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El streaming ya gana dinero, pero paga menos residuales a sus guionistas: la paradoja que explica el nuevo Hollywood

Los residuales del streaming de los guionistas caen por primera vez mientras las plataformas mejoran beneficios, suben precios y reducen nuevos encargos.

Los guionistas estadounidenses han recibido 330,7 millones de dólares en residuales del streaming durante 2025. Un año antes fueron 346,6 millones. El descenso, cercano al 4,6%, es el primero registrado en términos nominales desde que estas remuneraciones comenzaron a convertirse en una pieza central del negocio audiovisual.

El dato no significa que cada guionista haya ganado un 4,6% menos ni mide todos los salarios pagados por estudios y plataformas. Mide algo más específico: el dinero que reciben los autores cuando las películas y series que escribieron continúan explotándose después del trabajo inicial. Precisamente por eso importa. Los residuales son la huella económica que deja una obra cuando sigue teniendo valor.

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La caída llega en un momento incómodo para la narrativa empresarial. Netflix lleva años siendo rentable y Warner Bros. Discovery, Disney y Paramount han conseguido que sus negocios de streaming entren en beneficios. La WGA calcula que las ganancias del entretenimiento estadounidense alcanzaron unos 25.000 millones de dólares en 2025, mientras el 60% de las series cubiertas por el sindicato se produjo ya para plataformas.

El primer descenso es pequeño, pero cambia la dirección

Una reducción de 15,9 millones de dólares puede parecer modesta dentro de una industria que mueve decenas de miles de millones. El interés del dato está en la dirección. Hasta ahora, el crecimiento del streaming había empujado también al alza el volumen total de residuales, aunque los profesionales cuestionasen su reparto y la escasa relación entre las cantidades cobradas y el éxito real de cada título.

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En 2025 esa corriente se ha interrumpido. Las plataformas continúan acumulando suscripciones, publicidad, subidas de precios e ingresos internacionales, pero el dinero recibido por los guionistas por la reutilización de sus obras ha disminuido. El mercado puede crecer sin que crezca de la misma manera la participación de quienes escriben sus productos.

La explicación inmediata está en la contracción de la producción y de las licencias. Después de la carrera por llenar catálogos, los grandes grupos han reducido encargos, temporadas y presupuestos. Hay menos series nuevas generando derechos y menos títulos pasando de una cadena a otra, de una reposición a otra o de un comprador internacional a otro.

La plataforma no necesita retirar una serie para seguir obteniendo valor de ella. Puede conservarla durante años, utilizarla para retener suscriptores y colocarla periódicamente ante nuevos públicos. Sin embargo, esa disponibilidad permanente no crea necesariamente una nueva operación comercial que active pagos comparables a los de una venta, una reposición televisiva o una licencia tradicional.

La televisión pagaba por volver a emitir; el streaming paga por seguir teniendo

La televisión clásica tenía bastantes defectos, pero su economía permitía identificar con cierta claridad la segunda vida de una obra. Una serie terminaba su primera emisión y podía venderse a otras cadenas, entrar en sindicación, viajar a mercados extranjeros o regresar mediante reposiciones. Cada nueva explotación dejaba un rastro contractual.

El streaming ha borrado muchas de esas fronteras. Una temporada puede permanecer en el mismo servicio durante una década sin que el espectador perciba nuevas ventanas. Para la plataforma sigue siendo un activo: completa catálogo, sostiene recomendaciones, reduce cancelaciones y proporciona horas de consumo. Para el guionista, en cambio, esa permanencia puede traducirse en pagos fijos calculados mediante fórmulas que no reflejan de forma directa todo ese valor.

Ahí se encuentra una de las grandes disputas que provocaron la huelga de 2023. Los autores no reclamaban únicamente cobrar más por escribir un episodio. Reclamaban que el éxito posterior de ese episodio dejase de ser una caja negra controlada por quien tenía los datos.

