El streaming alcanza su mayor récord histórico con 157.000 millones de dólares en ingresos, y los datos apuntan a que esto no ha hecho más que empezar
Hace cinco años, el streaming generaba 50.000 millones de dólares en ingresos globales. En 2025, esa cifra se ha triplicado. Y la parte más reveladora no es el número en sí, sino cómo se ha conseguido: ya no sumando suscriptores, sino exprimiendo más a los que ya están. Eso lo cambia todo.
El mercado global de streaming cerró 2025 con ingresos por suscripción de 157.100 millones de dólares, superando por primera vez la barrera de los 150.000 millones, con un crecimiento anual del 14%, según el informe de Ampere Analysis. Si se suman los ingresos publicitarios, las plataformas generaron cerca de 177.000 millones de dólares en total durante el año.
Son cifras que hace una década habrían parecido de ciencia ficción. Pero lo que de verdad importa no es celebrar el récord, sino entender qué hay detrás de él y qué significa para los millones de usuarios que pagan cada mes por ver series y películas.
De crecer a monetizar: el cambio de era que nadie está contando
Durante años, la lógica del streaming fue sencilla y agresiva: cuantos más suscriptores, mejor. Las plataformas perdían dinero, pero ganaban escala. Netflix quemaba miles de millones en contenido para llegar a cada rincón del planeta. Disney+ debutó con precios de derribo. La promesa implícita era que el entretenimiento digital sería, por fin, barato y accesible.
Esa promesa ya no existe. “El énfasis ya no está en el crecimiento puro de suscriptores, sino en extraer mayor valor de las audiencias existentes”, señaló Lauren Liversedge, analista senior de Ampere Analysis.
El giro es profundo. Las plataformas han pasado de competir por cabezas a competir por euros por cabeza. Y los datos lo confirman con una claridad incómoda para el consumidor: la participación de los planes con publicidad en el mix de ingresos pasó de menos del 5% en 2020 al 28% en 2025. Es decir, más de una cuarta parte de lo que gana el sector ya viene de usuarios que pagan menos pero ven anuncios. Un modelo que, sorprendentemente, beneficia a las plataformas por partida doble: cobran la suscripción y cobran a los anunciantes.
Netflix lidera con una estrategia que muchos criticaron y que funcionó
El caso de Netflix ilustra mejor que ningún otro cómo ha evolucionado el modelo. En 2025, la compañía generó 45.200 millones de dólares en ingresos, con un crecimiento del 16% interanual, y cerró el año con más de 325 millones de suscriptores de pago y un margen operativo del 29,5%. El más alto de su historia.
Y sin embargo, hace apenas dos años, muchos analistas ponían en duda su modelo. La prohibición de compartir cuentas, aplicada globalmente a partir de mayo de 2023, generó una oleada de críticas. Los usuarios amenazaron con cancelar. Los titulares vaticinaban una huida masiva. Lo que parecía un riesgo era en realidad una palanca de monetización: desde entonces, Netflix ha sumado decenas de millones de nuevos abonados. Cada hogar que antes aprovechaba una cuenta ajena tuvo que elegir entre pagar o prescindir del servicio. Y la mayoría pagó.
El siguiente movimiento era predecible. El 26 de marzo de 2026, Netflix anunció una nueva subida de precios en Estados Unidos, la segunda en poco más de un año. El plan estándar sin anuncios pasó de 17,99 a 19,99 dólares; el premium, de 24,99 a 26,99 dólares. El plan con publicidad también subió, hasta los 8,99 dólares mensuales.
La justificación oficial fue la inversión en contenido: Netflix planea destinar cerca de 20.000 millones de dólares en contenido en 2026, un aumento del 10% respecto al año anterior. Pero la firma de analistas TD Cowen lo llama pricing power: la compañía ha detectado que puede cobrar más porque sabe que la mayoría de sus suscriptores no se van a ir.
Hay un dato que lo resume todo: el plan Estándar de Netflix ha pasado de 7,99 dólares en 2011 a 19,99 en 2026, un incremento de más del 150% en poco más de una década.

