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El efecto ‘El Hormiguero’: cuánto vale de verdad sentarse con Pablo Motos cuando hay una película o una serie que vender

Analizamos el impacto y el valor promocional de El Hormiguero para películas, series y otros estrenos a partir de audiencias, datos y casos reales.

Hay una unidad de medida que escasea en la industria audiovisual y que no aparece en los informes de taquilla ni en los rankings de streaming: millones de personas prestando atención al mismo sitio y prácticamente al mismo tiempo.

Eso es, antes que ninguna otra cosa, lo que ofrece El Hormiguero.

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El programa terminó la temporada 2025-2026 como el espacio más visto de la televisión por duodécimo curso consecutivo, con un 14,5% de cuota y alrededor de 1,8 millones de espectadores de media. En febrero, uno de los meses de mayor consumo de la temporada, alcanzaba además 4,3 millones de espectadores únicos por emisión.

Para una película que se estrena el viernes, una serie que llega la semana siguiente a Netflix o un espectáculo que necesita convertir notoriedad en ventas, esa cobertura convierte una noche en El Hormiguero en algo difícil de reproducir mediante una suma de impactos dispersos.

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La cuestión interesante, por tanto, no es si acudir al programa “da visibilidad”. Eso se da por descontado. La pregunta es qué clase de visibilidad compra, cuánto vale en el mercado un entorno comparable y qué ocurre con la atención mientras el invitado está allí.

Y ahí los datos empiezan a explicar por qué las agendas de promoción llevan tantos años pasando por la mesa de Pablo Motos.

La audiencia no se desgasta durante la entrevista: crece

Uno de los mejores datos para entender el valor del programa no procede de Atresmedia.

Un equipo de la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad Francisco de Vitoria analizó 69 emisiones de El Hormiguero, minuto a minuto, a partir de datos de Kantar Media. En total, 5.226 minutos emitidos entre septiembre de 2024 y enero de 2025.

El resultado ofrece una fotografía poco habitual de lo que ocurre dentro del formato.

Durante los primeros 25 minutos, la cuota media de pantalla de las emisiones estudiadas fue del 13,30%. Entre los minutos 26 y 50 ascendió al 16,69%. A partir del minuto 51 llegó al 19,41%.

Es el patrón relevante. El programa vale más conforme avanza porque la concentración de audiencia aumenta precisamente en el momento en el que el invitado se convierte en contenido.

El segundo tramo es donde habitualmente se sitúan buena parte de las entrevistas, experimentos y secciones centrales. El último concentra juegos, retos y momentos más distendidos con los invitados. La progresión observada por los investigadores muestra un formato que no consume rápidamente su audiencia inicial, sino que incrementa su cuota durante el desarrollo.

Para una campaña promocional hay una diferencia enorme entre aparecer ante una audiencia que se dispersa y hacerlo dentro de un programa capaz de ensanchar su peso televisivo mientras desarrolla su contenido central.

El estudio encuentra además otro elemento que añade valor al invitado: su capacidad para modificar la composición de la audiencia. El perfil del personaje produce diferencias significativas por edades. Carolina Marín obtuvo un 25,3% entre espectadores de 25 a 44 años; Lamine Yamal alcanzó un 43,1% entre niños de 4 a 12 y un 33,7% en el grupo de 13 a 24. Los autores concluyen que la elección del invitado funciona como elemento estratégico de captación y fidelización.

Esto sitúa al invitado en una posición poco habitual dentro de un espacio promocional: no se limita a exponerse ante la audiencia de El Hormiguero. También puede traer la suya y alterar el perfil de quienes esa noche se sientan delante del programa.

El precio que el mercado pone a 45 segundos alrededor de El Hormiguero

Hay una segunda forma de aproximarse a su valor: observar lo que cuesta comprar comercialmente ese entorno.

Entre enero y marzo de 2026, Atresmedia Publicidad fijó en 160.000 euros la tarifa de una telepromoción de 45 segundos asociada a El Hormiguero. El mismo precio se mantuvo en el tarifario de abril a junio.

En ese mismo periodo, una telepromoción de 45 segundos vinculada a Pasapalabra se tarifaba en 96.800 euros; El Intermedio, en 129.800; La ruleta de la suerte, en 75.000; Sueños de libertad, en 88.000. El Hormiguero se instalaba entre los productos más caros de toda la oferta comercial de Atresmedia.

ProgramaTarifa de telepromoción de 45″
El Desafío165.000 €
El Hormiguero160.000 €
El Capitán en Japón160.000 €
Pasapalabra96.800 €
Sueños de libertad88.000 €
La ruleta de la suerte75.000 €
El Intermedio129.800 €

Por tanto, la atención que rodea al programa ya tiene un precio de seis cifras cuando Atresmedia la comercializa directamente.

