Walking Dead, 371 episodios | Una gran franquicia puede convivir en Netflix y AMC+ |
| Sony Pictures | Acuerdo mundial de primera ventana de pago | Netflix se convierte progresivamente en hogar global de las películas de Sony tras su explotación cinematográfica y doméstica |
| Universal | Nuevas ventanas estadounidenses desde 2027 | Peacock puede estrenar primero y después dejar temporalmente la exclusividad a Netflix |
Fuentes: Netflix, Atresmedia, AMC Global Media, Sony Pictures y NBCUniversal.
El caso de AMC permite poner dinero al fenómeno. La compañía ha concedido a Netflix derechos globales coexclusivos de las siete series del universo The Walking Dead, 371 episodios durante cinco años por 500 millones de dólares. AMC mantiene al mismo tiempo el derecho a ofrecer las series en sus propios servicios. No está renunciando a su franquicia: está haciendo que la misma franquicia produzca dinero y audiencia en más de un escaparate.
Eso es bastante distinto del principio que dominó la primera guerra del streaming.
ActualTV ya había observado otra versión del mismo fenómeno en España en septiembre, cuando Atresmedia decidió colocar en Netflix algunos de sus contenidos más reconocibles después de su emisión televisiva. El Hormiguero, Pasapalabra o Sueños de libertad ayudan a definir Antena 3, mientras Veneno es uno de los títulos emblemáticos de Atresplayer. Sin embargo, Atresmedia ha decidido que su valor no termina en su plataforma propia.
Por qué los rivales vuelven a alimentar a Netflix
La respuesta corta es dinero. La larga es bastante más interesante.
Una película antigua, una serie ya amortizada o incluso una franquicia todavía activa puede tener más valor económico circulando por varias ventanas que permaneciendo indefinidamente encerrada en una sola aplicación. La exclusividad tiene sentido cuando ayuda a captar o conservar suficientes abonados. Cuando no lo hace, empieza a parecerse a una biblioteca que no se está explotando todo lo que podría.
AMC lo ha puesto por escrito de una manera difícil de mejorar: espera que el acuerdo de The Walking Dead genere una fuente relevante de flujo de caja durante años.
Para Netflix, la ecuación funciona al revés. Su tamaño convierte a la plataforma en un gigantesco segundo escaparate. No necesita poseer cada película que ofrece. Necesita que, cuando alguien abra la aplicación, encuentre suficientes razones para no cerrarla.
Ahí entra también el acuerdo español con Filmin. Netflix podría haber comprado un paquete de películas y haberlas mezclado silenciosamente con miles de títulos. Ha preferido conservar la marca de prescripción de Filmin porque la escasez actual ya no está en el contenido: está en la capacidad de elegirlo. La colaboración convierte el criterio editorial de una plataforma pequeña en un activo valioso para la más grande.
Es además una evolución interesante respecto a una tendencia que ActualTV ya había detectado este verano: las plataformas españolas necesitan cada vez más una personalidad reconocible en un mercado donde acumular títulos por sí solo ha dejado de ser una ventaja suficiente.
Las exclusivas no desaparecen: se vuelven selectivas
Conviene no llevar la tesis demasiado lejos. Disney no está poniendo mañana Vengadores, Frozen o todo Star Wars en Netflix. Reuters señala expresamente que los títulos de marca Disney continúan siendo mayoritariamente exclusivos de sus propias plataformas y canales.
Netflix tampoco está abandonando los originales. Continúa construyendo franquicias propias y buscando propiedades que pueda controlar durante años. De hecho, tras perder la pugna por Warner Bros. Discovery, sus responsables han insistido en la necesidad de desarrollar universos capaces de tener el recorrido de Stranger Things, Los Bridgerton o El juego del calamar.
Lo que está desapareciendo es otra cosa: la idea de que absolutamente todo el contenido valioso tiene que permanecer confinado en la plataforma de su propietario para justificar la existencia del servicio.
Sony puede vender a Netflix su primera ventana mundial de pago. Universal puede estrenar una película en Peacock, cedérsela después a Netflix durante diez meses y recuperarla más tarde. AMC puede mantener The Walking Dead en AMC+ y cobrar simultáneamente 500 millones para compartir el universo con Netflix. Atresmedia puede seguir impulsando Atresplayer mientras Veneno llega a un competidor. Disney puede conservar sus grandes joyas y, al mismo tiempo, alquilar temporalmente Percy Jackson.
La exclusiva ha dejado de ser una religión para volver a ser una herramienta comercial.
Y probablemente esa sea la consecuencia más importante para el espectador. La primera guerra del streaming convirtió cada estudio en una plataforma y repartió las películas y series entre un creciente número de suscripciones. La siguiente fase puede hacer el camino parcialmente inverso: no reunirá todo de nuevo en un único servicio, pero hará que las fronteras entre catálogos sean bastante más porosas.
Netflix comenzó su ascenso alquilando las películas y series de Hollywood. Hollywood levantó después sus propias plataformas para dejar de alimentarla. En 2026, una parte de esas compañías vuelve a descubrir que competir con Netflix y venderle contenido no son estrategias incompatibles.
Quizá la guerra del streaming no haya terminado. Simplemente ha llegado a esa fase bastante adulta en la que los enemigos vuelven a hacer negocios entre ellos.




