Probamos una silla gaming de DXRacer y confirmamos que es una de las peores opciones del mercado

Durante más de una década, el mercado de las sillas gaming ha crecido al calor de una idea muy rentable: asociar la estética de los coches de competición con la ergonomía profesional. En ese relato, DXRacer ha sido uno de los nombres más reconocibles. Sus modelos aparecen en streams, torneos y setups llamativos, siempre acompañados de un mensaje implícito: si pasas muchas horas frente al ordenador, esto es lo que necesitas. El problema es que, cuando se pone a prueba esa promesa en el uso diario, el discurso empieza a resquebrajarse.

La cuestión no es estética ni de gustos personales. El debate es mucho más práctico y tiene que ver con salud postural, confort sostenido y diseño ergonómico real. Porque no es lo mismo jugar un par de horas que trabajar ocho o más delante de una pantalla. Y ahí es donde muchas sillas gaming, incluidas las de DXRacer, muestran sus límites con claridad.

Estética de competición frente a ergonomía funcional

El diseño tipo “baquet” es el sello de identidad de DXRacer. Respaldo estrecho, alas laterales marcadas y asiento encajonado. Visualmente impacta, pero desde el punto de vista ergonómico plantea un problema de base: el cuerpo humano no es uniforme. Una silla pensada para adaptarse debería permitir variaciones de postura, no imponer una única forma de sentarse.

En la práctica, estas estructuras rígidas tienden a generar presión constante en caderas y muslos, especialmente en usuarios de complexión media o grande. Las alas laterales, pensadas para “recoger” el cuerpo, acaban limitando el movimiento natural. El resultado no es sensación de apoyo, sino de encierro. Tras varias horas, la incomodidad aparece de forma progresiva y termina traduciéndose en fatiga lumbar y dorsal.

Firmeza mal entendida: cuando la espuma no acompaña

Uno de los argumentos habituales de DXRacer es la firmeza de sus asientos. Sobre el papel, una base firme puede ser positiva si está bien diseñada. El problema es que firmeza no es sinónimo de ergonomía. En muchos modelos, la espuma es excesivamente dura y poco adaptable, lo que provoca puntos de presión continuos.

Una silla de calidad distribuye el peso y acompaña los micro movimientos del cuerpo. Aquí ocurre lo contrario. El usuario se adapta a la silla, no la silla al usuario. Con el paso de las horas, esa rigidez se convierte en cansancio acumulado. No es casual que muchos propietarios terminen levantándose no para descansar, sino para aliviar molestias.

Soporte lumbar: el gran punto débil

El soporte lumbar es uno de los elementos más importantes en cualquier silla destinada a un uso prolongado. En lugar de integrar un sistema ajustable en el respaldo, DXRacer recurre a cojines externos que se sujetan con correas. Esta solución, además de poco elegante, es inestable y limitada.

Los cojines se desplazan, no se ajustan con precisión y no ofrecen un soporte constante. Para un uso ocasional pueden pasar desapercibidos, pero en jornadas largas se convierten en un estorbo. Mientras otras marcas apuestan por respaldos dinámicos y sistemas lumbares regulables en altura y profundidad, DXRacer mantiene un enfoque claramente desfasado.

Materiales y acabados que no justifican el precio

Otro aspecto que genera frustración es la relación entre precio y calidad percibida. Muchos modelos utilizan polipiel que no transpira, con una tendencia clara a acumular calor. En verano o en espacios poco ventilados, la experiencia es especialmente incómoda. Los tejidos alternativos mejoran algo este punto, pero siguen sin destacar frente a opciones de oficina bien diseñadas.

No se trata de desgaste tras años de uso. La sensación de producto inflado aparece desde las primeras semanas. Para una marca posicionada como “premium”, este detalle pesa mucho. El marketing no compensa unos acabados mediocres cuando el objetivo es cuidar la salud del usuario.

Ajustes limitados para un uso profesional

Reposabrazos con holguras, mecanismos de inclinación básicos y ausencia de balanceo sincronizado son constantes en buena parte del catálogo. Estos elementos pueden parecer secundarios, pero marcan la diferencia en el día a día. Un trabajador digital necesita ajustes finos, estabilidad y libertad de movimiento.

En este sentido, DXRacer cumple lo mínimo, pero no va más allá. La sensación general es la de una silla pensada para lucir bien en cámara, no para acompañar largas sesiones de trabajo real. El contraste con sillas de oficina ergonómicas se vuelve evidente tras pocos días de uso intensivo.

El peso del marketing frente a la experiencia real

El éxito de DXRacer se ha construido en gran medida sobre acuerdos con streamers, equipos de esports y campañas visualmente potentes. Esa estrategia funciona a nivel de marca, pero no sustituye a un diseño centrado en el usuario. Cada vez más compradores comparten una experiencia similar: entusiasmo inicial, seguido de incomodidad y, finalmente, decepción.

Aquí conviene ser claros. El problema no es el usuario ni su forma de sentarse. El problema es un concepto que prioriza la imagen sobre la ergonomía. En un mercado cada vez más maduro, donde se habla abiertamente de salud postural y bienestar laboral, ese enfoque empieza a quedarse obsoleto.

Conclusión: una promesa que no se sostiene

DXRacer representa mejor que nadie las contradicciones del universo gaming aplicado al trabajo diario. No es que sus sillas sean inutilizables, pero no cumplen lo que prometen cuando se venden como soluciones ergonómicas para largas jornadas. Son vistosas, reconocibles y fáciles de promocionar, pero rígidas, limitadas y poco amables con el cuerpo.

En 2026, con usuarios más informados y exigentes, resulta difícil justificar su precio y su fama. No son una inversión en salud postural, ni una herramienta de trabajo fiable a largo plazo. Son, en esencia, un producto de marketing bien ejecutado con un rendimiento mediocre.

Y cuando una silla te obliga a levantarte por dolor en lugar de por descanso, el veredicto es claro: podrá ser gaming, podrá ser popular, pero no es ergonómica ni profesional.

Redactor de ActualTV especializado en televisión y redes sociales. Me gusta la comunicación, el mundo audiovisual y el marketing digital. He trabajado como responsable de prensa en diferentes empresas del mundo del entretenimiento y ahora vivo la profesión desde el otro lado.

José Luis Labreda

Redactor de ActualTV especializado en televisión y redes sociales. Me gusta la comunicación, el mundo audiovisual y el marketing digital. He trabajado como responsable de prensa en diferentes empresas del mundo del entretenimiento y ahora vivo la profesión desde el otro lado.