El mercado publicitario, que vive precisamente de asignar un valor económico a la atención, coloca a El Hormiguero en la parte superior del catálogo.

De un programa a una audiencia que se puede perseguir durante 72 horas

Atresmedia dio otro paso particularmente revelador en enero de 2026.

Su comercializadora lanzó El Hormiguero+, una solución publicitaria que combina la exposición televisiva con cobertura adicional en televisión conectada durante las 72 horas posteriores a la emisión. Para hacerlo, utiliza datos propios y un segmento bautizado como “Hormiguero Lovers”, con el que amplía la campaña hacia dispositivos y usuarios que no recibieron previamente el impacto en televisión lineal.

El Hormiguero ya no se comercializa únicamente como un programa situado entre dos horas del día. Su audiencia se ha convertido en un activo reconocible más allá de la emisión, susceptible de prolongarse y reutilizarse comercialmente después.

La promoción editorial de un invitado sigue una lógica parecida sin necesitar una campaña de retargeting: la entrevista televisiva genera material que continúa circulando en redes, prensa digital, clips y conversaciones durante las horas siguientes.

Casi 20 millones de reproducciones fuera de la televisión

Una investigación publicada en 2026 estudió la estrategia digital de El Hormiguero y La Revuelta durante el primer trimestre de 2025. Después de excluir retuits, analizó 1.650 publicaciones propias de ambos programas. De ellas, 663 correspondían a El Hormiguero.

Las 621 publicaciones del programa en X acumularon 19.550.098 visualizaciones durante el periodo estudiado.

El dato tiene más interés al descender a emisiones concretas. La visita de Millie Bobby Brown del 6 de marzo de 2025, ocho días antes del estreno en Netflix de Estado eléctrico, acumuló 711.153 visualizaciones en X vinculadas a aquella entrega.

El estudio detectó además una correlación muy reducida entre la audiencia televisiva conseguida por cada programa y las visualizaciones posteriores en X. Es una pista importante: el rendimiento digital no es simplemente una réplica proporcional del resultado televisivo. Determinados invitados o momentos pueden encontrar después una circulación distinta en internet.

Ahí aparece una de las ventajas menos visibles de la visita promocional. Una estrella no obtiene únicamente la audiencia lineal de esa noche. Obtiene también una materia prima susceptible de fragmentarse y circular con dinámicas propias.

La comparación con La Revuelta obliga, además, a afinar el análisis: el programa de David Broncano fue muy superior en interacción socio-digital durante el periodo estudiado. El valor diferencial de El Hormiguero no está en dominar todas las métricas, sino en combinar una enorme cobertura televisiva con capacidad suficiente para prolongar determinados contenidos fuera de la pantalla lineal.

El Hormiguero
El Hormiguero

La mejor prueba puede ser que Telecinco mande allí sus películas

Hay una manera de medir el valor de un escaparate sin disponer de sus datos internos: observar quién decide utilizarlo cuando tiene algo importante que vender.

El 21 de enero de 2026, Carmen Machi y Paco León acudieron a El Hormiguero para presentar Aída y vuelta. Aquella emisión reunió 1.759.000 espectadores de media, un 13,7% de cuota y 4.181.000 espectadores únicos.

La película llegaría a los cines nueve días después.

Pero Aída y vuelta no era una producción de Atresmedia. Era una producción de Globomedia y Telecinco Cinema, con participación de Mediaset España, Prime Video y distribución de Sony Pictures.

Uno de los estrenos cinematográficos relevantes del principal grupo televisivo rival de Atresmedia colocó a dos de sus protagonistas en El Hormiguero nueve días antes de llegar a las salas.

Eso es una decisión industrial.

Las campañas promocionales tienen recursos abundantes en algunas cosas y escasos en otras. El tiempo disponible de los protagonistas es uno de esos recursos escasos. Los días inmediatamente anteriores al estreno, todavía más.

Cuando una película respaldada por Mediaset dedica una de esas noches a Antena 3, está expresando con hechos el valor que atribuye al acceso a esa audiencia.

Aída y vuelta debutó después en el número uno de la taquilla española con 219.000 espectadores y más de 1,63 millones de euros de recaudación durante su primer fin de semana, y se mantuvo en el primer puesto durante sus tres primeras semanas.

Quienes tenían que vender la película consideraron suficientemente importante estar allí como para promocionarla en la gran ventana de su principal competidor televisivo.

Pocas métricas describen mejor el prestigio comercial de un escaparate.