La transparencia ha mejorado, pero el problema no ha desaparecido. Una plataforma sabe cuántas personas empiezan una serie, cuántas la terminan, cuántas se dan de alta para verla, qué títulos evitan una baja y qué catálogo funciona como fondo cotidiano. El autor sigue recibiendo una fotografía mucho más pequeña que la que utiliza la empresa para tomar sus decisiones.

El streaming vive una nueva etapa a nivel de negocio

La rentabilidad se ha conseguido produciendo menos

Las plataformas no han llegado a los beneficios mediante una fórmula misteriosa. Han subido tarifas, introducido publicidad, combatido el uso compartido de cuentas y reducido el gasto después de años de sobreproducción. Netflix espera que sus ingresos publicitarios sigan creciendo con fuerza, mientras las compañías tradicionales han utilizado el streaming para compensar parte del deterioro del cable.

La parte menos vistosa de ese ajuste está en las salas de guionistas que no se abren, los proyectos que no pasan de desarrollo y las temporadas cada vez más cortas. La reducción de los residuales no puede separarse de los despidos y recortes con los que Hollywood está sosteniendo su nueva rentabilidad.

Esto afecta también a la calidad del oficio. Los residuales no eran solo un premio para los creadores de una serie histórica. Permitían pagar facturas entre contratos, continuar escribiendo durante periodos de desempleo y asumir proyectos menos seguros. Cuando esa red se debilita, sobrevivir depende más del adelanto inicial, de encadenar trabajos y de aceptar las condiciones del siguiente encargo.

El resultado puede ser una industria aparentemente eficiente, pero menos capaz de formar profesionales. Una sala pequeña y breve ahorra dinero en una temporada concreta. También ofrece menos oportunidades para que un guionista novel aprenda producción, rodaje, reescritura y montaje junto a compañeros experimentados.

La advertencia para España no está en copiar las cifras

Los datos corresponden al sistema estadounidense y no pueden trasladarse automáticamente al mercado español, donde los contratos, los derechos de autor y las entidades de gestión siguen otras reglas. La señal industrial, sin embargo, sí cruza fronteras.

Las plataformas que encargan producción española operan con la misma lógica global: controlan los datos completos de consumo, pueden explotar una obra durante años y deciden qué información comparten con productores y creadores. El debate no consiste únicamente en cuánto se paga al entregar un guion, sino en cómo participa un autor en el valor que su trabajo conserva después del estreno.

La caída de los residuales llega cuando el streaming ya no puede pedir paciencia alegando que todavía está aprendiendo a ganar dinero. Esa etapa ha terminado. Las plataformas han encontrado su modelo: menos volumen, más publicidad, precios superiores y catálogos capaces de trabajar durante años.

La pregunta pendiente es si también encontrarán un sistema que permita a quienes crean esos catálogos vivir de algo más que del siguiente contrato. Un negocio audiovisual puede ser rentable mientras empobrece su ecosistema creativo. Lo difícil es que siga siendo culturalmente relevante cuando ese ecosistema deja de renovar talento.

Las claves

  • Los guionistas recibieron 330,7 millones de dólares en residuales del streaming en 2025, un 4,6% menos que el año anterior.
  • La caída coincide con la entrada en beneficios de las principales plataformas y con una reducción general del volumen de producción.
  • La pieza conecta los residuales con la desaparición de la segunda vida económica que ofrecían las reposiciones y licencias televisivas.
  • La consecuencia puede ser una industria rentable a corto plazo, pero con menos estabilidad, formación y renovación de talento.

José Luis Labreda
José Luis Labredahttps://actualtv.es

Redactor especializado en televisión, redes sociales y comunicación digital, con experiencia en el ámbito del entretenimiento y la industria audiovisual.

Ha trabajado como responsable de prensa y comunicación en distintas empresas del sector del entretenimiento, lo que le ha permitido conocer de primera mano los procesos de difusión, promoción y gestión de contenidos audiovisuales.

En ActualTV cubre información relacionada con televisión, redes sociales y estrategias de comunicación digital aplicadas al sector audiovisual.

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