El negocio de los anuncios: la segunda gran apuesta
Mientras el debate público se centra en las subidas de precio, hay una transformación todavía más silenciosa y relevante en marcha. La publicidad está convirtiéndose en un pilar central del negocio del streaming, y su peso no hará más que crecer.
Los ingresos publicitarios de Netflix superaron los 1.500 millones de dólares en 2025, multiplicándose por 2,5 respecto al año anterior. El objetivo para 2026 es doblar esa cifra hasta cerca de 3.000 millones de dólares. Una apuesta que tiene su propia lógica: el plan con anuncios acumula más de 190 millones de usuarios activos mensuales, y cobrar un dólar más a esa base supone un impacto económico enorme con un riesgo mínimo de fuga.
Disney+ y el resto del sector siguen el mismo camino. Se estima que la publicidad añadirá 42.000 millones de dólares anuales al streaming para 2030. Dicho de otro modo: la industria que nació para escapar de los anuncios de la televisión convencional se está convirtiendo, poco a poco, en algo muy parecido a ella.
El horizonte: 200.000 millones antes de 2030
La previsión de Ampere es que los ingresos globales por suscripción crezcan un 29% adicional en los próximos cinco años, superando los 200.000 millones de dólares a escala mundial antes de 2030. Una proyección que no depende de que las plataformas conquisten nuevos territorios, sino de que sigan apretando las tuercas en los mercados donde ya son dominantes.
En paralelo, las plataformas de streaming invertirán más de 100.000 millones de dólares en contenido en 2026 por primera vez, superando a las cadenas comerciales como líderes del gasto audiovisual global. La televisión tradicional, incapaz de competir con esa inyección de capital, sigue perdiendo terreno a un ritmo que ya no tiene vuelta atrás.
Para España, el impacto tiene también una cara local. Netflix ha destinado más de 1.000 millones de euros a su actividad en España entre 2025 y 2028, incluida la ampliación de su centro de producción en Tres Cantos, en Madrid. La apuesta por el contenido local con proyección global es uno de los motores ocultos de este crecimiento, y España se ha convertido en uno de los polos estratégicos de esa maquinaria.
Qué significa esto para el espectador
La lectura para el usuario común es más sencilla, aunque menos cómoda. Lo que comenzó como una revolución contra la televisión de pago tradicional se está transformando poco a poco en algo muy parecido a ella: múltiples servicios, contenidos repartidos entre plataformas y tarifas que aumentan con relativa frecuencia.
La diferencia es que esta vez el cambio llega con 157.000 millones de razones para seguir haciéndolo. Y con una hoja de ruta que apunta directamente a los 200.000 millones. La industria ha encontrado su modelo de madurez. La pregunta que queda abierta es cuánto está dispuesto a pagar el espectador antes de que la ecuación deje de serle favorable.
Las claves
- El streaming global superó los 157.000 millones de dólares en ingresos por suscripción en 2025, triplicando los 50.000 millones de 2020, según Ampere Analysis.
- El sector ha cambiado de modelo: ya no crece sumando suscriptores, sino monetizando mejor a los existentes a través de subidas de precio y planes con publicidad, que ya suponen el 28% de los ingresos.
- Netflix lidera con un margen operativo récord del 29,5% y ha vuelto a subir precios en 2026, confirmando que tiene poder de fijación de precios sobre una base de más de 325 millones de abonados.
- Las previsiones apuntan a superar los 200.000 millones en 2030, con la publicidad añadiendo 42.000 millones adicionales, lo que convierte al streaming en un modelo cada vez más parecido a la televisión de pago que prometía reemplazar.

Redactor especializado en televisión, redes sociales y comunicación digital, con experiencia en el ámbito del entretenimiento y la industria audiovisual.
Ha trabajado como responsable de prensa y comunicación en distintas empresas del sector del entretenimiento, lo que le ha permitido conocer de primera mano los procesos de difusión, promoción y gestión de contenidos audiovisuales.
En ActualTV cubre información relacionada con televisión, redes sociales y estrategias de comunicación digital aplicadas al sector audiovisual.