El verdadero activo es la simultaneidad

Internet ha multiplicado el alcance potencial de una campaña y, al mismo tiempo, ha pulverizado la atención.

Una película puede acumular millones de reproducciones de un tráiler durante semanas. Sus actores pueden ofrecer entrevistas a decenas de medios. Una plataforma puede distribuir publicidad con una precisión impensable hace veinte años. Todo eso produce impactos.

Lo que resulta mucho más difícil es producir concentración.

El Hormiguero reúne alrededor de dos millones de espectadores de media y hace pasar por una emisión a más de cuatro millones. Lo hace cuatro noches por semana, dentro de una franja central para la televisión comercial, y con una particularidad que los datos minuto a minuto han confirmado: la cuota aumenta mientras el programa se desarrolla.

Para un estreno, la atención tiene también una dimensión temporal. Saber que una película existe tres meses antes tiene un valor. Conseguir que millones de personas vuelvan a escuchar su título ocho o nueve días antes de que puedan comprar una entrada tiene otro.

De ahí que resulte tan significativa la frecuencia con la que Hollywood, las plataformas y las productoras españolas sincronizan la visita con sus calendarios de lanzamiento.

El Hormiguero funciona entonces como un acelerador de notoriedad: concentra en una noche un volumen de atención que fuera de la televisión tendría que construirse mediante muchos impactos separados, en momentos distintos y ante públicos diferentes.

Y su ventaja no termina en el tamaño.

La investigación sobre sus audiencias muestra que el invitado puede alterar la composición del público; los tarifarios sitúan comercialmente su entorno entre los más valiosos de Atresmedia; la estrategia digital amplía la vida de determinados momentos; y la propia comercializadora ha creado un producto para seguir explotando esa audiencia durante las 72 horas posteriores.

Son cuatro indicadores distintos que apuntan hacia la misma dirección.

No vende películas: aumenta drásticamente las probabilidades de que entren en la conversación

Ese es probablemente el punto en el que puede medirse con mayor precisión el llamado “efecto Hormiguero“.

No existe información pública suficiente para establecer cuántas entradas, reproducciones o suscripciones produce una entrevista. Pero sí para valorar el activo anterior a la conversión: la notoriedad concentrada.

En un mercado en el que cada estreno compite no solo contra otras películas o series, sino contra prácticamente cualquier cosa capaz de ocupar una pantalla, conseguir notoriedad en un intervalo corto se ha convertido en una ventaja competitiva.

Por eso el dato decisivo quizá no sea que El Hormiguero reúna a 1,8 millones de espectadores.

Es que lleva doce temporadas consecutivas siendo capaz de hacerlo mejor que el resto, que su audiencia acumulada supera habitualmente los cuatro millones por noche, que la cuota crece durante el programa y que incluso las compañías que compiten empresarialmente con Atresmedia continúan utilizando su mesa cuando necesitan presentar uno de sus grandes estrenos.

La televisión ha perdido muchas de las posiciones monopolísticas que disfrutó durante décadas. El Hormiguero conserva una de las más difíciles de sustituir: la capacidad de convertir una entrevista en un acontecimiento promocional nacional durante una sola noche.

Para una industria obsesionada con conseguir atención, eso no es únicamente audiencia.

Es poder de mercado.

Las claves

  • El Hormiguero cerró la temporada 2025-2026 como el programa más visto por duodécimo curso consecutivo, con un 14,5% de cuota y alrededor de 1,8 millones de espectadores medios.
  • Su cuota crece conforme avanza la emisión: un estudio de 5.226 minutos medidos por Kantar pasó del 13,30% inicial al 16,69% en el tramo central y al 19,41% a partir del minuto 51.
  • Atresmedia tarifó en 160.000 euros una telepromoción de 45 segundos asociada al programa durante el primer semestre de 2026, situándolo entre sus entornos comerciales más caros.
  • Su principal valor promocional no puede expresarse en entradas vendidas, pero sí en notoriedad concentrada: más de cuatro millones de contactos potenciales por emisión, atención creciente durante el programa y una segunda circulación digital del contenido.

José Luis Labreda
José Luis Labredahttps://actualtv.es

Redactor especializado en televisión, redes sociales y comunicación digital, con experiencia en el ámbito del entretenimiento y la industria audiovisual.

Ha trabajado como responsable de prensa y comunicación en distintas empresas del sector del entretenimiento, lo que le ha permitido conocer de primera mano los procesos de difusión, promoción y gestión de contenidos audiovisuales.

En ActualTV cubre información relacionada con televisión, redes sociales y estrategias de comunicación digital aplicadas al sector audiovisual.

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